Green Book


Título original:
Green Book
Duración: 2hrs 10mins
País: Estados Unidos
Año: 2018
Director: Peter Farrelly
Guión: Nick VallelongaPeter FarrellyBrian Currie
Reparto: Viggo MortensenMahershala AliLinda CardelliniDimiter D. MarinovMike HattonSebastian ManiscalcoDon DiPetta, Frank Vallelonga, Jenna LaurenzoIqbal ThebaJoe CorteseNinja N. Devoe
Género: Drama. Comedia.
Mi puntuación:  8,5 / 10

Tony ‘Lip’ Vallelonga (Viggo Mortensen interpreta a este personaje que existió en realidad), es el prototipo de italoamericano que vivía en el Bronx a principios de los años 60, un tipo que había pasado por montones de trabajos haciendo un poco de todo (en la vida real incluso fue un actor que hizo de extra en El Padrino y que posteriormente tuvo algún papel de más relevancia, como en la serie Los Soprano), aunque en esa época trabajaba como encargado del popular cabaret Copacabana. Cuando este local cierra unos meses por reformas, y ante la necesidad urgente de ganar dinero para mantener a su esposa (Linda Cardellini) y sus dos hijos, acude a una entrevista para hacer de chófer y asistente personal de un talentoso pianista afroamericano llamado Don Shirley (Mahershala Ali da vida a un músico que también «fue real») durante su gira por el sur de Estados Unidos. Éste decide contratar a Tony porque en su viaje necesitará no solo un conductor que le lleve de un sitio a otro, sino también a alguien que sea capaz de protegerle, ya que en aquella época y en esa zona del país el racismo estaba muy presente. Así, esta extraña pareja que no tiene apenas nada en común se embarcará en un viaje de dos meses en el que cada uno aprenderá valiosas lecciones del otro.

Lo primero que hay que decir de Green Book es que no va a sorprender a nadie. Es fácil adivinar en mayor o menor medida casi todo lo que va a suceder en ella porque no es una historia precisamente original, pero aun así consigue que disfrutes viendo el viaje de los dos protagonistas, que te rías unas cuantas veces con sus ocurrencias, conversaciones y vivencias e incluso, en algunos momentos dados, logra que te emociones un poco de forma sencilla y natural, sin artificios de ningún tipo. Es decir, que tiene vida, te hace sentir cosas. Y es un filme de tono muy amable, que desde el principio a mí me ha transmitido un aire clásico, un «regusto» a películas de esas que ya no se hacen. La impecable ambientación sesentera también contribuye a dar esa sensación.

Obviamente, lo curioso del filme es ver cómo Tony y Don se van adaptando a la convivencia mutua, más aún cuando inicialmente la química entre ambos personajes es nula, tan solo les une el interés profesional. Y es que Tony es un tipo callejero, curtido, dicharachero y noble, de los que van de frente y que a veces pecan de impulsivos, aunque también tiene unos cuantos prejuicios racistas. Por su parte, Don es un hombre muy refinado, brillante, serio y pensativo, además de solitario y melancólico (cuando avanza el filme sabremos el por qué de su tristeza, especialmente tras un giro que quizás sea el que menos me ha gustado de la película porque me parece que recarga a ese personaje de «problemas» y ni siquiera está claro si en la realidad fue así).

Pero poco a poco pasa lo que era evidente que iba a pasar, que ambos empiezan a congeniar, a ceder algo en su comportamiento y en su manera de entender las cosas, a la vez que aprenden e incluso admiran algunas cualidades de su compañero. Esto no ocurre «de repente», va dándose como sucede también en la vida real: primero con una conversación trivial sobre música, luego con otra sobre el Kentucky Fry Chicken, etc. Y así, paso a paso, van abriéndose el uno al otro, empatizando cada vez más, cogiéndose gran afecto e incluso queriendo aconsejar y ayudar a que el otro se sienta mejor en sus momentos malos. Mientras Don aprende a tomarse todo menos en serio, incluido a sí mismo, Tony aprende a comportarse de forma más cívica y a pensar más en los sentimientos de los demás, por poner un par de ejemplos, así que ambos saldrán muy enriquecidos de sus largos trayectos en coche. Todo ello está narrado de forma absolutamente creíble y veraz, no hay apenas situaciones forzadas o conversaciones que no parezcan auténticas.

Y en eso ha tenido que ver mucho la pareja de actores protagonistas. Mahershala Ali ya lleva unos años demostrando ser un pedazo de actor, aunque a menudo en roles más secundarios, y aquí sigue en su línea transmitiendo un montón de sentimientos a través de una actuación muy contenida. Suyos son los momentos más emotivos, como aquellos en los que su personaje reflexiona sobre la soledad o acerca de lo difícil que era para alguien como él (un «negro culto») encajar tanto entre blancos como entre negros. Así que si gana su segundo Oscar, como creo que sucederá, será de forma tan merecida como el que se llevó hace un par de años por su excelente trabajo en Moonlight. Pero Viggo Mortensen está incluso mejor que él (aunque difícil tiene lo del Oscar compitiendo con Christian Cheney Bale y Rami Mercury Malek), y eso que a priori no pega mucho como italiano y choca verle tan fondón y con barriga. Aunque en seguida convence, ayudado por su vestimenta (con esas camisas, colgantes y camisetas interiores tan características de los italoamericanos de la época) y su pelo engominado, gracias a sus gestos, su acento, su forma de hablar (bien) el italiano y, sobre todo, al gran carisma que tiene, gracias al cual consigue que su personaje caiga simpático rápidamente pese a sus obvios defectos. Por si fuera poco, demuestra tener grandes dotes para resultar divertido e incluso hacer reír sin protagonizar escenas puramente cómicas.

Además, la película también expone el grave problema de racismo que se daba en el sur estadounidense en aquellos años 60. Y lo hace de forma igualmente sencilla y natural, sin centrar la narración en ese aspecto pero teniéndolo siempre de fondo, ya que durante su gira Don no solo sufrió insultos (y cosas peores) de los típicos borrachos o «malotes» de los bares de poca monta, sino también el desprecio de gente de la alta sociedad, incluso de aquellos para los que luego iba a tocar. Curioso también conocer lo del ‘Green Book’ del título, que al parecer era una especie de guía en la que constaban todos los alojamientos de esa zona del país en los que la gente negra podría descansar sin tener que enfrentarse a desaires ni problemas. Eso da una buena idea de cómo estaba el asunto por allí.

Como escribí al principio, en realidad Green Book no tiene nada particularmente especial o que no se haya visto antes en otras historias, pero quizás es que justo cuando la vi necesitaba algo así, presenciar un «cuento bonito», divertido y optimista, cargado de frases «inspiradoras» y que sobre todo contagiase buen rollo. O puede que, como no ha habido ninguna película de 2018 que en mi opinión estuviera muy por encima de otras aunque sí que haya visto unas cuantas notables (ya las he ido comentando aquí), esta me haya parecido mejor en comparación con ellas. La cuestión es que para mí esta es la mejor del año pasado y la que volvería a ver con más ganas, algo impensable a priori teniendo en cuenta que su director es uno de los hermanos Farrelly, aquellos que han rodado comedias tan horrorosas como Dos tontos muy tontos, Vaya par de idiotas o Yo, yo mismo e Irene. De su filmografía solo se salvaba hasta ahora, y siendo un poco indulgente, Algo pasa con Mary. Pero ya digo, hasta ahora. Porque Green book es otra cosa muy distinta, a todos los niveles.

El mundo está lleno de gente solitaria que teme dar el primer paso.

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