Rocketman


Título original:
Rocketman
Duración: 2hrs 1min
País: Reino Unido
Año: 2019
Director: Dexter Flechter
Guión: Lee Hall
Reparto: Taron Egerton, Jamie Bell, Matthew Illesley, Bryce Dallas Howard, Gemma Jones, Steven Mackintosh, Richard Madden, Charlie Rowe, Stephen Graham, Tom Bennett, Celinde Schoenmaker, Tate Donovan, Jason Pennycooke, Sharmina Harrower
Género: Musical. Biográfico. Drama.
Mi puntuación:  7 / 10

Tras el éxito que cosechó Bohemian Rhapsody el año pasado, Dexter Fletcher, quien para muchos (Rami Malek incluido) fue el verdadero responsable de que funcionara tan bien y quien salvó el desaguisado creado con el despido del director Bryan Singer (por motivos no muy claros), se ha encargado de dirigir de nuevo, aunque esta vez desde el principio, un biopic sobre otra de las grandes figuras de la música como lo es Elton John. Siendo ambos filmes tan cercanos en el tiempo y teniendo detrás al mismo realizador, cabría esperar que se parecieran mucho o incluso pensar que Rocketman solo es un intento facilón de aprovechar el tirón del biopic de Queen. Pero lo cierto es que tienen menos cosas en común de lo que se podría suponer a priori.

Para empezar, Rocketman me ha parecido más dramática que aquella. Basta señalar que toda la historia está narrada a través de una serie de flashbacks en los que Elton John rememora, en una clínica de desintoxicación y rodeado de extraños, varios de los momentos más decisivos y/o trágicos de su vida. Así, empezaremos viendo escenas de la complicada infancia que vivió, en especial por la tan frustrante como casi inexistente relación que mantuvo con un duro padre chapado a la antigua que ni le entendía ni hacía esfuerzos por intentarlo, aunque la relación que tenía con su madre tampoco es que fuese precisamente sana. Su abuela materna fue prácticamente el único apoyo que tuvo en esa época. Después, como era de esperar, asistiremos a su crecimiento como artista y a su posterior éxito, pero haciendo gran hincapié en los problemas que para él conllevó el no saber gestionar la fama, abusar del alcohol y casi todo tipo de drogas, rodearse de gente aprovechada y tóxica, alejarse de quienes le querían de verdad y estaban siempre ahí dispuestos a ayudarle, etc. No es una película sorprendente ni original en cuanto al guión, sigue ese esquema de «inicios difíciles-éxito casi repentino-caída-redención» que tantas veces hemos visto ya en filmes biográficos, aunque en el aspecto de ver cómo una persona se autodestruye cuando podría haber conseguido casi todo lo que se hubiera propuesto sí que resulta  más profunda e interesante.

También me ha sorprendido que, por momentos, Rocketman esté más cerca de ser un musical propiamente dicho que un biopic sobre un músico, como lo era Bohemian Rhapsody. No son pocas las escenas en las que veremos a todos sus actores interpretando algunos de sus temas más conocidos o inmersos en multitudinarias coreografías, algo que funciona perfectamente y que sirve para relajar un poco el tono dramático que impera en la obra. Algunos de estos bailes son realmente espectaculares y están rodados con gran fluidez, transmitiendo mucha energía al público.

Y, más allá de su buen hacer cantando o bailando, las actuaciones de los intérpretes protagonistas también son plenamente convincentes. Quizás a Taron Egerton le falten varios kilos para haber calcado físicamente la oronda figura de Elton, pero por lo demás realiza un gran trabajo derrochando carisma y naturalidad y consiguiendo emocionar, o al menos implicar, al público en los momentos más dramáticos del relato. Junto a él también habría que destacar a Billy Elliot Jamie Bell en el rol de Bernie Taupin, quien aparte de ser el letrista de muchas de las canciones de Elton, también es mostrado aquí como su gran apoyo, el amigo con el que siempre podía contar por más desplantes u ofensas que le hiciera. Este personaje es la definición de fidelidad, en definitiva, y Bell lo interpreta de forma excelente.

Pese a todo lo bueno que he escrito de ella, en Rocketman he echado en falta un poco más de diversión, o ese punto cómico que exhibía Bohemian Rhapsody en algunas escenas y que la ayudan a ser tan disfrutable. Pero, como las comparaciones son odiosas, si me centrase solo en resumir este filme diría que lo que más me ha gustado de él es cómo muestra el proceso en el que una persona se «rompe», se pierde, se aleja hasta de sí misma y es totalmente engullida por la figura pública del artista, que pasa de ser una simple imagen proyectada de cara al exterior a ser la personalidad que domina su vida más íntima. En este sentido, la película no es muy benevolente con Elton John (algo que no es fácil que ocurra en los biopics, que suelen endulzar o incluso ensalzar la figura de sus protagonistas), aunque muchas de las cosas que vemos aquí seguro que, por desgracia, también se podrían trasladar a la vida de multitud de artistas de todo tipo o de gente cuyo trabajo les obliga a estar tan expuestos a las masas y al público anónimo.

—¿Cómo puede llegar un niño gordo insignificante a ser un gran cantante?
—Tienes que matar a la persona que estabas destinado a ser para convertirte en la persona que quieres ser.

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