Forajidos

Título original: The killers
Duración: 1h 43mins
País: Estados Unidos
Año: 1946
Directores: Robert Siodmak
Guion: John Huston, Anthony Veiller, Richard Brooks
Reparto: Burt Lancaster, Edmond O’Brien, Ava Gardner, Sam Levene, Albert Dekker, Jack Lambert, Virginia Christine, Vince Barnett, Charles McGrawWilliam Conrad, Donald MacBride
Género: Cine negro. Crimen. Intriga.
Mi puntuación:   9 / 10

Dos tipos de aspecto peligroso entran al restaurante de un pequeño pueblo preguntando por un hombre que trabaja en la gasolinera y al que todo el mundo conoce como ‘El sueco’ (Burt Lancaster) y, tras amedrentar al escaso personal que había en el local, salen en su búsqueda con no muy buenas intenciones. Aunque lo más extraño de todo es que, cuando consiguen dar con él, éste acepta de forma casi apática el funesto final que se le viene encima. Así comienza Forajidos, con un arranque tenso y espectacular que logra captar completamente el interés del espectador, toda una pequeña lección de cine en apenas 10 minutos. Cuál fue mi sorpresa al leer en diversas críticas del filme (no me fijé en que lo pone en sus propios títulos de crédito iniciales) que este comienzo está basado en un relato corto de Hemingway y que no soy ni mucho menos la única persona a la que le entusiasma este inicio.

¿Pero qué hay detrás de ese incomprensible asesinato, por qué dos desconocidos viajarían a un pueblo perdido para acabar con la vida de una persona aparentemente bondadosa y muy respetada por sus vecinos? Para responder a esa pregunta entra en escena Jim Reardon (Edmond O’Brien), un investigador de la compañía de seguros con la que ‘El sueco’ tenía contratada su póliza de vida. A base de hablar con conocidos y otras personas que estuvieron en contacto con la víctima en algún momento de su vida, el tenaz investigador irá descubriendo poco a poco quién era el tal ‘Sueco’ y esclareciendo los posibles motivos del crimen. Lógicamente, el fallecido ocultaba un pasado no tan amable como lo era su presente en aquel pueblo perdido, incluyendo una etapa como prometedor boxeador y relaciones con gente poco recomendable.

Para mostrar todo ello, la película recurre al uso constante de flashbacks narrados por los diferentes personajes con los que va hablando Reardon, que de este modo también sirven de pistas para que el espectador pueda ir elaborando sus propias teorías. Este recurso, tantas veces visto, funciona de maravilla en Forajidos porque cada personaje aporta su visión o su participación en los hechos pero no conoce los del resto, con lo cual la información que vamos obteniendo (el investigador y nosotros) no es completamente lineal sino un tanto «desordenada». Y eso hace que el filme resulte algo más complejo y, sobre todo, mucho más realista que si los flashbacks fueran mostrando hacia atrás, sin más, la vida del asesinado (no sería muy creíble que Reardon fuera encontrando precisamente todas las pistas y personajes uno tras otro de forma ordenada).

El desarrollo de la trama está realmente bien trenzado hasta el final, aunque algún giro o revelación acerca del ‘Sueco’ se adivine fácilmente, pero eso no lo resta tensión ni interés al relato. Al contrario, creo que es muy difícil no dejarse enganchar por el «juego» que propone y si a ello le sumamos que en esta historia no falta ni uno de los elementos claves del mejor cine negro (muertes, traiciones, robos, timbas de póker, trajes y sombreros, femmes fatales, personajes atormentados, etc.) pues el disfrute está garantizado. Por si fuera poco, para redondear el gran guion, que pasó por varias manos entre las que destaca la presencia del aclamado director John Huston, la mayoría de diálogos de la película están escritos al mejor estilo del cine clásico, llenos de frases y réplicas agudas pero sin parecer por ello demasiado artificiosos o irreales.

Además, gracias a la excelente dirección de Robert Siodmak podemos disfrutar de varios momentos de gran cine, más allá del mentado y elogiado arranque. Basten como ejemplos la deslumbrante presentación del personaje que interpreta Ava Gardner o el brillante plano secuencia del robo a la fábrica. Pero no solo son encomiables los trabajo del director y los guionistas, porque la fotografía también es excelente, jugando con los claroscuros de forma que crea imágenes realmente «poderosas», y los actores tampoco podrían haberlo hecho mejor. El debutante (¡¡cualquiera lo diría!!) Burt Lancaster muestra un tremendo carisma y poderío físico incluso representando a un tipo tan atormentado como ‘El sueco’, que lleva la palabra «perdedor» escrita en la cara, mientras que Ava Gardner fascina en la mencionada primera escena en la que aparece y en sus siguientes intervenciones se muestra muy convincente y vehemente, dejándote con ganas de verla más en pantalla porque no aparece demasiados minutos, aunque su papel de rompecorazones sea fundamental en el relato. Por su parte, Edmond O’Brien carga sin problemas y con mucho desparpajo con gran parte del peso del filme, puesto que su personaje es quizás el protagonista real. Y los secundarios tampoco bajan el nivel.

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto viendo una «nueva» película, o una película por primera vez, mejor dicho. De hecho al terminarla no podía dejar de preguntarme por qué no la había visto hasta ahora, con lo que me gusta a mí el cine negro. Y es que, si la hubiera visto antes que muchas otras posteriores de ese género, seguro que me habría impactado más aún de lo que ya ha hecho.

Deja de escuchar esa arpa dorada.
Te traerá muchos problemas.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.