Chernobyl


Título original:
Chernobyl
País: 
Estados Unidos
Duración: 1 temporada, 5 capítulos (60 mins. aprox. cada uno)
Año: 2019
Creador: Craig Mazin
Director: Johan Renck
Reparto: Jared Harris, Stellan Skarsgård, Emily Watson, Paul Ritter, Robert Emms, Sam Troughton, Jessie BuckleyAdam Nagaitis, Alan Williams, David Dencik, Con O’Neill, Adrian Rawlins, Mark Lewis Jones, Ralph Ineson, Alex Ferns, Barry Keoghan, Fares Fares, Donald SumpterMichael McElhatton, Billy Postlethwaite, Douggie McMeekin, Jamie Sives, Josef Altin, James Cosmo
Género: Drama.
Mi puntuación:  9 / 10

Chernobyl es la serie de moda, la que ha ocupado el gran vacío que en miles de seriéfilos dejó el controvertido final de Juego de tronos, la serie del año para muchos, en definitiva. Así que tenía que echarle el ojo cuanto antes, aunque no sin recelos ante tanto elogio y con serias dudas de que pudiera cumplir las altas expectativas que me había generado. Pero lo cierto es que me ha parecido una miniserie soberbia, a la altura de las mejores que ha producido la HBO en este formato de corta duración (para mí, Hermanos de sangre y la primera entrega de True Detective), así que tantas alabanzas me parecen más que justificadas.

Aunque no deja de sorprenderme que haya tenido tanta repercusión y éxito entre el gran público, ya que no es una serie cuyos personajes sean memorables, ni cuenta una historia original o tremendamente adictiva, ni está plagada de espectaculares escenas de acción, ni nada parecido. Es más bien lo contrario, una serie seca, dura, sin alardes, que casi se acerca más al docudrama que a lo que vemos habitualmente en las grandes producciones televisivas. Así, intenta mostrar de forma minuciosa y realista lo que ocurrió antes, durante y después del catastrófico accidente nuclear que tuvo lugar el 26 de abril de 1986 desde diversos puntos de vista, a través de una multitud de personajes entre los que encontraremos trabajadores de la central nuclear, habitantes de Prípiat (la ciudad más próxima a la central), bomberos, políticos, enfermeros, profesores de química y científicos expertos en la materia, mineros, militares que se encargaron de tareas tan ingratas como la de «limpiar» de animales contaminados la zona de exclusión, etc.

Cada uno de ellos tiene su cuota de protagonismo, aunque los principales personajes son el profesor Valery Legasov (Jared Harris da vida a este científico que existió realmente), el ministro Boris Scherbina (político también real al que interpreta Stellan Skarsgård) y la experta en física nuclear Ulana Khomyuk (Emily Watson se mete en la piel de este personaje, ficticio pero que representa a todas los científicos -hombres y mujeres- que colaboraron con Legasov). Y pese a que a ninguno de los tres le definiría como entrañable y, además, apenas conoceremos aspecto alguno de su vida más privada o íntima, son tres personajes sólidos y muy bien construidos con los que podremos empatizar con facilidad. Especialmente destacable es el de Legasov, quizás el gran «héroe» de este relato, aunque en el último episodio también conozcamos de soslayo partes oscuras de su pasado que le alejan de ese pedestal heroico. La labor que hace Jared Harris dándole vida es encomiable, aunque esto no me ha sorprendido puesto que el año pasado ya dio buenas muestras de su capacidad para protagonizar historias en otra recomendable miniserie, The terror. El resto del reparto también cumple con nota en sus respectivos roles y el hecho de que la mayoría no sean rostros conocidos contribuye a incrementar la sensación de realismo (pese a que los personajes hablen inglés y no ruso, claro).

El primer capítulo ya consigue engancharnos, puesto que nos sitúa instantes después de la explosión mostrándonos la reacción de los diversos personajes y el caos reinante en ese momento, mientras poco a poco también vamos viendo el despropósito perpetrado por unos políticos locales que parecían más empeñados en negar la evidencia y en ocultar lo que estaba pasando por no quedar mal ante Moscú, que en tomar decisiones coherentes. Su reacción inicial, aparte de tardía, fue completamente errónea (acordonar la ciudad en lugar de evacuarla cuanto antes, etc.), en parte también porque desconocían la gravedad real de la situación. Y si ellos no eran conscientes del peligro mortal al que se exponían, menos aún los vecinos de la ciudad, como refleja una de las escenas más inolvidables de la serie en la que unos niños juegan con las cenizas contaminadas como si fueran copos de nieve, mientras sus padres observan ensimismados la llamativa «nube de colores» que originó la explosión.

Con el paso de los capítulos se nos van descubriendo más detalles tanto de los hechos que causaron la explosión (sobre todo en la brillante exposición del profesor Legasov del último episodio, que demuestra que sí hubo errores graves por parte de los responsables de la central, pero que muchos de ellos eran inevitables dado que no conocían ciertas prácticas y decisiones tomadas previamente por el gobierno soviético, que sale muy mal parado en este relato ya que, esencialmente, se le «acusa» de ocultar información y de mentir por sistema) como de los motivos por los que inicialmente nadie pensó que se enfrentaban a algo tan grave, como por ejemplo el hecho de que los radiómetros que tenían en la central solo eran capaces de medir la radiación hasta un máximo que no era especialmente peligroso (cuando en realidad, la radiación que generó la explosión multiplicaba por varios miles esa cifra), entre otras cosas.

También iremos viendo las diferentes estrategias adoptadas por nuestros protagonistas una vez que fueron adquiriendo conciencia de a qué se estaban enfrentando, aunque siempre con el ineludible visto bueno de los altos cargos del Kremlin con Gorbachov al frente y con el KGB muy pendiente de sus movimientos, con una actitud irritantemente suspicaz hacia quienes pretendían arreglar el desastre porque ellos «confían pero verifican», como dice uno de sus dirigentes en cierta escena. Pero a pesar de sus denodados intentos por controlar la catástrofe y limitar los daños al mínimo posible, sin olvidar la encomiable labor y la valentía mostrada por esos héroes anónimos a las que se representa en la serie mediante personajes ficticios (mineros, militares, bomberos, enfermeros, etc.), los efectos de la explosión fueron demoledores tanto por la cantidad de fallecidos, heridos y contaminados que dejó como por la enorme extensión de terreno que se vio afectada por la radiación y que tantos años va a tardar en estar nuevamente habitable.

Mientras vemos todo este apasionante retrato de los hechos y de las consecuencias del accidente, es imposible no sentir una mezcla de tristeza, rabia e incredulidad ante algunas de las decisiones que se tomaron en los momentos más críticos, porque la implicación del espectador en la historia es completa. Pero Chernobyl no solo funciona como denuncia de los hechos o como gran drama, por momentos también resulta ser un perfecto thriller de terror, y no por la dureza de algunas imágenes que muestran la gravedad de los heridos y los devastadores efectos de la radiación en sus cuerpos (que también, aunque estoy convencido de que en la realidad se vieron cosas aún peores en aquellos hospitales) sino, sobre todo, por la tensión insoportable que transmiten algunas escenas, como por ejemplo el final del segundo capítulo con ese desasosegante sonido de los radiómetros que parecen a punto de estallar.

En ocasiones la serie emplea un lenguaje un tanto técnico o se refiere a procesos físicos que no son sencillos de comprender, al menos para quien no tenga ni la más remota idea acerca de la energía nuclear, como es mi caso. Pero con las explicaciones que nos van dando los científicos que aparecen en pantalla, especialmente Legasov, se puede llegar a entender cómo funciona una central nuclear o el por qué estalló el núcleo de la de Chernóbil, lo cual es otro punto a favor de la serie, que logra hacer comprensible y accesible para todos algo tan complejo. Porque supongo que lo que nos cuentan sobre todo ello es real, o al menos no contiene incoherencias ni errores graves.

Por citar algún aspecto negativo de la serie, diría que el retrato que hace de la Unión Soviética probablemente esté cargado con algún que otro cliché y no sea tan veraz como pretende, algo quizás inevitable al ser esta una producción norteamericana, aunque todo lo que se refiere al secretismo y a la obsesión por aparentar que el modelo comunista era el mejor sí que me parece completamente verosímil. Pero tampoco estamos ante un documental y, como serie, es lógico que se tome ciertas licencias narrativas a la hora de exponer los hechos reales. Y así funciona de maravilla por todo lo que ya he escrito, te implica en lo que ves y consigue que te enganches al relato por lo bien dosificado y narrado que está, pese a lo duro que resulta ver y escuchar todo lo que aquí se nos cuenta. Así que sí, a día de hoy yo también creo que Chernobyl es la mejor serie de 2019… y muy probablemente lo siga creyendo el día 31 de diciembre.

Ya he estado en terreno peligroso otras veces. De hecho, es donde estamos todos ahora, por nuestros secretos y mentiras. Son prácticamente lo que nos define. Porque cuando la verdad ofende, mentimos y mentimos hasta que dejamos de recordarla… pero sigue estando ahí.
Y cada mentira que contamos es una deuda con la verdad, que tarde o temprano tendremos que pagar.

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