Toy Story 4




Título original:
Toy Story 4
Duración: 1hr 40mins
País: Estados Unidos
Año: 2019
Director: Josh Cooley
Guión: Andrew Stanton, Stephany Folsom
Género: Animación. Aventuras. Comedia. Fantasía.
Mi puntuación:  8 / 10


Nueve años después de la genial tercera entrega de la saga, vuelve Toy Story aunque con cambio de director, de guionista (tras su ausencia en esa tercera película, retoma esta labor Andrew Stanton, también responsable de WALL•E o Buscando a Nemo) e incluso de «dueño» de los protagonistas, que como vimos al final del anterior filme ya no es Andy, porque tiene edad para ir a la universidad, sino Bonnie, una cariñosa e imaginativa niña a la que regaló sus juguetes.

En esta ocasión, a Woody, Buzz Lightyear y compañía se les une Forky, un juguete creado por la propia Bonnie en su primera clase de manualidades, a partir de un tenedor usado de plástico y algún otro desperdicio recogido de una papelera. Por este motivo, Forky se siente más «basura» que juguete y no se quiere integrar con ellos, escapándose en cuanto le surge la primera oportunidad de hacerlo. Woody, consciente de lo importante que este nuevo juguete es para la dueña que lo ha fabricado, no duda en ir él solo en su búsqueda… aunque lo que esperaba que fuera una sencilla tarea se complicará inesperadamente con la aparición de viejos conocidos y de nuevos rivales.

Para empezar hay que reconocer que, por fortuna, los cambios de los que hablaba al principio no han supuesto una merma en la calidad técnica de la película (más bien al contrario, creo que la animación de los personajes y compañía nunca había sido tan fluida ni vistosa antes) ni tampoco de su capacidad de entretenimiento y diversión, principalmente gracias a su gran ritmo y a los numerosos momentos cómicos que ofrece, tanto en forma de acertados gags visuales como de ingeniosos diálogos. De hecho, no sé si los niños que vean el filme serán capaces de comprender todas las bromas y conversaciones porque algunas están repletas de ironía, aunque aun así seguro que se ríen bastante aunque solo sea de las gracietas más obvias. El filme incluso tiene sus puntos de «terror», al menos para los espectadores más pequeños, sobre todo cuando vemos en pantalla a unos muñecos de ventrílocuo llamados Benson. Puede dar fe de ello la pobre niña que tenía sentada a mi lado, que pegó tres o cuatro alaridos del miedo que le provocaban las repentinas apariciones de este nuevo personaje, casi asustándome ella a mí también con esos inesperados gritos.

Anécdotas aparte, además de los Benson son unos cuantos los nuevos personajes que veremos en esta entrega. Destacan sobre todos ellos el ya mencionado Forky, que da mucho juego y risas al principio con sus «problemas de identidad», y Gabby Gabby, una antigua y defectuosa muñeca que a priori parece ser la malvada del filme (es quien dirige a los inquietantes muñecos Benson) pero que protagoniza algunos de los momentos más tristes y emotivos de la película. Todos los nuevos juguetes encajan de maravilla entre el grupo que lleva años encandilándonos y todos tienen sus momentos estelares, incluso llegando a robar el protagonismo a los que ya conocíamos.

Quizás el guión sea el punto más débil de la película en cuanto a la trama que narra, ya que me ha parecido un tanto simple, poco original y por momentos algo alargada, como en la interminable huida de la juguetería por citar un ejemplo. Sin embargo, el propio guión sí que acierta de pleno a la hora de exponer unas «moralejas» o reflexiones que quizás vayan más enfocadas al público adulto, o al menos juvenil, que a los propios niños. Me refiero a todo lo que tiene que ver con la búsqueda de la identidad que vemos no solo en Forky sino también en el propio Woody, que debe aprender a reinventarse y a no tener miedo a los cambios para no seguir estancado en una situación que no le llena en absoluto pero a la que se aferra como si no hubiera alternativa, cuando sí que la hay. No tiene más que ver cómo se adaptó Bo Peep a su nueva situación tras separarse del grupo de juguetes, pasando de ser una dulce pastorcilla a convertirse en toda una superviviente, casi una heroína de acción.

Y también me ha gustado todo lo que plantea (aunque no sea muy directamente, pero yo le he dado esta interpretación) acerca de saber aceptar la pérdida de seres queridos o de personas importantes, como lo era Andy para los juguetes, aprender a dejar ir, sabiendo que antes o después alguien o incluso algo nuevo aparecerá en tu vida para aportar sus propias cosas buenas. En definitiva, es como si Woody y compañía hubieran madurado a la par que su antiguo dueño y vieran las cosas de forma muy distinta, casi opuesta por momentos, a como las veían cuando eran más «jóvenes».

Ya han transcurrido casi 25 años desde la primera entrega de la saga pero Toy Story sigue funcionando igual de bien que entonces, así que no creo que ningún espectador se sienta saturado por seguir viendo historias protagonizadas por estos personajes aunque, a priori, parece que esta va a ser la película que cerrará su historia (no lo tengo yo tan claro). Para mí este cuarto filme no llega al nivel del tercero, en mi opinión insuperable por ser el más dramático e intenso de todos a la par que ofrecía grandes dosis de diversión, pero sí está a la altura o incluso quizás algo por encima de las dos primeras películas. Y es que, como ya escribí antes, el público más joven se lo pasará en grande con ella y los adultos tampoco se aburrirán en absoluto, e incluso podrán sacarle más jugo a los mensajes que se esconden tras tantas aventuras, bromas, reencuentros, peripecias y golpetazos. Como siempre ha pasado con las andanzas de estos juguetes, en definitiva, y como ocurre en otras muchas películas de Pixar, que precisamente arrancó su exitosa andadura en pantalla grande con la primera Toy Story.

—A veces los cambios son buenos, Woody.
—Ya no pueden enseñarle trucos nuevos a este viejo juguete.
—¿Que no? Te sorprenderías.

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