1917


Título original:
1917
Duración: 1hr 59mins
País: Reino Unido
Año: 2019
Director: Sam Mendes
Guion: Sam Mendes, Krysty Wilson-Cairns
Reparto: George MacKay, Dean-Charles Chapman, Colin Firth, Andrew Scott, Mark Strong, Benedict Cumberbatch, Richard Madden, Claire Duburcq, Richard McCabe, Anson Boon, Nabhaan Rizwan, Adrian Scarborough, Robert Maaser, Billy Postlethwaite
Género: Bélico. Drama.
Mi puntuación:   8,5 / 10

En la Primera Guerra Mundial, el 6 de abril de 1917, dos jóvenes cabos (interpretados por Dean-Charles Chapman y George Mackay) del ejército británico que se encontraba en territorio francés son enviados a una misión casi suicida en la que deberán recorrer a plena luz del día unos 15 kilómetros, que parecen ser «tierra de nadie» pero que pocos días antes estaban ocupados por los alemanes, para alertar a los mandos de otro batallón de la trampa en la que van a caer si llevan a cabo la ofensiva que tenían previsto realizar. Es decir, que la vida de hasta 1.600 hombres depende de que esos dos soldados sean capaces de llegar a tiempo para entregar el mensaje con las nuevas órdenes. Esa es la simple premisa de 1917, reciente ganadora del Globo de Oro a la mejor película dramática del año 2019.

Si por algo ha dado que hablar este filme, premios aparte, es sobre todo por el detalle de que está montada como si hubiera sido grabada en un plano secuencia. Digo montada porque obviamente rodada no lo está, ya que es algo imposible en una película de estas características más que por su duración (en el cine reciente tenemos el ejemplo de la recomendable Victoria del alemán Sebastian Schipper, 2 horas y 20 minutos en un sola toma ininterrumpida) por la cantidad de escenarios distintos que muestra y las cosas que ocurren. Recuerdo al menos dos escenas en las que me ha parecido distinguir cortes (en una explosión y, sobre todo, en un disparo recibido por uno de los protagonistas ya que ahí directamente la pantalla se funde en negro) pero, sea como sea, la sensación de continuidad está perfectamente lograda y el resultado de la virguería técnica es espectacular, logrando que los movimientos que hace la cámara siguiendo, adelantando y envolviendo a los personajes continuamente contribuyan sobremanera a aumentar la tensión y la inquietud que transmite el filme casi desde su primer minuto.

Porque 1917 te hace sentir que estás allí, en esos campos embarrados, desolados, cubiertos de cadáveres a cada pocos metros, esquivando ratas y cuervos, atravesando alambradas y edificios destrozados como lo hacen los dos protagonistas, temiendo que cada paso que den pueda ser el último ante la incertidumbre y el peligro que tienen delante. El trabajo realizado con el sonido también es memorable, no solo el de la cámara, ya que cada disparo se siente pavorosamente real y cada pisada que oímos de alguien que no vemos en pantalla puede llegar a transmitir miedo. No es la primera vez que un filme logra eso, pero al ir siguiendo en todo momento a los dos protagonistas sin separarse de ellos ni ofrecernos más puntos de vista que el suyo, logra que la inmersión del espectador sea casi total, solo superable quizás por la sensación que ofrecen los mejores videojuegos bélicos en primera persona como algunas entregas del mítico Call of Duty. Por cierto, creo que esta es la vez en la que más he aprovechado y disfrutado el hecho de ver una película en una gigantesca sala Isens, ha merecido mucho la pena pagar un poco más por ello, aunque también puede que me haya hecho valorar de forma más positiva la película que si la hubiera visto en una sala de dimensiones y sonido corrientes.

Por otro lado, la soberbia ambientación que cuida todos los detalles, especialmente a la hora de recrear las trincheras británicas y alemanas (pocas veces se han retratado unas trincheras de forma más realista, quizás en esa obra maestra de Kubrick que es Senderos de gloria y para de contar), la excelente banda sonora de Thomas Newman que es capaz de lograr momentos de gran intensidad pero sin llegar a ser abusiva ni machacona, la magnífica labor de fotografía de Roger Deakins sobre todo en las casi alucinógenas imágenes nocturnas (con ecos de Apocalypse now por momentos) y el buen hacer de los jóvenes Dean-Charles Chapman (el joven rey Tommen de Juego de Tronos) y, sobre todo, de un George Mackay olvidado en las nominaciones de premios de esta temporada, terminan de redondear la credibilidad de todo lo que vemos, potenciando la intención de Sam Mendes de transmitirnos toda la inseguridad y el temor que puede sentir un soldado en la guerra. Y eso que los protagonistas no participarán en ningún enfrentamiento multitudinario, que supongo que debe ser la situación más caótica y terrorífica que puede vivir un soldado.

La primera mitad de la película me ha parecido prácticamente perfecta en todos los aspectos, puro cine que te hace vivir y sentir emociones que (por fortuna) nunca experimentaremos en nuestra vida real. Sin embargo, en la segunda mitad del filme se dan algunas situaciones que le restan verosimilitud al relato, algo chocante cuando los demás aspectos de la cinta están tan cuidados. Me refiero, por ejemplo y sin hacer spoilers muy detallados, a la escena en la que un francotirador alemán en posición elevada es absurdamente incapaz de aprovechar su ventaja (en cambio, los protagonistas tienen una puntería espectacular), o a algunas de las cosas que suceden en las escenas nocturnas como ver a un protagonista corriendo entre enemigos, o la ingenuidad de los dos jóvenes británicos en algunos encuentros puntuales con los alemanes, o incluso la presencia de un bebé, etc. Aunque eso no le resta tensión, espectacularidad ni emoción a la narración, sí le quita seriedad al conjunto.

Ese es para mi su mayor defecto, aunque imagino que los detractores de la película centrarán sus dardos en la simpleza del guion o en que en ella prima mucho más la forma que el contenido. Entiendo esos argumentos porque, efectivamente, su guion no es nada extraordinario y lo que cuenta es bien sencillo, pero aun siendo yo un espectador que suele dar más importancia a la historia o a los diálogos que al resto de aspectos, hay ocasiones como esta en las que también me gusta dejarme llevarme por el espectáculo audiovisual que me ofrece la pantalla y vivir la película sin pensar mucho más allá. 1917 no reflexiona sobre el absurdo de la guerra como suelen hacer otros filmes bélicos, pero a cambio te mete de lleno en ella y te hace pasar dos horas de gran tensión, angustia, emoción e incluso te genera más miedo que la mayoría de películas de terror. Y eso es digno de aplauso… y de disfrute.

Esperaba que hoy fuera un gran día…
la esperanza es algo peligroso.

 

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