Mula


Título original:
The mule
Duración: 1hr 56mins
País: Estados Unidos
Año: 2018
Director: Clint Eastwood
Guionistas: Sam Dolnick, Nick Schenk
Reparto: Clint Eastwood, Bradley Cooper, Dianne Wiest, Alison Eastwood, Taissa Farmiga, Michael Peña, Laurence Fishburne, Eugene CorderoIgnacio Serricchio, Andy Garcia, Clifton Collins Jr., Lobo Sebastian, Manny Montana, Paul Lincoln Alayo, Robert LaSardo, Saul Huezo, Noel Gugliemi, Victor Rasuk
Género: Drama. Crimen. Thriller.
Mi puntuación:  7 / 10

Earl Stone (Clint Eastwood) es un hombre de casi 90 años que, pese a su edad, continúa dedicándose meticulosamente a su negocio de jardinería, aunque últimamente está atravesando unos serios problemas económicos que pueden obligarle a tener que cerrar su pequeña empresa. Por ello, cuando un amigo de su nieta (Taissa Farmiga) le propone un trabajo tan aparentemente sencillo como conducir su vieja furgoneta desde un punto de recogida a uno de entrega, no duda en aceptarlo, aunque lo que nadie le ha dicho es que lo que va a transportar es cocaína y que sus “empleadores” son del cartel mexicano de Sinaloa, que ven en su inocente aspecto y condición de anciano el perfecto medio para mover su mercancía por las fronteras norteamericanas sin levantar sospechas. Este es el argumento del nuevo filme del gran Clint Eastwood, basado parcialmente en la historia real de Leo Sharp.

Empezando por comentar lo más flojo de la película, algo que se percibe casi desde su comienzo, el guión no parece excesivamente trabajado. Varios de los aspectos clave de la historia como, por ejemplo, la investigación policial de la DEA que lidera el agente al que interpreta Bradley Cooper, la forma en la que este logra hacerse con un “soplón” del cartel, la lucha por hacerse con el poder de dicho cartel o, sin ir más lejos, la propia forma en la que el protagonista se introduce en este “mundo” del narcotráfico, están narrados de una manera tan sencilla que bien podría afirmarse que el guión peca de ramplón o simplón.

Aparentemente ese sería un defecto muy importante en cualquier filme pero, sin embargo, Eastwood consigue que te enganches a la historia. Por el encanto del que dota al protagonista con su interpretación, por su tranquila pero directa labor de dirección, por la acertada selección musical de canciones que se van escuchando a lo largo de la película (algunas de las cuales propician momentos bastante divertidos), por cierto tono irónico que aunque sea de forma muy secundaria parece estar siempre presente en el relato o, también, porque es capaz de generar al espectador ciertas expectativas por ver cómo terminará resolviéndose todo, como debería lograr todo buen thriller que se precie de serlo.

Asimismo, la subtrama que narra las relaciones familiares del protagonista me ha gustado bastante, con algunos momentos muy emotivos como una de las últimas escenas que protagoniza junto a su ex-esposa (Dianne Wiest). Aunque en realidad quizás sea esta la trama principal, dada la importancia que tiene en la historia, que en el fondo es un relato de redención en el que una persona que ya ve cercanos sus últimos días intenta corregir como puede sus grandes errores del pasado (principalmente, anteponer el trabajo a su familia, algo que no para de recalcarse durante todo el metraje, puede que de forma un tanto repetitiva) y buscar antes de que sea demasiado tarde una reconciliación con las personas que más le importan, de las que tanto se ha distanciado por el daño que les ha hecho. Especialmente a su hija, interpretada por su propia hija en la vida real (Alison Eastwood), con lo que quizás esa búsqueda del perdón de su personaje también tenga algo de autobiográfico.

Eso sí, por muy encantador que sea el protagonista no hay que olvidar lo que está haciendo conscientemente, porque está perfectamente lúcido pese a su edad. Y su simpatía y bondad no le impiden transportar cientos de kilos de cocaína que a saber cuántas vidas pueden llevar a la ruina, por más que él no la venda directamente. Aunque sus razones puedan ser comprensibles, sus actos no son en absoluto defendibles, el fin que persigue no justifica los medios utilizados para lograrlo (¿por salvar su familia, acepta la posibilidad de destrozar muchas otras?). Es en cierta manera lo mismo que sucedía con el inolvidable personaje de Walter White en esa obra maestra de la televisión que es Breaking bad, aunque obviamente expuesto aquí de forma mucho menos compleja y profunda. Pero el conflicto moral es el mismo.

Y Clint no se moja, de hecho incluso podríamos decir que es benevolente con la figura del octogenario delincuente, pero es que esa es parte de las “moralejas” que parece querer contarnos: por un lado, que las apariencias engañan (lo que también le lleva a denunciar muy superficialmente algunas situaciones de racismo) y, por otro, que nunca es tarde para intentar arreglar las cosas, pero que no todo sirve para lograr ese propósito. El veterano director deja que sea el espectador sea quien saque sus propias conclusiones, aunque estas son evidentes.

Así que con nada menos que 88 años, Eastwood sigue dando muestras de tener cuerda mientras su cuerpo aguante, pese a que sus anteriores filmes no hayan sido precisamente memorables. Aunque tampoco me parecieron malas películas, creo que Mula es lo mejor que ha rodado desde Gran Torino. Así que ojalá que este no sea su último trabajo, aunque por ahora no tenga ningún nuevo proyecto en ciernes.

Tienes razón, pensaba que era mejor ser alguien importante ahí fuera que ser el maldito fracasado que era en mi propia casa.
Pero, por si sirve de algo, lo siento mucho por todo.
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