Dolor y gloria


Título original:
Dolor y gloria
Duración: 1hr 48mins
País: España
Año: 2019
Director: Pedro Almodóvar
Guionistas: Pedro Almodóvar
Reparto: Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Asier Flores, Penélope Cruz, Nora Navas, Leonardo Sbaraglia, Julieta Serrano, Raúl Arévalo, César Vicente, Pedro Casablanc, Cecilia Roth, Susi Sánchez, Julián López, Rosalía
Género: Drama.
Mi puntuación:  8 / 10

En su nuevo trabajo, Pedro Almodóvar nos presenta la figura de Salvador Mallo (Antonio Banderas), un veterano director y guionista de cine al que sus problemas de salud le impiden seguir dirigiendo películas. Así, al tener la mente menos ocupada al verse sin nada a lo que dedicar su tiempo, comienza a recordar muchos momentos de su vida, especialmente de su infancia, entrando en una etapa de “autoconfesión” en la que se dará cuenta de lo vacío que se siente cuando no puede trabajar y de lo mucho que necesita escribir, aunque solo sea a modo de terapia a través de la cual expresar sus dudas y sus miedos.

«¡Qué lenta es!», se quejaba una señora que estaba sentada un par de butacas a mi izquierda (y que no paró de comentar cada detalle de la película con su amiga, cuando luego quizás ella sea la primera en hablar de la falta de educación de la gente joven). Y sí, es verdad que quien vaya al cine buscando ritmo, tensión, risas o acción, mejor que se meta en otra sala. Porque en este filme no “pasa” gran cosa, la propuesta de Almodóvar va en una línea totalmente reflexiva, pero eso no significa que sea aburrido en absoluto. Al menos a mí me ha entretenido e interesado durante todo su metraje.

Esas reflexiones que mencionaba giran sobre temas a los que, en mayor o menor medida, ya se ha acercado el realizador manchego en anteriores ocasiones: la enfermedad, las adicciones (pero no solo a las drogas, también al trabajo y a las propias personas), la vejez, el (des)amor, la soledad, la pasión por el arte, la vida rural (y pobre), los peligrosos años 80 madrileños e incluso la religión. Pero, sobre todo, los dos temas centrales que aborda, con gran cariño y respeto, son la infancia y la importancia esencial que tiene la figura materna en esa etapa. A ello se acerca a través de los recuerdos de la niñez que va narrando el protagonista, unas vivencias que nos muestran cómo veía y descubría la vida ese chiquillo tan inocente e imaginativo como lo hemos sido todos a su edad, destacando entre estas escenas la de su despertar sexual, expuesto con gran naturalidad y sensualidad pero alejado de cualquier tipo de morbo.

Y ya está, eso es “todo” lo que cuenta, pero es que eso es mucho. Almodóvar consigue que en todo momento te importen las vivencias, los sentimientos y los temores del protagonista, que empatices con él, porque probablemente tú también hayas atravesado algunas situaciones y tenido pensamientos muy similares a los suyos. De hecho, creo que hay mucho de autobiografía (o de autoficción, como dice el protagonista en la película) en lo que vemos. Además, nos ofrece algunas escenas realmente emotivas como el reencuentro de Salvador con su gran amor de la juventud (y quizás el único que ha sentido y le ha marcado de verdad), o las secuencias que comparte con su anciana madre (espléndida Julieta Serrano) poco antes del fallecimiento de esta, que lejos de parecerme tristes o melancólicas me han resultado muy entrañables y sinceras.

El reparto, en el que figuran muchos rostros que ya han trabajado con Almodóvar anteriormente aunque en esta ocasión algunos de ellos apenas se dejen ver en una o dos escenas (como la mencionada Julieta Serrano, Cecilia Roth, Raúl Arévalo o Susi Sánchez), brilla a gran nivel, empezando por un Antonio Banderas que parece imitar en ciertos gestos al propio director manchego y que es capaz de mostrar en su personaje tanta vulnerabilidad como determinación, en función del momento en el que se encuentre Salvador en ese “ascensor” existencial cargado de altibajos (más bajos que altos) que atraviesa. Banderas está perfectamente secundado por Penélope Cruz o Nora Navas pero, sobre todo, por un intenso Asier Etxeandia (especialmente en un largo monólogo que su personaje representa en un teatro) y por un conmovedor Leonardo Sbaraglia en su breve pero trascendental intervención. Y cómo olvidarme del niño Asier Flores, todo un descubrimiento que derrocha naturalidad y expresividad, sobre todo en su mirada.

Hasta ahora, en todas las películas que había visto del director siempre había encontrado un punto de exceso o de “rareza” que me distanciaba un poco de lo que veía, aunque eso no me impidiera disfrutar de varios de sus trabajos. Sin embargo, en Dolor y gloria no he encontrado nada parecido, no es nada “almodovariana” en ese sentido, pero paradójicamente puede que se trate de la propuesta más personal de su filmografía en casi todos los demás aspectos. Sea como sea, a mí me ha hecho sentir, emocionarme a ratos y pensar, que es de lo que se trataba en este caso, así que las entusiastas críticas que está recibiendo me parecen más que merecidas.

Son tus ojos los que han cambiado en estos años,
la película es la misma.

PD: termino con un breve comentario sobre el sorprendente y “juguetón” final del filme, aviso de SPOILER:
(para leerlo hay que seleccionar el texto que hay a partir de las flechas rojas, que está oculto para evitar lecturas “accidentales”; es solo un párrafo)

⇒⇒⇒ Me ha encantado ese “truco” que se saca de la manga Almodóvar en la última secuencia, en la que convierte todos los recuerdos de la infancia de Salvador que habíamos ido viendo en un ejercicio de puro metacine. Es como si hubiera hecho dos películas en una y, además, con ello “soluciona” una de las cosas que más me habían chocado del filme, aunque no fuera un elemento importante en la narración: ¿cómo era posible que la madre de Salvador tuviera los ojos claros cuando era anciana (Julieta Serrano) y oscurísimos cuando era joven (Penélope Cruz)? Pues porque nunca vemos a la madre cuando era joven, lo que creíamos que eran los recuerdos de la mente de Salvador mostrados en pantalla eran en realidad escenas del rodaje de su nueva película, basada en sus propias vivencias de niño. Genial recurso.

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