La trinchera infinita


Título original:
La trinchera infinita
Duración: 2hrs 27mins
País: España
Año: 2019
Directores: Jon Garaño, Jose Mari Goenaga, Aitor Arregi 
Guion: Luiso Berdejo, Jose Mari Goenaga
Reparto: Antonio de la Torre, Belén Cuesta, Vicente Vergara, Emilio Palacios, Adrián Fernández, Joaquín Gómez, José Manuel Poga, Esperanza Guardado, Nacho Fortes, Arturo Vargas, Antonio Romero
Género: Drama.
Mi puntuación:   8 / 10

Al final de La trinchera infinita se explica al espectador el concepto de «topo», que era como se denominaba a quienes se escondieron en sus casas durante el transcurso de la Guerra Civil y en la posguerra, llegando a encerrarse varios años (o incluso décadas en algunos casos) para evitar ser detenidos, y muy probablemente fusilados, por los franquistas, hasta que en 1969 se firmó el Decreto-Ley de amnistía. Higinio (Antonio de la Torre) es uno de ellos ya que, tras ser acusado por su vecino Gonzalo (Vicente Vergara), decide esconderse así para escapar de las posibles represalias que podría sufrir si le encontrasen. Aunque él al menos contó con la inestable ayuda de su mujer Rosa (Belén Cuesta), con la que se había casado poco antes del inicio de la Guerra.

El arranque de la película va directo al grano, mostrándonos al protagonista huyendo por las calles de su pueblo en una escena larga y vertiginosa, demasiado para mi gusto, con una mareante cámara al hombro que no para de moverse siguiendo a Higinio en su carrera mientras unos soldados franquistas le persiguen. Supongo que con tanto vaivén querían transmitir la tensión, los nervios y la angustia de ese personaje que lucha por sobrevivir desde el mismo comienzo de la cinta, pero creo que sin ese recurso también lo hubieran logrado y, de hecho, a mí más bien me ha irritado tanto «meneo».

En cambio sí que transmite una gran angustia a partir de entonces, cuando el protagonista decide encerrarse en un hueco perfectamente oculto tras un armario de su casa y su leal mujer opta por quedarse en la casa con él. Porque lo que en principio parecía que iba a ser cuestión de varias semanas, o a lo sumo unos meses, se va alargando mucho más allá del fin de la Guerra, lo cual obviamente va mermando el estado de ánimo de ambos y también afecta a su relación. A ello hay que sumarle que, dada las eternas suspicacias de su vecino Gonzalo, su casa siempre estaba en el punto de mira y los registros de la Guardia Civil eran frecuentes, con toda la inquietud y ansiedad que eso generaba a Higinio porque en cualquier momento podrían descubrirle, y además cuando veía cómo se llevaban a Rosa al cuartel para interrogarla o la acosaban en su propia casa, no podía hacer nada por ella sin delatarse.

Con semejante panorama, mostrar los sentimientos y reacciones de los dos protagonistas de forma convincente es fundamental para que la película funcione e interese. Y lo logra, por una parte gracias a las excelentes interpretaciones de Antonio de la Torre (impresionante la cantidad de cosas que transmite en muchas escenas solo con sus ojos en la penumbra) y de una Belén Cuesta que demuestra que su talento no se ciñe solo a la comedia (aunque de la boca de su personaje sale una de las escasas frases cómicas del filme: «Si le pudieras ver… Franco parece una señora disfrazada»), protagonizando algunos de los momentos más intensos y emotivos de forma totalmente creíble e intensa. Y, por otra parte, debido a lo bien trabajado que está el guion, capaz de definir a los personajes de forma real (los protagonistas no son puramente buenos ni malos, basta con ver las evasivas de Higinio cuando le cuestionan por su pasado o le tachan de chivato, pero tampoco lo es su vecino a pesar de que a priori pueda parecer el ¿villano? de la película, ya que él también tiene sus motivos para actuar así) y de plantearnos numerosas cuestiones que cada espectador responderá de una manera distinta, siendo todas las opiniones comprensibles y justificables.

Por ejemplo, y sin caer en spoilers, algunas dudas que seguro que todo el que vea la película se planteará: ¿es Higinio un completo egoísta, o es entendible que quiera aferrarse a Rosa, que es la única que le une a la «vida real»? ¿Y su actitud es cobarde por no dar la cara o valiente por ser capaz de condenarse a si mismo a sufrir tal encierro y tormento? ¿Y son comprensibles los reproches que le hace ella, teniendo en cuenta que él está luchando por sobrevivir? ¿Pero, aun entendiendo el lógico ansia de supervivencia de Higinio y el amor que Rosa siente por él, es razonable que ella decida dedicar prácticamente su vida entera a esconderle, ocultarle y alimentarle en vez de intentar seguir adelante con su propia vida? Al menos yo no sería capaz de responder tajantemente a ninguna de esas dudas, lo cual demuestra lo verosímil y humano que es todo lo que nos cuentan y plantean, pese a que en el desarrollo de la trama el guion se tome ciertas licencias de cara a potenciar un poco el «espectáculo».

Por otra parte, el trabajo de sonido es muy bueno, ya que en muchas escenas lo que oímos sucede fuera de pantalla, más allá de las paredes y puertas en las que se esconde Higinio, transmitiendo perfectamente la inquietud que debía producir en el protagonista el no ser capaz de escuchar todo con claridad. Y no menos buena es la fotografía, en la que las sombras, luces y contraluces tienen un papel esencial a la hora de crear tensión y captar elementos como el polvo que por momentos te hacen sentir la soledad e impotencia de Higinio. No me ha llegado a parecer claustrofóbico, pero sí es algo estresante y desmoralizador ver que el hombre no podía (o debía) salir de esos espacios tan reducidos pasase lo que pasase fuera. Además, gracias a esta gran labor de fotografía y sonido podemos no solo acercarnos al tormento y ansiedad del protagonista, sino también asistir algunas escenas que rozan casi el terror puro y duro. Y es que el miedo es lo que domina la vida de Higinio, pero también la de Rosa pese a no estar físicamente encerrada (emocionalmente lo estaba tanto o más que él), durante prácticamente todo el metraje.

Sin duda, de lo mejor que dio el cine español el pasado 2019, tanto por la historia que narra (un tanto alargada, eso sí), como por lo que te involucra en el sufrimiento de los dos protagonistas, como por lo que te hace pensar y también, que no lo había comentado hasta ahora, por la evidente y acertada metáfora que hace de es(t)a España cainita y rencorosa representada a través del personaje del vecino, incapaz de pasar página y obsesionado durante toda su vida con ajusticiar a Higinio, aunque este comportamiento también podamos llegar a entenderlo como ya escribí antes.

En realidad, aquí no se está tan mal.

(frase que tras su simpleza esconde una gran reflexión acerca de cómo el miedo puede someternos, pero también de cómo somos capaces de adaptarnos a todo con el paso del tiempo, por muy humillante o trágico que sea)
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