El irlandés


Título original:
The irishman
Duración: 3hrs 29mins
País: Estados Unidos
Año: 2019
Director: Martin Scorsese
Guión: Steven Zaillian
Reparto: Robert De Niro, Al Pacino, Joe Pesci, Ray Romano, Stephen Graham, Stephanie Kurtzuba, Kathrine Narducci, Domenick Lombardozzi, Bobby Cannavale, Welker White, Jesse PlemonsAnna Paquin, Lucy Gallina, Aleksa Palladino, Harvey Keitel, Jack Huston, Gary Basaraba, Louis Cancelmi, Marin Ireland, Dascha Polanco, Paul Ben-Victor
Género: Drama. Crimen. Biográfico. Thriller.
Mi puntuación:   8 / 10

El irlandés era uno de los estrenos más esperados de 2019 al reunir un excelente reparto de viejas glorias (dicho con todo el respeto) como Robert de Niro, Al Pacino, Joe Pesci o Harvey Keitel al servicio del gran Martin Scorsese, pero también uno de los que más recelo y polémica suscitó por el hecho ser una producción de Netflix que apenas iba a tener distribución en cines. Debates absurdos aparte (cada cual que la vea dónde y cómo prefiera, que no por ello va a ser mejor o peor ‘cinéfilo’), la cuestión es que el irlandés del título no es otro que Frank Sheeran (Robert de Niro), personaje real que, casi por casualidad, pasó de ser camionero a realizar «encargos» para mafiosos como Russell Bufalino (Joe Pesci) o Angelo Bruno (Harvey Keitel), además de trabajar con un sindicalista muy popular en Estados Unidos durante los años 60 y 70, Jimmy Hoffa (Al Pacino), quien desapareció repentinamente a mediados de la siguiente década y nunca más se supo de él. A través de una serie de continuos flashbacks iremos conociendo múltiples detalles de la vida de Frank, en la que no faltaron las peleas, los asesinatos, las vendettas, las traiciones, los sobornos y la corrupción, desde que entró en contacto con la familia Bufalino hasta sus últimos días en un asilo de ancianos.

Scorsese, por tanto, no ha innovado nada ni en cuanto a temática ni en cuanto a estilo narrativo (la insuperable Uno de los nuestros es su referente más claro) pero eso no le resta ni un ápice de mérito a su labor. Todo está perfectamente dirigido, con un aire clásico y un ritmo pausado que se toma su tiempo en ir introduciendo a todos los personajes y elementos clave, pero que conforme avanza logra crear momentos de tremenda tensión e incertidumbre, dejando intuir un desenlace dramático y violento en el que sabes quién caerá, porque lo dicen al poco de empezar el filme, pero no cómo ni a manos de quién. El problema de este ritmo lento es que, como la película es tan larga (¡3 horas y media!), es muy difícil que el espectador mantenga su atención sin altibajos durante todo el metraje.

Por otra parte, el hecho de que los personajes que vemos fueran reales y algunos de los sucesos que se nos muestran también estén basados en cosas que al parecer ocurrieron de verdad (pasadas por el filtro de las inevitables licencias creativas del guión basado en el libro I heard you paint houses de Charles Brandt , claro), le añade un punto de interés y a su vez sirve de «denuncia», porque entre otras cuestiones en la película se mencionan las presuntas vinculaciones de la mafia con el gobierno de Kennedy o su papel suministrando armas para la invasión de la Bahía de Cochinos, así como la tremenda influencia que ejercieron en Estados Unidos los sindicatos de camioneros durante las décadas de los 60 y 70, y cómo se lucraron todos los implicados tanto legal como ilegalmente.

Y así va transcurriendo el relato, entre flashbacks en los que vemos a los protagonistas rejuvenecidos digitalmente (algo que choca bastante, sobre todo porque los movimientos no dejan de ser los de un septuagenario por mucho que le hayan retocado la cara para que aparente tener treinta años menos -véase la paliza del protagonista al frutero, casi provoca la risa involuntaria- pero al poco rato dejas de fijarte tanto en ello porque lo que te están contando es lo que acapara tu atención), escenas en las que se entremezclan acontecimientos históricos con la vida de Frank, Hoffa y compañía, diálogos convincentes aunque no especialmente memorables, trapicheos y deslealtades varias, momentos familiares y algunas contadísimas escenas violentas.

Hasta llegar a un tramo final en el que, aparte de la tensión e incertidumbre que ya comenté antes y que serían dignas de cualquier gran thriller, entra en juego la vejez del protagonista. Es un broche brillante el mostrarnos a un sanguinario criminal como él intentando obtener el perdón de su familia (otro de los temas recurrentes en la filmografía de Scorsese), su búsqueda de redención incluso religiosa cuando nunca había profesado fe alguna y, sobre todo, el tormento interior que sufre alguien que parecía no haber tenido escrúpulos ni remordimientos durante toda su vida. Pero claro, es que nunca antes había tenido la certeza de que la muerte (natural) estaba a la vuelta de la esquina, con todo el temor y dudas que ello conlleva, por más que la muerte violenta le hubiera rondado desde sus jóvenes años de soldado en la II Guerra Mundial. Este final reflexivo y triste pero profundamente sincero es lo mejor del filme, por encima de la interesante historia «mafioso-política» y de lo bien que funcionan los momentos de thriller criminal. Una película notable, en definitiva, aunque algo irregular y con varios defectos que para mí la impiden ser la obra maestra que muchos críticos profesionales han visto en ella. Ni siquiera me parece que sea una de las mejores del director, pero es que hablo del hombre que ha dirigido joyas tan unánimemente aclamadas como la ya mencionada Uno de los nuestros, Taxi driver o Toro salvaje y, ya entrando en este siglo, otras grandísimas cintas como para mi gusto son Infiltrados o El lobo de Wall Street. El irlandés estaría en un segundo peldaño tras ellas, lo cual no es poco.

Aparte de todo lo ya comentado, es imposible no mencionar el placer cinéfilo que supone volver a ver a todos estos gigantes de la actuación juntos por una última vez. El ansiado cara a cara entre Robert de Niro y Al Pacino se hace esperar, pero después ofrece grandes momentos en las largas conversaciones que ambos mantienen e incluso muestra situaciones que rozan la autoparodia, como la escena en la que discuten cuestiones políticas en pijama antes de irse a dormir en camas separadas por unos pocos centímetros. Más allá de eso, lo cierto es que de Niro muestra una curiosa capacidad para transmitir las dudas y conflictos morales de su personaje a través de una casi perpetua cara de palo con el ceño fruncido. Por su parte, Pacino ofrece una actuación vehemente y enérgica que siempre roza la sobreactuación (pero es que ese es su sello particular y lo que le ha hecho pasar a la Historia del cine), Joe Pesci  está mucho más sosegado de lo que solía ser habitual en él pero sigue derrochando carisma y de Harvey Keitel poco se puede decir porque no interviene más que en dos o tres escenas, una lástima que su papel sea tan breve.

Tres personas pueden ser capaces de guardar un secreto…
si dos de ellas están muertas.

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