Érase una vez en… Hollywood

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Título original:
Once upon a time in… Hollywood
Duración: 2hrs 41mins
País: Estados Unidos
Año: 2019
Director: Quentin Tarantino
Guión: Quentin Tarantino
Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Kurt RussellMargaret Qualley, Dakota FanningAustin Butler, Mikey Madison, Lorenza Izzo, Emile Hirsch, Rafal Zawierucha, Julia Butters, Timothy Olyphant, Al PacinoNicholas Hammond, Mike Moh, Zoë BellScoot McNairy, Luke Perry, Damian Lewis, Bruce Dern, Lena Dunham, Madisen Beaty, James Landry Hébert, Maya Hawke, Damon Herriman, Michael Madsen, James Remar, Clifton Collins Jr.Samantha RobinsonOmar Doom, Quentin Tarantino
Género: Drama. Comedia negra.
Mi puntuación:   7,5 / 10
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Año 1969 en Los Ángeles. Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) es un actor venido a menos que, años después de haber sido la gran estrella de un western televisivo, intenta evitar que su carrera se hunda definitivamente mientras comparte sus días con su gran amigo y doble en escenas de acción Cliff (Brad Pitt), quien también vive un profundo declive profesional y por ello prácticamente solo trabaja como «chico de los recados» de Rick. Al mismo tiempo, Roman Polanski (Rafal Zawierucha), uno de los directores de cine más aclamados del momento, acaba de mudarse a la mansión de al lado junto a su nueva esposa, una espectacular y prometedora actriz llamada Sharon Tate (Margot Robbie) cuya carrera va en sentido opuesto a la de Rick.

A través de esas dos historias paralelas Quentin Tarantino construye el retrato de una época agitada y de profundos cambios en Estados Unidos (el movimiento hippie, el nombramiento de Nixon como Presidente, el fin de lo que se conoce como cine clásico y los inicios del «moderno», etc.) que a él le pilló siendo un niño, motivo por el que la rememora con una evidente mezcla de fascinación y nostalgia. Y lo hace con su estilo habitual, mediante una narración calmada cargada de elaborados diálogos (aunque en esta ocasión, menos ingeniosos que a lo que nos tiene acostumbrados) y con escenas muy largas que por momentos no parecen tener apenas conexión entre sí ni objetivo claro de cara a desarrollar una trama, pero que logran captar el interés del espectador con facilidad.

En realidad la película no narra una historia como tal, con su introducción, nudo y desenlace, sino que durante gran parte del metraje se limita a describir tanto esa época en la que transcurren los acontecimientos como, más en concreto, lo que era y representaba el mundo del cine en aquellos años. Y sus protagonistas, claro, las grandes estrellas de Hollywood. Es un ejercicio de metacine con el que Tarantino se lo pasa en grande a la vez que luce sus extensos conocimientos cinematográficos ofreciendo escenas deliciosas que, por ejemplo, recrean rodajes imaginarios de aquella época alternadas con otras en las que mezcla digitalmente escenas reales de películas con los personajes de esta ficción. Y si sus trabajos siempre están plagados de referencias al cine y la televisión, imaginad en este caso que el material que ha escrito se presta más a ello. Series como F.B.I., Batman y El avispón verde, o películas como La gran evasión, Easy Rider, La mansión de los siete placeres y, cómo no, los spaghetti western rodados en Italia y Almería por su idolatrado Sergio Corbucci y compañía, son algunas de las referencias más obvias que veremos u oiremos, pero la lista es interminable.

El problema es que todo esto deja cierta sensación de estar ahí expuesto casi de forma aleatoria, como si fuese una sucesión de anécdotas que, pese a que conectan al final, no convergen tan bien como sí lo hacían en casos similares otros de sus filmes como Kill Bill, Reservoir dogs o, por supuesto, Pulp Fiction. Aquí me ha parecido que el rumbo estaba poco claro, que incluso algunas secuencias apenas son más que relleno, algo que pocas veces me había pasado antes con sus películas. Aun así, incluso valorándolas como escenas independientes, no se puede negar que ofrecen algunos grandísimos momentos de cine. La tensa visita de Cliff al campamento hippie de la «familia» Manson, la genial escena que nos muestra cómo disfruta Sharon Tate desde el anonimato y la oscuridad de una sala de cine viendo las reacciones del resto del público ante sus intervenciones en pantalla, la emotiva primera conversación entre Rick y la joven actriz infantil en el set de rodaje o el divertidísimo enfrentamiento de Cliff con Bruce Lee serán con toda probabilidad de lo mejor que veremos este año en la pantalla grande.

Por supuesto, en el filme encontraremos muchos más elementos reconocibles del cine de Tarantino: la omnipresencia de la música (sobre la que ya escribí en la entrada anterior), su fetichismo por los pies femeninos, los cameos de amiguetes como Michael Madsen o Kurt Russell entre otros, los cigarrillos Red Apple (hilarante el anuncio post-o durante-créditos con «autozasca» incluido) y, cómo no, el buen hacer de un reparto al que siempre es capaz de exprimir para que dé lo mejor de sí. DiCaprio protagoniza algunos de los momentos más intensos y dramáticos, pero es Brad Pitt el que se adueña de la función componiendo un personaje difícilmente olvidable a base de «no actuar», es decir, mostrando una actitud casi pasota y logrando que su carismática presencia haga (y transmita) el resto. Por su parte, Margot Robbie ofrece una actuación puramente física en la que apenas habla pero con la que logra la perfecta representación de lo que es una estrella, el ídolo de masas inalcanzable, el objeto de pósters y deseos. Interpreta un símbolo, más que a una persona.

Y tampoco podía faltar la violencia exagerada en un desmadrado final que en esta ocasión es más breve que en sus últimos filmes, lo cual se agradece, aunque a la vez es aún más salvaje y grotesco si cabe. Pero Tarantino sabe rodar estas escenas con indudable gracia, pocos como él son capaces de hacer reír tanto con secuencias tan sangrientas. Incluso las señoras mayores que tenía sentadas en la fila de delante se tronchaban viéndolas, cuando a priori podría pensarse que no es el tipo de público más propicio para ello. Un excelente final que, por otra parte y aunque en realidad eso sea lo de menos, se adivinaba el mismo inicio de la película. Y es que al bueno de Quentin la historia real siempre le ha importado más bien poco salvo que sea para «jugar» con ella, no olvidemos que ya mató a Hitler en Malditos bastardos.

Érase una vez en… Hollywood  entretiene a lo grande, logra que se pase el tiempo volando a pesar de durar casi 2 horas y 45 minutos, pero me han faltado más golpes de humor. Salvo en el mencionado tramo final, solo recuerdo haberme reído a carcajadas en la ya mencionada escena de Bruce Lee y en otra en la que Rick arremete contra sí mismo tras pifiarla en un rodaje. El resto me ha mantenido muy atento, me ha divertido a ratos e incluso me ha emocionado un poco en ocasiones (como la relación de Rick con la actriz infantil) pero me ha parecido menos ocurrente que la gran mayoría de las obras anteriores de Quentin. Un entretenimiento más que notable que seguramente sea de lo mejor que vayamos a ver este 2019 en el cine, pero esperaba un poco más siendo su autor quien es (eso pese a que su horroroso primer póster oficial vaticinaba un desastre mayúsculo). Aunque también es cierto que sus películas me suelen gustar incluso más al «segundo intento», cuando las vuelvo a ver y voy descubriendo nuevos detalles que las hacen más grandes de lo que parecen a priori.

Cuando llegas al final del camino con un amigo que es más que un hermano y poco menos que una esposa, cogerse una tremenda borrachera es la única forma de decirse adiós.

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