El vicio del poder


Título original:
Vice
Duración: 2hrs 12mins
País: Estados Unidos
Año: 2018
Director: Adam McKay
Guión: Adam McKay
Reparto: Christian BaleAmy AdamsSteve CarellSam RockwellTyler PerryJesse PlemonsAlison PillLily Rabe, Shea WhighamLisaGay HamiltonDon McManusJustin KirkEddie MarsanJohn HillnerBill CampKirk BovillSam MassaroPaul YooAlexander MacNicollCailee SpaenyAlfred MolinaNaomi Watts
Género: Biográfico. Drama. Comedia.
Mi puntuación:  7,5 / 10

Ya empiezan a llegar a nuestros cines algunas de las películas más premiadas del recién terminado 2018 como por ejemplo El vicio del poder, la biografía del controvertido Dick Cheney, que llegó a ser Vicepresidente de Estados Unidos en el gobierno de George W. Bush tras una larga trayectoria política en la que también formó parte de otros dos gobiernos, el de Bush padre y el de Gerald Ford, muchos años antes. Aunque si por algo ha llamado la atención este filme casi desde que se empezó a rodar es, antes que nada, por la enésima y radical transformación física que realizó Christian Bale para dar vida al protagonista, ayudado por un excelente trabajo de maquillaje, eso sí. Y también impactó bastante ver lo rápido que ha vuelto a su aspecto más normal cuando recogió el Globo de Oro hace unos días. Sus análisis médicos, con tanto cambio de peso, de grasa y de musculatura, tienen que ser un espectáculo.

Pero la actuación de Bale no es solo digna de cualquier galardón de este año, con permiso de Rami Mercury Malek, por su cambio físico. También lo es porque su interpretación resulta tan convincente que logra que nos olvidemos por completo del actor y en pantalla veamos únicamente a Cheney. Parece algo obvio o una tontería esto que digo, pero no siempre es fácil para las estrellas tan mediáticas como él conseguir que el público separe su imagen de la del personaje que interpreta. Y aquí lo consigue totalmente, componiendo a base de esclarecedoras miradas, gestos y formas de hablar un personaje tan frío, inteligente, calculador y ambicioso como podría ser el político norteamericano. No tengo ni idea de si Cheney es así realmente pero me da que muy lejos no andará y, de todos modos, el tipo al que da vida Bale representa de maravilla la figura de uno de los hombres más poderosos del mundo, que en definitiva es de lo que quiere hablarnos la película. Junto a él tenemos a un buen elenco de secundarios liderados por una correcta Amy Adams en el rol de su mujer Lynne (aunque sin mucho espacio para el lucimiento, pese a la cantidad de nominaciones que ha recibido), un acertado Steve Carell como el no menos polémico Donald Rumsfeld y, sobre todo, un divertido Sam Rockwell convertido en el ya mencionado George W. Bush y haciendo de él casi una caricatura.

Aunque el personaje de Bush no es el único que transmite comicidad, en toda la narración hay un evidente toque humorístico y el director Adam McKay incluso se permite alguna licencia “de autor” como poner irónicamente un falso y bonito final a mitad del filme, cuando Cheney parecía abandonar la política. Todo ello con el objetivo, supongo, de aligerar un poco la dureza y el cabreo que podrían provocar en el público muchas de las frases, decisiones y actuaciones de la mayoría de los políticos que aparecen en pantalla, que maldita la gracia que tuvieron si fueron mínimamente parecidas en la realidad. Porque ver cómo estos mandamases podían decidir sin preocupación alguna acerca de la vida de miles de personas, como por ejemplo las de los civiles iraquíes bombardeados en una guerra comenzada casi por capricho (luego vuelvo sobre ella), son barbaridades que dan auténtico miedo. Y ya sabemos que la realidad siempre supera la ficción, así que…

La historia se va narrando a base de flashbacks que muestran la “descarriada” juventud del protagonista, sus inicios en la política, su ¿amistad? con Rumsfeld o su paso por los diversos gobiernos republicanos, hasta llegar al momento cumbre en el que Bush hijo contacta con él cuando ya parecía estar retirado. A partir de ahí el filme se torna aún más interesante, e indignante también, ya que en ese encuentro el veterano Cheney, según nos narra el filme (y, repito, me puedo creer totalmente que así sucediera en la vida real), vio a un inexperto y poco avispado personaje al que podría manejar casi a su antojo para ser él quien realmente moviese los hilos de la nación más poderosa del mundo. Así que se lanzó de cabeza a por ello, porque hay que reconocer que el protagonista era determinado y resuelto como pocos y que tenía bien claro lo que quería y cómo podía lograrlo, algo que digno de admirar pero que ojalá hubiera enfocado en otros objetivos.

Varios meses después de ello, y de forma muy resumida, Al Qaeda estrelló los aviones en las Torres Gemelas y con esa “excusa” Cheney apoyó el comienzo de la Guerra de Afganistán y, sobre todo, comenzó a instigar la de su principal objetivo, Irak, con motivos no muy claros (la existencia no probada de armas de destrucción masiva) al no poder relacionarlo claramente con la mentada Al Qaeda. Casualmente, como también nos cuenta la película, hasta que regresó a la actividad política Cheney había dirigido una empresa petrolera llamada Halliburton que, casualmente también, incrementó muy considerablemente su valor accionarial tras la mencionada Guerra. Aunque como yo disto mucho de ser un experto en estos temas y tampoco quiero ahondar en desagradables y controvertidos asuntos políticos, si queréis indagar más en Google tenéis montones de noticias sobre esto.

El vicio del poder expone todo lo anterior como si fuera una ficción basada en hechos reales, aderazada con el toque humorístico que ya comenté antes, resultando así una película bastante entretenida durante la mayor parte de su largo metraje. Me atrevería a recomendarla incluso a quienes no disfruten de filmes de esta temática, ya que sin ser en absoluto redonda porque ciertas cuestiones (como el ascenso político del protagonista) se retratan de forma bastante simple y algunas subtramas (la del narrador o la de otros personajes del entorno familiar de Cheney) no son muy interesantes, la historia central tiene muy buen ritmo fruto de una gran labor de montaje, presenta unos cuantos momentos divertidos (aunque quizás no te hagan reír sino más bien maldecir a los tipos que estás viendo) y una considerable cantidad de diálogos tan ocurrentes como críticos con los personajes que los pronuncian. Probablemente será de lo mejor de 2018, más allá de los premios que reciba.

¡¡Que en qué creemos, dice!! ¡¡Jajajaja!!

 

(A Donald Rumsfeld le da un ataque risa ante tan inocente pregunta del por entonces joven Dick Cheney)
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