El faro



Título original:
The lighthouse
Duración: 1hr 50mins
País: Estados Unidos
Año: 2019
Director: Robert Eggers
Guion: Robert Eggers, Max Eggers
Reparto: Robert Pattinson, Willem Dafoe, Valeriia Karaman
Género: Drama. Terror.
Mi puntuación:   7 / 10

 

Tras el éxito cosechado con su ópera prima La bruja, Robert Eggers ha vuelto a cautivar a casi toda la crítica con su segundo trabajo, El faro, que ha llegado a ser tildado incluso de obra maestra por algún medio. Aunque también es cierto que ha sido completamente olvidada en los principales premios de la temporada, salvo por el excelente trabajo de fotografía de Jarin Blaschke. A mí el debut de Eggers no me entusiasmó nada así que me tomé estos grandes elogios con cautela, aunque una vez vista su nueva película entiendo tales halagos y, aunque no me haya parecido redonda, sí creo que contiene elementos de mucho mérito. Y eso que simplemente narra la difícil convivencia de dos hombres, a los que dan vida Robert Pattinson y Willem Dafoe, que se han de encargar durante cuatro semanas del mantenimiento del faro de una isla deshabitada y remota, hasta que lleguen los hombres que les releven de tal tarea.

Lo primero que hay que señalar, aunque solo con ver el poster o alguna imagen de la película en blanco y negro ya parece evidente, es que no es un producto para «consumo de masas», quienes esperen ver una cinta de terror al uso mejor que prueben con otra. Porque aquí los diálogos escasean pero sin embargo abundan las escenas rutinarias y repetitivas que muestran la penosa labor de los fareros, que a su vez se alternan con otras secuencias oníricas y alucinógenas, lo que unido a unas actuaciones muy teatrales e  incluso exageradas, muy al estilo del cine alemán de los años 20 o 30, da como resultado un filme que podría parecer hecho muchas décadas atrás, tanto visual como narrativamente. En algunos aspectos también llega a recordar un poco a algunas obras de Bergman, aunque las referencias cinéfilas que contiene son abundantes, o al menos eso me ha parecido a mí, desde Hitchcock (con esos «pájaros», digo gaviotas) hasta Kubrick (con ese hacha «resplandeciente»). Vamos, casi lo opuesto a lo que se estila habitualmente en las salas de cine.

Y decía que no es una película de terror típica porque no da «miedo» ni provoca «sustos» inesperados, pero lo que sí transmite es una tremenda inquietud y tensión desde el principio. En todo momento se intuye que algo muy turbio va a pasar entre los dos protagonistas y la atmósfera se va tornando cada vez más enrarecida, opresiva, desquiciante, a la vez que la relación de poder que se establece entre ambos (el veterano abusando de su poder y jerarquía frente al novato que anhela arrebatarle ese dominio) se hace más insana y violenta, al menos desde el punto de vista verbal. Así, atrapados en esa isla durante días con la única compañía de las gaviotas y el mal tiempo, y odiándose-envidiándose más cada hora que pasan juntos, van perdiendo el juicio mientras protagonizan diálogos y diatribas delirantes y alcoholizadas. Las actuaciones de Pattinson y, aún mejor, Dafoe son magníficas, extremas, y te sumergen en la locura, los celos y la ambición de sus personajes, enganchándote así por completo a su historia pese a lo desagradable que es. Incomprensible que no hayan estado nominados a ninguno de los grandes premios del año.

Por su parte, la banda sonora de Mark Korven y el sonido en general también contribuyen a crear ese ambiente malsano y a hacer que te sientas atrapado en esa isla de mala muerte con los dos fareros. Aunque los principales artífices de la opresión e incomodidad que llegas a sentir, actores aparte, son la fotografía en blanco y negro y el formato cuadrado con el que se ha rodado la película. Además, las luces y sombras que se consiguen con los siempre certeros encuadres de la cámara dotan de mucha más expresividad a los rostros de los protagonistas, creando de este modo escenas visualmente muy impactantes y potentes que, de ser en color, difícilmente hubieran transmitido tanto desasosiego ni hubieran resultado tan crudas.

Hablando de luces y sombras, quizás uno de las cosas que más me han gustado de la película es la metáfora que crea a través del ansia que tiene el personaje de Pattinson por alcanzar la luz (el faro), de cuyo mantenimiento se ocupa el personaje de Dafoe con tremendo celo. Porque se puede interpretar de diversas formas, como que esa luz es la que está al final del túnel y si la alcanza por fin terminará su agonía vital y su sufrimiento (no solo por la humillante situación que vive en la isla, sino por el trágico y culpable pasado que no puede dejar atrás), o que es una representación de la ambición humana más extrema, de la necesidad de llegar a la cima para dominar al otro, aunque solo sea para quitarle lo más preciado que tiene y no por el propio disfrute de lo obtenido. Hasta el punto de que esa meta se convierte en su única razón de ser, su obsesión, y lo que le va consumiendo y destruyendo mientras lo anhela.

Lástima que lo que prometía ser una obra difícil de olvidar, por lo impactante y metafórico de sus escenas, termine decayendo en un tramo final en el que para mi gusto se pasa demasiado de vueltas. Hasta ahí me había convencido la mezcla de escenas oníricas y reales porque la conjunción que formaban te adentraba poco a poco en la locura cada vez mayor del personaje de Pattinson sobre todo, que se ve encerrado y hasta deshumanizado en esa isla sufriendo los continuos abusos de su superior, pero en el tramo final se me ha hecho demasiado indigesto todo. Además, he dejado de encontrarle tanto sentido o simbolismo a esas imágenes delirantes y, lo que es peor, cada vez me han dado más la impresión de que lo único que busca el director con ellas es únicamente impactar sin más (incluso abusando del morbo y del sexo), dejando una sensación final de cierta incoherencia y artificio.

Una pena, pero aun así creo que es una película que merece ser vista. Por su ambientación, por su espléndido aspecto visual, por la extraña pareja que conforman Pattinson y Dafoe y porque es algo que se sale de lo habitual, seguramente sea una de las películas de 2019 que recuerde con más nitidez (aunque eso no significa que sea de mis favoritas del año) dentro de un tiempo.

—La parte más terrible de la vida de un marinero es cuando el trabajo se detiene, cuando estás entre el viento y el agua sin nada que hacer. La melancolía es peor que el Diablo, el aburrimiento vuelve a los hombres malvados… y el agua se va rápido, chico, se desvanece. Así que la única medicina es el alcohol. Mantiene a los marineros contentos, los mantiene agradables, los mantiene calmados, los mantiene…
—Estúpidos.
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