Bohemian Rhapsody


Título original:
Bohemian Rhapsody
Duración: 2hrs 14mins
País: Reino Unido
Año: 2018
Director: Bryan SingerDexter Flechter
Guión: Anthony McCarten
Reparto: Rami MalekGwilym LeeBen HardyJoseph MazzelloLucy BoyntonAllen LeechTom HollanderAidan GillenAce Bhatti, Meneka DasPriya BlackburnAaron McCuskerMike Myers
Género: Biográfico. Drama.
Mi puntuación:  8 / 10

Teniendo en cuenta la legión de seguidores que Queen tiene por todos los rincones del mundo, no creo que sea exagerado decir que Bohemian Rhapsody era una de las películas más esperadas de este año. Y ni siquiera las mediocres críticas profesionales que recibió el filme antes de su estreno frenaron el interés y las ganas de verla que había generado. De hecho, tras llegar a los cines, la puntuación que tenía la película en diversas webs cinéfilas fue aumentando con el paso de los días, algo muy curioso porque lo habitual es lo contrario, que cuanta más gente la vea su nota media vaya bajando.

¿Entonces, a qué se debe esa aparente discrepancia entre la valoración de los “expertos” y la opinión de los “simples espectadores”? Creo que la pregunta la podría responder casi cualquiera que ya haya visto el filme, porque lo primero que hay que señalar es que, como película propiamente dicha, no presenta grandes sorpresas ni tiene elementos que la diferencien mucho de otros “biopics” sobre personajes famosos. Como ocurre en casi todos ellos, empieza mostrándonos los más o menos complicados comienzos del gran protagonista en cuestión, en este caso Freddie Mercury, para después ver cómo va mejorando su situación hasta alcanzar el gran estrellato y, una vez allí, mostrarnos los problemas que le hacen caer de ese pedestal al que ha llegado, rematando la historia con la redención y el resurgimiento del personaje. Nada nuevo, nada original. Es más, incluso diría que sus inicios, la manera en que conoció a sus compañeros de Queen, y, sobre todo, el duro trabajo que tuvieron que hacer hasta llegar a ser reconocidos, está narrado de forma tan superficial que casi parece que el éxito les llegó de la noche a la mañana y sin demasiado esfuerzo. En ese arranque es donde el guión tiene más lagunas.

Mejor contada está la parte más dramática de la vida de Freddie. Su descontrolada vida sexual, sus escarceos con las drogas, el abuso del alcohol, las incontables fiestas nocturnas, su facilidad para escoger las peores compañías posibles… y el germen de todo ello, una tremenda falta de autoestima y de seguridad que le impedía confiar en sí mismo (salvo en los asuntos musicales), quizás derivada del hecho de ser homosexual en una familia tan tradicional, estricta y religiosa como la suya. O al menos eso he interpretado yo de los hechos que se ven en el filme. Tampoco es el colmo de la originalidad y de la buena narrativa esta parte, porque no deja de caer en algunos clichés y tópicos (lo de que llueva a cántaros en la escena más triste del filme es un poco de chiste, aunque al final el drama se impone a la lluvia y la secuencia consigue conmover), pero en general es convincente.

Hasta ahora puede parecer que solo he visto defectos en la película, pero nada más lejos de la realidad. Porque todo lo que le he achacado en los párrafos anteriores habría sido un grave problema si lo que hubiera querido ver fuera un documental sobre la vida de los integrantes de Queen. Pero no es así, yo cuando pago una entrada de cine lo primero que busco es evadirme, implicarme en lo que me están contando y sentir o emocionarme de alguna forma con lo que veo… y oigo. Y en eso Bohemian Rhapsody es ejemplar, de ahí que al público le esté gustando tanto en general, creo. Vale que lo consigue en buena parte gracias a un recurso tan simple como el de poner los principales éxitos (o mostrar cómo se gestaron) de uno de los grupos musicales más legendarios que jamás ha existido. Y hay que reconocer que quizás el mejor momento del filme, el tramo final, es un “simple” concierto del grupo en cuestión, sin más. Pero si algún espectador no es capaz de sentir un tremendo y emocionante chute de energía escuchando Bohemian Rhapsody y el resto de canciones de ese concierto de Wembley de 1985, rematado por el impresionante We are the champions y con el motivador Don’t stop me now y la emotiva The show must go on en los créditos finales, es que no tiene sangre en las venas. O que tiene un oído muy desafinado, o un gusto musical lamentable (y ojo, que yo no soy un grandísimo fan de Queen, me gusta bastante su música pero ni siquiera he escuchado toda su discografía).

Puede parecer poca cosa comparado con los defectos que mencioné al principio, pero cada vez son menos las películas que consiguen meter de lleno al espectador en la historia que le están contando y esta lo consigue sin problemas y mucho antes de llegar a ese apoteósico concierto final, aunque ese sea el colofón perfecto y el que te hace salir del cine con una gran inyección de “vida”. Y, obviamente, eso no solo lo logra mediante la música, también mucho ayudan los constantes golpes de humor (casi todos ellos funcionan y te hacen reír pero sin saturar, porque esto no es una comedia) y, sobre todo, los carismáticos personajes que vemos en pantalla, muy bien interpretados por todos los actores. Gwilym Lee como Brian May, Ben Hardy como Roger Taylor, Joseph Mazzello como John Deacon, etc. casi todos tienen sus momentos de interés y lucimiento, y acabas cogiendo cariño a sus personajes en mayor o menor medida.

Aunque al final todos queden relegados a un plano muy secundario por la figura de Freddie Mercury, claro. Aquí se nos describe (y seguramente así sería) como un tipo tan complejo como fascinante, con una tremenda arrogancia y una aparente falta de complejos (de cara al exterior, porque por dentro parecía todo inseguridad, como ya escribí antes) que no eclipsaban en absoluto su inagotable talento, creatividad y pasión por la música. Y eso que inicialmente choca un poco ver a Mr. Robot, digo al actor de origen egipcio Rami Malek, en este rol porque tiene unos rasgos físicos muy particulares (tez muy morena y, sobre todo, esos ojos saltones y ojerosos) y además le han puesto una exagerada dentadura para imitar la de Mercury. Pero poco a poco te vas “acostumbrando” al actor y él va haciéndose con el personaje, tanto desde el punto de vista dramático (en algunas escenas es imposible no sentir compasión por él, por su soledad, por su incomprensión, y Malek lo transmite de maravilla) como del puramente físico, calcando la forma tan particular de moverse que tenía el cantante, en el escenario o fuera de él. El hecho de que en casi todas las canciones que suenan en el filme la voz que escuchamos no sea la del actor, sino la del propio Freddie (o una extraña fusión de ambas voces y la de un artista canadiense que le imita muy bien), apenas le resta mérito a la brillante actuación de Malek, porque además en el resto de escenas imita muy bien el tono del cantante. Y no creo que nadie tenga problemas en oír la voz de uno de los mejores vocalistas de la historia, en lugar de la de un actor, cuando el montaje final es tan convincente como lo es aquí.

La película además tiene muy buen ritmo y en ningún momento he percibido los problemas que al parecer existieron entre el director Bryan Singer (sí, el de la notable Sospechosos habituales y muchas de la saga X-Men), el protagonista y otros de los implicados en el rodaje, que desembocaron en que algunas de las últimas escenas que se grabaron las dirigiese Dexter Flechter. También me parece todo un acierto no haber terminado la historia mostrando la última etapa de la vida de Freddie Mercury, enfermo de Sida, lo cual hubiera sido un contrapunto demasiado trágico y brusco, sino rematarla con algo mucho más optimista como el mencionado concierto benéfico de Wembley. Porque así también se homenajea su figura centrándose en la faceta por la que él siempre quiso ser recordado: la del músico extravagante y genial, de vozarrón irrepetible.

PD: siempre, siempre, siempre diré que para poder valorar y disfrutar completamente de una película hay que verla en su versión original. Pues en este caso más aún, porque no quiero ni imaginarme el horror que debe ser escuchar en castellano la voz doblada del protagonista y luego oír cantar en inglés a Freddie Mercury, menudo batiburrillo.

Ser humano es un estado que requiere un poco de anestesia.
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