Tiempos modernos


Título original:
Modern times
Duración: 1h 27mins
País:
 Estados Unidos
Año: 1936
Director: Charles Chaplin
Guión: Charles Chaplin
Reparto: Charles ChaplinPaulette Goddard, Henry Bergman, Stanley Blystone, Richard Alexander, Tiny Sandford, Al Ernest Garcia, Sammy Stein, Fred Malatesta, Mira McKinney
Género: Comedia. Drama.
Mi puntuación:  10 / 10

La primera imagen que vemos en Tiempos modernos es la de un rebaño de ovejas (una de ellas, negra) que segundos después se funde con la de un «rebaño» de obreros (uno de ellos, Charlot, el mítico personaje interpretado por Chaplin) que salen en tropel del metro rumbo a la fábrica en la que trabajan. Analogía más clara, imposible, en apenas medio minuto ya tendremos bien claras las intenciones del genio londinense y qué nos quiere contar en esta historia. Y, aparte, nos engancha a la pantalla con sencillez gracias a la potencia que tiene visualmente esa metáfora.

Pero no es ni mucho menos la única que encontraremos en la película. La más célebre quizás sea aquella en la que el obrero Charlot acaba literalmente engullido por la máquina en la que trabaja, en una escena tan divertida como satírica y de obvio significado, pero no menos certera es la secuencia en la que el propio Charlot es utilizado como conejillo de indias para probar una «máquina alimentadora» que permite dar de comer a los obreros automáticamente mientras estos continúan trabajando. Suena a chiste y el gag es muy gracioso, pero quizás no sea tan descabellado pensar que en el futuro podremos ver cosas similares, de hecho ya en la actualidad lo podemos ver metafóricamente puesto que en algunos trabajos (de oficina, sobre todo) casi se requiere comer mientras se trabaja.

Y aún hay más: la pantalla desde la que el jefe da órdenes y controla a los trabajadores (¿os suena de algo esto? Seguro que Orwell sacó de aquí la inspiración, al menos en parte, para su Gran Hermano), el desquiciamiento del protagonista debido al estrés al que está sometido en la fábrica y a lo alienante que es su mecánico trabajo, etc. Y es que Chaplin era todo un visionario, hablamos de una película del año 1936 que en 2020 sigue siendo tan válida y vigente en sus mordaces críticas como lo era en aquellos tiempos posteriores al crac del 29. Tiempos en los que, por otra parte, el cine sonoro ya se había impuesto sobre el cine mudo. Aunque Chaplin se resistía a utilizar el sonido, aquí recurrió a él para lanzar así otro afiladísimo dardo, y es que en la fábrica los únicos que tienen voz son los jefes, a los obreros no les oiremos pronunciar ni una palabra y solo sabremos qué dicen mediante los tradicionales intertítulos del cine mudo. Sutil. Sublime.

Esta parte más crítica y de contenido social se da en una primera media hora que es de lo mejor de la filmografía de Chaplin (y de lo mejor del cine clásico, por añadidura), porque además de lanzar esas ácidas y predictivas reflexiones acerca del mundo laboral lo hace con una gran comicidad y sentido del humor. A partir de ahí la cinta pasa a ser más una comedia pura y dura, con gags visuales que resultan muy divertidos incluso cuando adivinas lo que ocurrirá a continuación y con una sucesión de peripecias que hacen que Charlot pase de ser un atolondrado obrero a un peligroso líder sindical comunista, aunque por momentos también será un preso con «síndrome de Estocolmo» (hilarantes sus intentos de infringir la ley para volver a la cárcel una vez que le liberan, ya que fuera de ella no tiene oficio ni beneficio), un enfarlopado héroe de acción que esquiva balas cual Neo de Matrix, un hábil patinador a ciegas, un torpe camarero, un jugador de rugby con pollo o un cantante multilingüe. Suena muy estrambótico todo, pero estas ocurrencias de Chaplin funcionan de maravilla, entretienen, divierten y hacen que estés con una sonrisa permanente en la boca. No es una comedia con la que reírse a carcajadas en momentos contados, pero a cambio la sonrisa siempre estará ahí, lo que para mí es mucho mejor.

Por si fuera poco, también hay hueco para una tierna historia romántica, que funciona igual de bien que el aspecto cómico y crítico del filme gracias a la maestría de Chaplin (dirige, escribe, actúa y hasta compone la música, y todo lo hace de maravilla). La cuestión es que entre tantos vaivenes, Charlot se cruzará con una joven vagabunda a la que interpreta con mucho desparpajo Paulette Goddard, pareja de Chaplin por aquel entonces y que dota a su personaje de un tremendo encanto, gracias entre otras cosas a que tiene una de las sonrisas más bonitas que yo haya visto en una pantalla.

Huérfanas de madre y tras la muerte de su padre, afectado por la lacra del desempleo como tantos otros hombres de aquella época (otra crítica más al modelo laboral), de sus hermanas pequeñas se hacen cargo los servicios sociales y ella se queda sola, sobreviviendo a base de pequeños hurtos y trapicheos hasta que conoce a Charlot y su vida cambia. No económicamente, pese a los trabajos de poca monta que consiguen, pero sí en cuanto a ilusión. Ver las sonrisas cómplices de ambos cuando se están conociendo, sus ocurrencias divertidas para salir de la rutina y cómo se protegen el uno al otro, es tan bonito como ameno.

El final de la película quizás sea demasiado optimista o ingenuo, y más visto con los ojos escépticos de un espectador actual, pero también es innegablemente encantador, con esa última escena de los dos enamorados alejándose de la cámara agarrados de la mano con muchas esperanzas puestas en su futuro ya que, no tendrán nada asegurado, pero al menos se tendrán el uno al otro. Quizás esta sea otra metáfora más y Chaplin nos quiso decir así que lo realmente importante y los que no debería perder nunca de vista la sociedad, es la parte humana, no la material.

PD: como curiosidad, añadir que esta fue la última vez en la que se vio en pantalla al legendario personaje de Charlot. Y asimismo fue la primera y única en la que se escuchó su voz, aunque fuera en una sola escena y cantando en una incomprensible mezcla de italiano, francés y ¿ruso? en otro de los momentos más recordados del filme.

Nunca te rindas, ¡saldremos adelante!

 

 

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