Parásitos


Título original:
Gisaengchung
Duración: 2hrs 12mins
País: Corea del Sur
Año: 2019
Director: Bong Joon-ho
Guión: Bong Joon-ho, Han Jin-won
Reparto: Choi Woo-sik, Park So-dam, Song Kang-ho, Jang Hye-jin, Jo Yeo-jeong, Lee Sun-kyun, Jun Ji-so, Lee Jeong-eun, Park Myung-hoon, Jung Hyun-jun, Park Seo-joon, Park Keun-rok
Género: Comedia negra. Drama. Thriller.
Mi puntuación:   8,5 / 10

Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes de este año, Parásitos narra la historia de una familia con muy pocos recursos económicos que malvive en un semisótano mientras sus miembros se las ingenian para conseguir algo de dinero con trabajillos de poca monta como doblar cajas de pizza. Pero cuando el hijo mayor consigue ser contratado para dar clases particulares de inglés en la mansión de una familia adinerada, la situación de todos cambia completamente. Y no explico nada más porque una de las principales bazas del filme es su capacidad para sorprender al espectador, así que lo mejor es verlo sabiendo lo menos posible.

Lo primero que hay que señalar es que a la película le cuesta un poco arrancar, su larga introducción me parece un tanto lenta y dispersa pese a ofrecer algún buen momento de humor casi absurdo. Pero poco a poco va a más, conforme se van exponiendo los arteros planes de la familia protagonista, y como lo que va sucediendo es tan retorcido, resulta casi inevitable sentir cada vez más curiosidad por ver lo que va a ocurrir a continuación.

La cosa mejora más aún con un inesperado giro que se produce a mitad del filme, en una larga escena que empieza siendo inquietante y termina tornándose en desternillante (hilarante la secuencia del teléfono móvil amenazador que infunde más miedo que un arma cargada: «¡Querida, este botón de enviar es como un lanzamisiles!»). A partir de ese momento y durante casi una hora de metraje, la tensión y el humor (ahora ya mucho más negro que al principio) están siempre presentes y genialmente combinados, gracias a un ocurrente guión y a que todo está dirigido de forma brillante por Bong Joon-ho, quien además imprime un ritmo excelente a este desarrollo tras el sosegado inicio. No exagero si digo que en este tramo de la película quizás haya soltado las mayores carcajadas en lo que va de año, cinéfilamente hablando.

Pero lejos de conformarse con esa acertada mezcla de géneros (thriller-comedia negra-drama familiar), en la media hora final el realizador surcoreano añade nuevos ingredientes que van desde el drama social (terrible la escena de la inundación, que sirve para exponer la penosa vida que han de llevar muchas familias de clase baja para sobrevivir prácticamente en los subsuelos de las grandes ciudades asiáticas) hasta la violencia más sangrienta y salvaje, aunque expuesta sin dejar de lado el tono humorístico. Lástima que el desenlace sea un tanto precipitado y «explicativo», porque de haber sido un poco más convincente estaría hablando de casi una obra maestra. Aunque los acontecimientos finales sirven para recalcar aún más la reflexión que el filme esconde en todo momento, tras esas capas de thriller y comedia negra, acerca de la distinción de clases sociales y del eterno enfrentamiento entre ellas (ricos viviendo en su burbuja e ignorando los problemas de los pobres, incluso quejándose del olor que estos desprenden en una de las metáforas más obvias y divertidas del filme, pobres lamentando su mala situación mientras anhelan lo que poseen los ricos y abusan de la ingenuidad de ellos, comportándose como idiotas cuando tienen los lujos que siempre han deseado al alcance de la mano, etc.).

El hecho de que los protagonistas sean tan astutos como aprovechados y cabrones, con perdón, y de que estén dispuestos a pisar (incluso literalmente) a quien sea por lograr sus objetivos hace difícil el poder empatizar demasiado con ellos, pero eso no lastra en absoluto el filme porque podría decirse que es una película en la que importan más las situaciones, lo que sucede, que los propios personajes, así que en realidad da igual que te caigan mejor o peor porque te vas a divertir igualmente. Además, otro de los puntos fuertes del filme es que dichos personajes no son meros estereotipos para representar las bondades de la clase baja ni las perversidades de la clase alta, al contrario, tantos unos como otros están bien definidos y retratados como personas, con virtudes y defectos como cualquier otra. Por otra parte, algunos de los giros que da el filme no son muy sutiles y es cuanto menos difícil creer que pueda existir alguien tan ingenuo como las «víctimas» de esta historia, pero dado lo original e imprevisible que resulta el conjunto son defectos poco importantes.

Todo ello está «envuelto» en un aspecto técnico inmejorable, con una fotografía elegante, un escenario perfectamente ideado (la mansión en la que transcurre prácticamente toda la historia sirve para situar literalmente a los ricos «por encima» de los pobres) y una acertadísima banda sonora de música clásica que en algunas escenas logra aumentar mucho la comicidad y/o la tensión de lo que vemos. Por su parte, el reparto (del que solo conocía al carismático Song Kang-ho por ser un habitual en las películas de este director y por su inolvidable personaje de ‘El raro’ en la recomendable El bueno, el malo y el raro) cumple con creces y logra hacer convincente incluso algunas de las situaciones más disparatadas que veremos.

Por lo tanto Parásitos me ha parecido una película tan atípica como disfrutable, que entre sus escenas tensas y sus certeros golpes de humor negro va tejiendo una irónica reflexión acerca de la eterna lucha de clases, del choque entre dos mundos cada vez más distanciados por el dinero y las comodidades que unos asumen como normales y otros ansían desesperadamente. Otra muestra más (y mejor) del gran talento de Bong Joon-ho, que ya hace años nos entusiasmó a muchos con ese magnífico thriller que es Memories of murder y que desde entonces no había vuelto a ese excelente nivel aunque en sus obras, incluso en las más irregulares (que no flojas, ninguna suya me parece mala), siempre hay bastantes cosas que rescatar. Seguro que este último trabajo suya será una apuesta fija en muchas de esas listas de «lo mejor del año» que los críticos harán allá hacia finales de diciembre.

—Es curioso que pese a ser ricos sigan siendo amables.
—Es que es al revés, son amables porque son ricos.

(Y otra buena reflexión, de regalo…)

¿Sabes qué tipo de plan es el que nunca falla? Ningún plan. ¿Y sabes por qué? Porque la vida no puede ser planificada, no funciona así. ¿Acaso crees que toda esta gente había planificado pasar la noche en un gimnasio? Y aquí están, durmiendo en el suelo como nosotros. Por eso no hay que hacer planes.
Porque si no hay un plan, nada puede salir mal.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.