Free solo




Título original:
Free solo
Duración: 1hr 37mins
País:
Estados Unidos
Año: 2018
Directores: Jimmy Chin y Elizabeth Chai Vasarhelyi
Género: Documental.

Mi puntuación:  7,5 / 10


 

Reciente ganador del Oscar al mejor documental, Free solo nos presenta la figura de Alex Honnold, un joven norteamericano que se dedica a la escalada en solitario libre o ‘solo integral’ (‘free solo’ en inglés) y que fue el primero en lograr ascender así la imponente pared vertical de El Capitán del Parque de Yosemite. Este tipo de escalada va más allá de la escalada libre «normal», ya que quien practica la «normal» no cuenta con ningún tipo de ayudas para realizar la ascensión, ni cuerdas ni arneses ni cuñas ni nada parecido, pero sí para protegerse en caso de que se resbale o caiga. Pero en la modalidad ‘solo integral’ que veremos aquí, el escalador ni siquiera tiene esos elementos para salvar una posible caída puesto que trepa o escala únicamente con la ayuda de sus manos y pies, sin nada que le proteja ni «ate» en caso de que algo falle. Una auténtica locura.

El documental comienza explicando rápidamente en qué consiste este tipo de escalada, los evidentes peligros que conlleva y mencionando algunos de los nombres más importantes de esta disciplina (varios de ellos fallecidos mientras la practicaban), como por ejemplo Tommy Caldwell, que ayudará a Alex en su objetivo de escalar El Capitán, o ‘El Cap’ como lo llaman ellos. A la vez también va exponiendo la personalidad de Alex, cómo se adentró en este mundillo y las motivaciones que le llevaron a dedicar su vida a una actividad tan peligrosa, algo que la mayoría de los mortales vemos como una auténtica insensatez, o estupidez incluso, pero con la que él disfruta plenamente y sin la cual no se sentiría realizado. Más allá de que obviamente este chico tiene una agilidad, fuerza y resistencia fuera de lo normal, de auténtico atleta de élite, lo que me ha parecido más curioso de todo el «estudio» que se hace de Alex es el momento en el que se presta a realizar un escáner de su cerebro para ver si es que hay algo en él que «no funciona» correctamente. Y, sorpresa, los resultados reflejan que su amígdala necesita muchísima más estimulación para reaccionar y sentir emociones que la de la inmensa mayoría de las personas. Lo cual además puede explicar que se muestre tan insensible e impávido en las escenas que vemos de su vida más privada.

También iremos asistiendo paso a paso a todos los preparativos que hizo Alex para escalar la intimidante pared vertical de ‘El Cap’, cómo estudiaba concienzudamente cada tramo de la ascensión, cada grieta por la que subir, las zonas más peligrosas o las técnicas y pasos más adecuados para intentar escalar de la forma más ¿segura? posible. Está bien saber que al menos no lo hace a lo loco sino que trabaja mucho el terreno antes de intentarlo. Muy interesante asimismo es la cuestión que se plantea de que si asciende mientras sus amigos le graban (entre ellos uno de los directores del documental, Jimmy Chin) sentirá más presión al ver que hay gente a la que aprecia que podría pasar muy mal rato si se produjese algún percance, lo cual podría traducirse en una menor concentración en sus propios movimientos que podría resultar fatal, al estar pendiente de otras personas.

Y esto nos lleva a ver la relación que mantiene con su novia Sanni McCandless, que antes de cada ascensión intenta aparentar tranquilidad para no cargarle con más presión aún pero que en su fuero interno (y externo, como cuando se derrumba delante de la cámara en una emotiva escena en el coche) no puede evitar pensar que a lo mejor es la última vez que le ve con vida. Por otra parte, alternándose con todo esto, veremos algunos detalles de su vida en pareja que sirven para definir aún mejor la peculiar forma de ser de Alex, como por ejemplo la diferente forma en la que vive cada uno un momento tan importante como la compra de la casa en la que vivirán juntos (ella emocionadísima y pensando en cómo amueblarla, él con su sempiterna inexpresividad comentando -en serio- que le bastaría con dormir en la alfombra). Cuanto menos curioso, es una relación amorosa atípica por ambas partes.

Y así llegamos al momento cumbre, el de la escalada. Durante ella hay varias secuencias de una tensión absoluta y espectaculares escenas que dan auténtico vértigo, grabadas desde ángulos imposibles que muestran a la perfección la belleza del paisaje que se ve desde esas alturas… y la fatal caída que puede sufrir Álex como cometa el más mínimo error. Y es asombroso ver cómo él incluso se ríe y saluda a cámara después de llevar un montón de minutos escalando y haciendo esfuerzos descomunales, como si no percibiese el peligro mortal al que está expuesto, mientras quienes controlan los drones o los que le graban desde el suelo están pasando un angustioso rato temiendo por su vida. Todo ello, además, está muy bien acompañado por la música de Marco Beltrami, que sabe ser discreta pero también contribuir a la tensión desde un segundo plano.

Pese a todo lo positivo que he comentado, extrañamente le falta un poco de emoción para llegar al nivel de grandeza de otros documentales «vertiginosos» como Man on wire o «montañeros» como Tocando el vacío, puede que porque ya sabemos que va a conseguir la hazaña (de lo contrario hubiera sido un documental muy morboso o incluso gore) o quizás porque el protagonista es un tipo tan frío, casi diría que soso aunque también tiene sus puntos ocurrentes, que a lo mejor le resta un poquito de interés a su figura desde el punto de vista narrativo, por más que sus gestas sean realmente épicas. Pero aun así merece mucho la pena verlo.

Imagina que durante toda la escalada tienes que mantener el nivel que se necesitaría para ganar un oro olímpico. Y que, si no consiguieses esa medalla, morirías. Pues así es hacer un solo integral en ‘El Cap’.

(Tommy Caldwell tratando de explicar la dureza de lo que intenta hacer Alex)

Yo no intento suprimir mi temor, lo que trato de hacer es expandir mi zona de confort practicando los movimientos una y otra vez, trabajando ese temor… hasta que ya no me da miedo.

(interesantísima reflexión de Alex Honnold, que podríamos aplicar a muchos otros ámbitos de la vida)

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