Remordimiento


Título original:
Broken lulllaby
Duración: 1hr 16mins
País: Estados Unidos
Año: 1932
Director: Ernst Lubitsch
Guión: Samson Raphaelson, Ernest Vajda
Reparto: Phillips Holmes, Lionel Barrymore, Nancy Carroll, Louise Carter, Lucien Littlefield, Tom Douglas, Frank Sheridan, Reinhold Pasch, Zasu Pitts, Emma Dunn, Marjorie Main
Género: Drama.
Mi puntuación:  9 / 10

Ernst Lubitsch fue uno de los directores de cine más importantes que ha dado Alemania, aunque desarrolló gran parte de su carrera en Estados Unidos, donde dirigió algunos clásicos tan aclamados como Ser o no ser, El bazar de las sorpresas o Ninotchka. Sin embargo, para mí su mejor película no es una de las más conocidas. Se trata de Remordimiento, un filme de muy corta duración que narra la historia de un joven francés que combatió en la I Guerra Mundial (interpretado por un Philips Holmes demasiado sobreactuado en ocasiones) y que, tres años después de volver, es incapaz de retomar su vida civil porque no deja de pensar en el soldado alemán al que mató en la contienda, que al igual que él era un joven que tocaba el violín, tal como pudo leer en el diario que llevaba encima. Así, incapaz de estar en paz consigo mismo, decide viajar a Alemania en busca del perdón de los familiares del soldado, pero cuando se encuentra cara a cara con ellos las cosas no salen como él había pensado.

Ese es el interesantísimo punto de partida de esta dramática historia antibelicista, cuya trama tiene un indudable punto retorcido y que, de forma tan simple como certera, hace un gran retrato de ciertos aspectos de la naturaleza humana a través de los distintos protagonistas: el atormentado soldado francés en busca de redención, la madre desolada que tres años después sigue sin conseguir superar la muerte de su hijo, el padre que alimenta a base de prejuicios patriotas su odio hacia los «enemigos franceses», la novia que ve rotos sus planes pero que mantiene la esperanza de que algún día algo bueno llegará a su vida, el pretendiente interesado y que muestra una tremenda falta de sensibilidad ante el dolor de la novia, etc.

Pueden parecer personajes un tanto estereotipados, pero a través de ellos la película expone de manera muy creíble varios comportamientos distintos ante una situación que imagino que debió ser bastante común tras las dos grandes guerras (por una parte, familias rotas llorando a sus fallecidos; por otra, supervivientes incapaces de olvidar la barbarie que han visto o hecho), y que también sirve para mostrar cómo evolucionan algunos de ellos ante las inesperadas revelaciones que se van sucediendo Especialmente el padre al que tan bien interpreta Lionel Barrymore, que proclamaba a los cuatro vientos su rencor hacia los franceses que habían matado a su hijo… hasta que conoce a uno de ellos y ve que, en realidad, nos más que un chaval como el suyo, con sus mismas inquietudes, aficiones y demás. Una excelente reflexión acerca de los prejuicios, que obviamente podría seguir aplicándose hoy en día y que se muestra con sencillez pero no por ello sin complejidad, como ya digo.

Y es que en Remordimiento casi no hay una sola escena que no diga más de lo que parece ni tenga más contenido del que aparenta. Será cosa del famoso «toque Lubitsch» (aunque creo que esta expresión se utiliza más para referirse a secuencias cómicas sobre todo) pero lo cierto es que tras lo que vemos y oímos se esconden unas tremendas críticas a lo absurdo de las guerras, a esos dirigentes políticos que envían a ellas a jóvenes que van a perder toda la vida que tenían por delante sin saber muy bien por qué motivo, a esos padres que inculcan la rivalidad y el odio al extranjero a sus hijos desde muy pequeños y, cómo no, a la Iglesia que admite dichas guerras y que perdona sin pudor las muertes que conllevan. Esta crítica a la Iglesia se hace tanto de forma sutil e irónica (como en esas primeras imágenes en la catedral, en las que vemos los sables de los soldados franceses mientras el cura da gracias porque ha llegado la paz o cómo todos ellos se arrodillan armados ante la figura de Cristo; más elocuencia sin decir palabra, imposible) como directa, especialmente en la conversación inicial que mantiene el protagonista con un cura francés, que en lugar de tranquilizarle o darle algo de paz le hace torturarse más aún. «¿¿¡Mi deber era matar!?? ¿Esa es la respuesta que obtengo en la casa del señor?», se pregunta el pobre desdichado tras hablar con él.

También hay alguna concesión para el humor en esta historia (no hay que olvidar que el género en el que triunfó Lubitsch fue precisamente la comedia), como en las escenas de los vecinos cotillas y entrometidos, puede que un tanto exageradas y paródicas pero no por ello menos ciertas en lo que intentan satirizar. Y quizás el final sea demasiado amable, aunque esa última secuencia en la que se combinan los sonidos del violín y del piano contiene tantos simbolismos que difícilmente se le puede reprochar nada. Pero en general, Remordimiento cuenta una serie de verdades como puños en una historia que mezcla a la perfección dolor y esperanza, de forma sincera y sin forzar el drama, como por ejemplo en la potente escena en la que el soldado francés por fin conoce a la familia del alemán, en la que la cámara va girando sobre los personajes para ver cómo le reciben con los brazos abiertos y cómo reaccionan con entusiasmo cuando les dice que conoció a su hijo… sin que sepan en realidad que él es quién le mató.

Por cierto, en 2016 François Ozon, uno de los directores franceses más reconocidos del panorama actual, dirigió un recomendable remake de esta película, llamado Frantz. Es una buena versión, que se toma más tiempo para narrar la historia y exponer la evolución de los personajes, aunque a mí no me impactó tanto como la original de Lubitsch. Pero quizás sea más accesible al público actual, así que si tenéis la ocasión no dudéis en verla(s).

Por esta calle vi pasar a mi hijo desfilando.
Iba camino de la muerte… y yo aplaudía.

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