Lo que arde



Título original:
O que arde
Duración: 1hr 29mins
País: España
Año: 2019
Director: Oliver Laxe
Guion: Santiago Fillol, Oliver Laxe
Reparto: Amador Arias, Benedicta Sánchez, Inazio Abrao, Elena Mar Fernández, Álvaro de Bazal, David de Peso
Género: Drama.
Mi puntuación:   7,5 / 10

¡¡OJO, AVISO DE POSIBLES SPOILERS EN ESTA ENTRADA!!

Lo que arde arranca con una escena nocturna en la que vemos cómo van cayendo un montón de eucaliptos uno tras otro, sin que sepamos el motivo, hasta que quien los está tirando abajo se detiene al encontrarse con un viejo árbol autóctono. Es un comienzo visualmente potente y evocador, incluso metafórico: el «monstruo» que quizás podríamos habernos imaginado en nuestra cabeza derribando los árboles a su paso no es otro que una máquina, creada por el monstruo más destructivo al que puede enfrentarse la naturaleza, incluso en casos como este en el que aparentemente esa destrucción tiene un motivo (prevenir incendios ya que los eucaliptos prenden fácilmente, pero ¿por qué no  lo tuvieron en cuenta antes de plantarlos en Galicia?). Esto ya da pistas de por dónde irá el resto del filme, tanto temáticamente como en cuanto a estilo narrativo, cuyo protagonista es Amador (Amador Arias), un hombre que vuelve a la casa de su madre Benedicta (Benedicta Sánchez) en una pequeña aldea de Los Ancares de Lugo, tras haber cumplido una condena en prisión por haber provocado un incendio.

Se trata de una película en la que abundan los silencios, más contemplativa que narrativa por así decirlo, pero de este modo su director Oliver Laxe es capaz de retratar perfectamente la dura vida en las pequeñas aldeas de la Galicia profunda y, por extensión, del resto del aldeas cuasi despobladas del resto de España (al menos las que yo conozco de Salamanca no son muy distintas, salvo porque allí en lugar de montes verdes tienen llanuras amarillas). A base de mostrar imágenes de actividades tan rutinarias como calentar la comida, arrear las vacas o limpiar de zarzas los caminos, te mete de lleno en ese ambiente rural austero, lluvioso, embarrado, pobre, que parece anclado en tiempos pasados. Y lo hace sin recrearse ni abusar de las imágenes «paisajísticas» tan habituales en este tipo de filmes, aunque algunos planos que se muestran de los Ancares cubiertos por la niebla sean un auténtico espectáculo.

Y para perfilar la forma de ser de los personajes tampoco le hacen falta demasiadas palabras al director, basta con ver el reencuentro tras cumplir una larga (supongo) condena del hijo con su madre. «Hola, madre» saluda él, «¿Tienes hambre?» responde ella simplemente pese a llevar tanto tiempo separados. Ni besos ni abrazos ni ningún signo apreciable de cariño, aunque obviamente entre ellos lo haya aunque no lo expresen externamente. Y solo con eso es como si les conociese de toda la vida, no necesito más diálogos ni explicaciones de su pasado. La labor de los intérpretes no profesionales Amador Arias (que curiosamente ha sido guarda forestal en la vida real) y, sobre todo, una entrañable Benedicta Sánchez, son dignas de todo elogio por su capacidad de transmitir su dolor, sus heridas y cicatrices de todo lo vivido, sin ser demasiado expresivos.

Pero no por ser tan contemplativa me ha aburrido, aunque quizás en algún momento de su primera mitad sí que me impacienté un poco esperando algo más de «contenido», me dejó un poco frío lo que veía pese a apreciar el mérito que tenía. Esto cambió radicalmente cuando se desata el incendio (y no lo digo porque entrase en calor -perdón por el mal juego de palabras-), ya que ahí la tensión entra en juego inesperadamente y también aparecen el enfado y la impotencia al ver lo que está ocurriendo. Las imágenes de las llamas devorando todo son tan espectaculares como tristes y todas las secuencias del incendio y de las reacciones de los involucrados en él son tan veraces como las de un documental: la rabia y frustración de quienes ven arder sus cosas, la resistencia del pobre anciano que no se quiere ir de sus tierras, los cortafuegos desesperados al no poder hacer nada más por la falta de medios, etc. Todo parece auténtico, dolorosamente real.

Y casi repentinamente la película termina, sin dar explicaciones ni soluciones al espectador, con un final abierto a la discusión (¿quién provocó el fuego?) y lanzando muchas reflexiones a las que no di mucha importancia justo al salir del cine, pero que luego sí han ido madurando en mi cabeza. Como, por ejemplo, lo difícil que es para alguien que ha cumplido condena, o que está socialmente señalado por el motivo que sea, reintegrarse en la «vida común». O determinar hasta qué punto es responsable un enfermo mental de los actos que comete, aunque sean tan atroces como quemar miles de árboles y acabar con la vida de montones de animales; eso si es que el protagonista es un pirómano, algo que no dejan claro aunque le tachen como tal (el incendio por el que fue condenado pudo deberse a un error suyo, no a que algo le impulse a quemar cosas, etc.). O pensar acerca de lo contradictorios que somos los humanos, capaces de hacer un daño irreparable a quienes o a lo que queremos como le ocurre a Amador, alguien que indudablemente disfruta y ama la naturaleza pero que pese a ello destruyó parte de ella aunque, repito, no sepamos si lo hizo por enfermedad, por error o intencionadamente. O la imposibilidad de escapar a ser quién eres realmente por más que lo intentes, etc. Incluso podría barruntarse cierta crítica política por la situación de los incendios provocados que se vive cada verano en Galicia, no tanto hacia las presuntas motivaciones económicas que pudiera haber tras ellos (venta de madera quemada, recalificación de terrenos, etc., que la verdad es que me parecen motivos tan aberrantes que los encuentro muy difíciles de creer) sino hacia la escasez de medios de los que disponen los equipos de extinción de incendios y de políticas forestales efectivas que pudieran reducirlos.

La cuestión es que, cuando una película que te deja así, pensando en lo que has visto y en qué te han querido transmitir con ella, dando tantas vueltas a temas tan diversos, creciendo con el paso de los días en lugar de irse olvidando rápidamente, siempre es como mínimo recomendable de ver. Y, por supuesto, mejor en su versión original en gallego para meterte aún más de lleno en ella, aunque los diálogos no sean abundantes como ya comenté antes.

Si hace sufrir, es porque sufre.
.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.