The guilty



Título original:
Den skyldige
Duración: 1hr 25mins
País: Dinamarca
Año: 2018
Director: Gustav Möller
Guión: Gustav MöllerEmil Nygaard Albertsen
Reparto: Jakob CedergrenJessica DinnageKatinka Evers-JahnsenJohan OlsenOmar ShargawiJacob LohmannMorten ThunboMaria Gersby
Género: Thriller.
Mi puntuación:  8 / 10

Un buen actor, una serie de llamadas telefónicas y un trabajadísimo guión. Eso es todo lo que necesita el novel director y guionista Gustav Möller para mantener al espectador completamente absorto y tenso durante los 85 minutos que dura The guilty, demostrando que cuando se tienen las ideas claras y el ingenio adecuado no hacen falta muchos medios para crear un auténtico peliculón. Todo lo contrario de lo que ofrecen esos blockbusters que cuestan millones y millones de dólares, que poseen unos efectos especiales despampanantes y una duración desmesurada… y que el público olvida casi en el mismo instante en el que terminan. Si es que consigue aguantar hasta el final sin dormirse.

Y eso que aquí, durante prácticamente todo el filme lo único que veremos en pantalla serán los primeros planos de un policía llamado Asger (Jakob Cedergren), al que han «degradado» a atender las llamadas telefónicas del servicio de emergencias tras haber sido suspendido de su trabajo habitual a causa algún incidente en el que se vio envuelto mientras patrullaba las calles. Como la mayoría de las llamadas que recibe son de situaciones rutinarias y fáciles de resolver, su nuevo trabajo le resulta más bien aburrido, hasta que recibe una extraña llamada de una mujer llamada Iben (a la que da voz Jessica Dinnage) que parece estar viviendo una situación desesperada.

A partir de ese momento, que se da casi nada más empezar la película, la tensión no desaparecerá en ningún instante porque el protagonista comprende la angustiosa y peligrosa situación en la que se encuentra esa mujer y no puede conformarse con derivar su llamada al departamento que se debe encargar presencialmente del caso. Él quiere actuar, como buen policía que es (o parece ser), no quedarse solamente esperando a que otros resuelvan la situación, porque además tiene un punto (grande) de orgullo y de superioridad que le hace pensar que esos otros lo harán peor de lo que lo haría él si pudiera. Pero no puede, o mejor dicho debe, hacer nada porque su nuevo trabajo consiste únicamente en atender las llamadas y remitir los casos a quien corresponda, así que su impotencia y frustración van creciendo minuto a minuto al verse relegado a estar sentado en su silla esperando nuevas informaciones de la situación. Porque además, Iben vuelve a llamar varias veces a emergencias y la pobre mujer cada vez parece estar en peor tesitura.

La inquietud e incertidumbre que logra transmitir el director con algo tan simple como una sucesión de llamadas telefónicas es increíble, sobre todo por la capacidad que tiene para hacer que el espectador imagine las cosas que están ocurriendo sin que pueda verlas, solo mediante descripciones verbales (telefónicas). Y eso es mérito de lo que ya escribí al principio: de un detallista y ocurrente guión capaz de hacer que todo resulte tan vívido como si lo estuviéramos viendo y no solo escuchando, y de un buen trabajo del actor Jakob Cedergren, que es capaz de reflejar la ansiedad y el nerviosismo que siente su personaje a través de una actuación contenida pero intensa y de aguantar perfectamente los innumerables primeros planos a los que le «somete» la cámara.

La trama se desarrolla con absoluta credibilidad durante los primeros 50 minutos, no solo te hace pasar un mal rato de nervios sino que además te hace pensar que algo así puede ocurrir en la vida real. A partir de ahí sucede alguna cosa que le resta un poco de verosimilitud (como lo de colgar dos veces a una misma llamada de emergencia, encima faltando con prepotencia al respeto de quien llama) pero no de interés ni tensión y, además, en ese tramo también se da un giro de guión acertadísimo en mi opinión, que te hace reflexionar acerca de aquello de juzgar las cosas antes de tiempo, solo por su apariencia o por los prejuicios que tenemos, sin antes tener unos datos sólidos que apoyen nuestra opinión o decisión. Además, en ese tercio final también comprenderemos el por qué se ha involucrado tanto el protagonista en este caso, algo que el guión introduce a la perfección en la historia. No diré más por no hacer spoiler, solo comentaré que el sentimiento de culpa quizás tenga más que ver en ello que la empatía o las ganas de ayudar a los demás.

En realidad no es una película innovadora ni es una idea original esta de construir una historia a base de llamadas, me vienen a la cabeza por ejemplo la notable Locke (de la que escribí aquí en su día) o el recientemente nominado al Oscar al mejor cortometraje de ficción Madre, de Rodrigo Sorogoyen, pero eso no le resta mérito alguno. Al contrario, creo que hasta ahora es la que mejor ha desarrollado ese punto de partida, la que más partícipe hace al espectador y la que más le mete en la trama precisamente por eso mismo, porque le exige que ponga algo muy importante de su parte: la imaginación. De hecho, diría que es imposible que dos espectadores hayan «visto» la misma película, porque cada cual «visualizará» los hechos (algunos de ellos, realmente terribles) de una forma distinta en su cabeza.

Además creo que tiene un final excelente y una duración perfecta para la historia que cuenta, ya que si se hubiera alargado a las 2 horas probablemente habría tenido que recurrir a giros cada vez menos creíbles. Aunque casi me ha dejado con ganas de saber más acerca del protagonista, de ver más en acción a este hombre que tan mal rato ha pasado y nos ha hecho vivir, porque es un personaje interesantísimo y repleto de contrastes y claroscuros. Y que una película te deje con esa sensación al terminar es algo muy pero que muy bueno, es algo que muy pocas las que lo consiguen, al menos en mi caso.

Lo hice porque… podía.

 

 

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