Six dreams



Título original:
Six dreams
País: 
España
Duración: 1 temporada, 6 capítulos (61 mins. aprox. cada uno)
Año: 2018
Dirección y guión: Justin Webster
Género: Documental.
Mi puntuación:  7,5 / 10

Por ahora, el catálogo que ofrece el servicio de Amazon Prime Video está lejos de poder competir con el de Netflix o HBO, especialmente si hablamos de series de producción propia. Sin embargo, entre ellas hay algún título tan recomendable como Six dreams, una serie documental de tan solo seis capítulos coproducida con LaLiga y Mediapro cuyo objetivo es mostrar al espectador el modo en el que viven el fútbol seis de sus propios protagonistas: tres futbolistas, un entrenador, una presidenta de un club y un director deportivo. Las imágenes se grabaron durante la pasada temporada, la 2017-18.

Obviamente, es una serie que podrá gustar principalmente a los que sean futboleros, pero quienes no lo sean quizás también encuentren interesante ver cómo se vive en ese mundo tan mediático desde seis perspectivas diferentes. Porque al fin y al cabo, por mucha fama, éxito o dinero que tengan no dejan de ser personas, cada una con sus propias luchas, que atraviesan los mismos estados de ánimo que cualquier otra (incluidos por supuestos la decepción o la impotencia, no todo es bueno) y que se alimentan de motivaciones, retos e ilusiones como todo ser humano. Así que puede servir como una muestra de distintas formas de entender una profesión, y por extensión diría que la propia vida, en función del origen, edad o condición de cada uno de los protagonistas, más allá del indudable interés que pueda tener el ver cómo funcionan los entresijos más íntimos del fútbol para cualquier aficionado a este deporte tan mediatizado y mercantilizado, cuyas “figuras” resultan cada vez más inaccesibles para el público.

Los títulos de sus seis capítulos son el mejor resumen de los diversos asuntos que se tratan en la serie: ‘Soñar’‘Los pies en la tierra’ – ‘Familia’‘Saber perder’ (para mí, el mejor de todos) – ‘Ofertas irrechazables’‘Decir adiós’. Y mientras aborda en mayor o menor profundidad esos asuntos, vamos viendo cómo es el día a día de los jugadores: su alimentación, cómo se recuperan de las lesiones, de qué hablan entre sí, qué se llevan a las concentraciones en otras ciudades, etc. Sorprende ver que muchos de ellos son religiosos, o al menos recurren con frecuencia a gestos como santiguarse, así como la cantidad de supersticiones que tienen no solo los futbolistas sino también los otros protagonistas (se lleva la palma la presidenta del Eibar que, desde que su equipo ganó tras una mala racha, no volvió a cambiarse los zapatos en ningún partido hasta que lograron salvarse matemáticamente).

La serie también muestra los momentos duros a los que tienen que sobreponerse los protagonistas, porque como ya he dicho antes, aunque cobren sueldazos y desempeñen un trabajo que es el sueño de millones de niños de todo el mundo, no todo es de color de rosa para ellos. Pero no solo veremos las frustraciones deportivas con las que tienen que convivir, como las derrotas, las lesiones o los abucheos del público (más que por el abucheo en sí, por lo que conlleva el saber que has decepcionado a miles de personas, algo que es más duro de lo que pensamos), sino también los problemas más íntimos y personales, como el cáncer que le diagnostican al entrenador del Sevilla. Aunque, precisamente, ese momento en el que se hace pública su enfermedad sirve a su vez para mostrar el lado más agradecido de ser “famoso”, al recibir montones de muestras de apoyo y de cariño de gente totalmente desconocida para él. Y, asimismo, también vemos la faceta más humana y amable de ese hecho de ser “famoso”, como las interacciones con los niños que les idolatran, las visitas a hospitales infantiles o incluso la posibilidad de crear, gracias a sus contactos y a su mayor visibilidad que la del resto de ciudadanos, fundaciones que ayuden a chicos que necesitan recursos, como hace el jugador del Betis.

Todo ello hace que la serie se vea con bastante interés en general, aunque al querer mostrar las rutinas de sus protagonistas caiga inevitablemente en no pocos momentos intrascendentes o muestre más conversaciones banales de las que se necesitaban para demostrar que los futbolistas no dejan de ser unos chavales como tantos otros de su edad. Por añadir otra nota negativa, también he notado alguna incongruencia temporal fruto del montaje, aunque eso es lo de menos.

A continuación dejo un pequeño resumen de lo que ofrece la historia de cada uno de sus protagonistas, mencionando asimismo a una serie de “personajes secundarios” que tienen apariciones estelares en ellas, empezando por la que a mí más me ha sorprendido y gustado:
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Amaia Gorostiza – Presidenta del Eibar:
Contrariamente a lo que podría preverse, no se le da mucha importancia al hecho de que sea una mujer en un “mundo de hombres”. Lo cual me parece un acierto, ya que así el documental se centra en su personalidad y en el trabajo que realiza. Y es muy curioso ver con qué cercanía trata a los jugadores, a los que anima y abraza casi en plan maternal, colándose con ellos sin problemas en el vestuario, hablándoles de tú a tú sin aires de superioridad por ser su jefa, mostrándoles su preocupación sincera cuando les ve más desanimados, mojándose literalmente viéndoles entrenar en un día de lluvia y barro tan típico de Euskadi, etc. Qué contraste entre ella y Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid con el que coincide durante un partido y quien, aunque se muestre siempre amable y cordial incluso con los niños, no deja de tener un halo de prepotencia y de parecer que está por encima del bien y del mal (tiene hasta una persona para cogerle el teléfono móvil). No creo que muchos presidentes actúen como Amaia, que además también muestra firmeza a la hora de tomar decisiones “de despacho” y mucha sensatez en todo lo que dice, sabiendo que su club es pequeño pero que tiene la oportunidad de crecer poco a poco y no está dispuesta a desperdiciarla. Imposible no cogerle cariño y hacerse un poco del Eibar gracias a ella.
“Actores secundarios” en esta historia: Patricia  Rodríguez (Directora General, mano derecha y gran apoyo de Amaia), José Luis Mendilíbar (entrenador del equipo), Takashi Inui (jugador japonés con gran repercusión mediática en su país), Dani García (capitán del equipo que se marchará al final de la temporada).

¡Pero si es un crío, tiene la misma edad que mi hijo, madre mía!
Son unos valientes, y luego encima la gente les llama mercenarios…
(sobre un chico serbio de 21 años  que acaban de fichar y que se va a Eibar él solo, sin la familia y sin saber español)

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Iñaki Williams – Futbolista del Athletic Club, joven promesa llamada a liderar al equipo en el futuro:

Iñaki es el primer jugador de raza negra que consigue llegar al primer equipo del Athletic, un club en el que, por autoimposición, solo juegan futbolistas nacidos en Euskalherria o formados en alguna de las canteras de los equipos de dicho territorio. Por ello, el tema del racismo está muy presente en su historia, pero también lo está la dura infancia que tuvo que superar (sus padres inmigrantes tenían varios trabajos para poder subsistir, incluso por las noches, así que Iñaki terminó durmiendo con las monjas de su colegio cuando era niño porque no podía quedarse solo en casa) y la importancia que tiene para él la familia por ello. Vemos cómo habla frecuentemente con su madre y cómo se comporta paternalmente con su hermano pequeño, al que saca ocho años, ya que su padre trabaja fuera del país muchos días. Su actitud de estar muy cerca de los suyos a pesar de la fama, incluidos los amigos de la infancia, es inteligente ya que ellos serán quienes sigan estando ahí cuando su carrera termine. Y no todos los jóvenes que alcanzan la fama a una edad temprana se dan cuenta de ello.
“Actores secundarios” en esta historia: María Arthuer (madre de Iñaki), Nico Williams (hermano de Iñaki), Aritz Aduriz (capitán del equipo y referente de Iñaki), Iker Muniain (compañero del equipo y amigo de Iñaki).

Yo quiero abrir eso que la gente tiene en la cabeza de «No, un negro no puede jugar en el Athletic» o «Ese negro no es vasco», algo que a día de hoy sigue pasando. Escuchas o lees comentarios de «¿Cómo puede jugar un negro en el Athletic?»… y no. Soy negro, pero también soy vasco. He nacido aquí, me siento vasco y quiero abrir las puertas a toda esa gente que quiere pelear y trabaja y se esfuerza diariamente para jugar en el Athletic.

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Andrés Guardado – Futbolista del Real Betis, uno de los veteranos del equipo:
Con 32 años, Andrés ya es todo un veterano pero aún quiere jugar a un nivel competitivo para poder disputar un último Mundial con la selección de México y una competición europea con el Betis, antes de irse a Estados Unidos para finalizar allí su carrera. Pese a que no parezca una edad muy avanzada, en el mundo del fútbol sí lo es y se nota tanto a nivel físico, con constantes recaídas en lesiones que no son graves pero sí son sintomáticas, como sobre todo a nivel mental, ya que él es quien aconseja a sus compañeros más jóvenes, quien ejerce de líder sin serlo “oficialmente”, quien controla la euforia del vestuario cuando hay que hacerlo y quien anima cuando es lo que toca. Por si fuera poco, Andrés también demuestra ser un padre de familia muy cariñoso y alguien con conciencia social, ya que por una parte preside la Asociación Mexicana de Futbolistas para luchar por sus derechos (algo que un veterano como él no “necesitaría” dado el status que ha alcanzado, por lo que su motivación es ayudar a otros que no han llegado tan lejos como él) y por otro lado ha creado una Fundación junto con su mujer para recaudar fondos para niños necesitados. En resumen, es alguien necesario dentro y fuera del campo, una buena persona (o eso parece, si lo que hemos visto era la persona y no el personaje).
“Actores secundarios” en esta historia: Quique Setién (veterano entrenador del equipo), Máximo Guardado (el hijo de Andrés), Sofía de la Vega (esposa de Andrés y Presidenta de su Fundación).

Hay veces que nosotros, como deportistas, creemos que el fútbol no es tan importante… hasta que te encuentras con este tipo de casos, en los que el amor a los colores de una institución te puede incluso salvar la vida. Son cosas duras, pero que te hacen volver un poco a la Tierra y valorar lo que uno tiene.
(en referencia a un aficionado del Betis con una enfermedad terminal que solo sale de casa para ir al fisioterapeuta… y a su equipo)

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Quique Cárcel – Director Deportivo del Girona:

En la historia de Quique se nos muestra, por un lado, su faceta como padre de familia en pleno proceso de educación de sus dos hijos (me encanta cuando dice que gracias al fútbol se puede aprender mucho de geografía, porque yo de pequeño aprendí muchas banderas, países y ciudades gracias a los partidos y también al mítico PCFútbol), y por otra parte, su trabajo como Director Deportivo de un equipo recién ascendido a Primera División que está en una clara fase de crecimiento. Esta segunda faceta es la más interesante y la que más minutos ocupa, y es que no creo que se haya visto muchas veces cómo funciona la planificación deportiva de un club, cuáles son sus estrategias, cómo se negocia con jugadores, agentes y entrenadores (la conversación que deriva en la no renovación del entrenador es uno de los puntos fuertes en este sentido), etc. Y también es muy interesante comprobar cómo vive, o sufre mejor dicho, los partidos. Porque él no puede dar instrucciones a los futbolistas ni meter los goles, pero su trabajo y por ende su sueldo depende de que los jugadores que han decidido fichar sí lo hagan.
“Actores secundarios” en esta historia: Pablo Machín (entrenador del equipo, “de moda” por los buenos resultados que cosecha), Quim y Abril Cárcel (los dos hijos de Quique).

Perder es normal y todo el mundo aprende de ello. Pero… una derrota ayuda a crecer, muchas derrotas ayudan a derrumbarte.

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Saúl Ñíguez – Futbolista del Atlético de Madrid, canterano y una de sus estrellas:

Con 23 años es internacional y ya ha cosechado unos cuantos éxitos con su club, pero no deja de ser un chico que prácticamente está empezando su carrera y que fuera de ella acaba de irse a vivir con su novia. Pero también muestra cierta madurez para su edad, por algunas reflexiones que hace acerca de su trabajo y su futuro (aunque no dejen de ser un poco ilusas, como lo de ser modelo cuando se retire), y además es una persona muy futbolera, algo que puede parecer una obviedad pero que no siempre sucede (no son pocos los jugadores que reconocen que en su tiempo libre se olvidan de todo lo que tiene que ver con el balón o que directamente dicen no disfrutar jugando, que tan solo es su profesión). Además, al ser una de las estrellas del equipo, vemos cómo debe asumir una serie de compromisos con su club, desde actos institucionales hasta actos publicitarios, que quizás no sean tan divertidos como jugar al fútbol pero que asume con total responsabilidad y profesionalidad. Y nos da una buena lección acerca de algo que muchos aficionados olvidan: el “deportista estrella” (o cualquier otro famoso) no deja de ser un “personaje”, tras el cual se encuentra una persona que en privado probablemente sea muy diferente a la imagen que muestra en público. Quizás por ello me deja la impresión de que nunca llega a abrirse del todo en el documental, a diferencia del resto de protagonistas.
“Actores secundarios” en esta historia: Fernando Torres (capitán del equipo que dejará el club al final de temporada).

Como futbolista tengo que llevar una estrategia para el marketing, otra para el fútbol, otra como persona… pero eso no significa que esas estrategias me definan. No dicen quién soy. Por ejemplo, vas a la sala de prensa y hablas, y algunos dicen «Qué prepotente»… no, es que yo no soy así, pero a lo mejor es el momento adecuado para decirlo, para mis compañeros, para mi club o para mi entrenador. Entonces la gente no te conoce nunca, en el mundo del fútbol, y eso es complicado. Por eso cuando conoces a alguien y coges confianza con él, le quieres tener cerca porque ya no tienes que aparentar.

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Eduardo Berizzo – Entrenador del Sevilla:
La historia más corta la protagoniza el argentino Berizzo, ya que fue destituido de su cargo antes de que se cumpliera la mitad de temporada. Hubiera sido interesante ver cómo vive el fútbol un entrenador en paro, cómo se sigue preparando y buscando nuevos objetivos, pero la serie no lo muestra y directamente deja de ofrecer imágenes suyas desde que es cesado como entrenador. Tampoco se ahonda en el cáncer que le diagnostican y en cómo lo supera, aunque es lógico porque ya eso es algo demasiado íntimo y, al menos, sí vemos cómo recibe un montón de muestras de apoyo de todo el mundo del fútbol y su agradecimiento por ello. Pero apenas veremos un par de pinceladas acerca de cómo es Eduardo más allá de su labor como técnico. Parece ser alguien optimista, con sentido del humor (un tanto irónico) y que intenta ser cercano con su futbolistas, dando mucha importancia a la preparación psicológica.
“Actores secundarios” en esta historia: Ernesto Marcucci (segundo entrenador del equipo).

No quería dejar de agradecer a todos los que se preocuparon por mí. Es algo impresionante. Gente que ni conocía… será como dice mi madre: «Para que te quieran, te tenés que morir».

 

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