Perfectos desconocidos

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Título original:
Perfetti sconosciuti
Duración: 1hr 36mins
País:
Italia
Año: 2016
Director: Paolo Genovese
Guión: Paolo Genovese, Filippo BolognaPaolo CostellaPaola MamminiRolando Ravello
Reparto: Marco Giallini, Kasia Smutniak, Giuseppe Battiston, Valerio Mastandrea, Anna Foglietta, Edoardo Leo, Alba Rohrwacher, Benedetta Porcaroli
Género: Drama. Comedia.

Mi puntuación:  7,5 / 10
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Trailer en italiano con subtítulos en inglés:

¿Cuántas parejas se separarían si cada uno mirase el teléfono del otro?

De esa idea parte Perfectos desconocidos, una interesantísima comedia dramática italiana de Paolo Genovese que se llevó los galardones a la mejor película y mejor guión en la última entrega de los premios Donatello (los «Goya italianos»).

La pregunta surge en una cena en la que se reúnen siete amigos (tres parejas y un soltero), tras comentar que el matrimonio de un conocido de todos ellos se ha roto porque su mujer leyó en su móvil unos mensajes de su amante. Así, para demostrar (o, al menos, aparentar) que ellos no tienen nada que ocultar, acuedan dejar todos sus teléfonos sobre la mesa durante la cena y enseñar cada llamada o mensaje que reciban al resto de comensales.

Evidentemente, el experimento no podría salir bien y las sospechas (fundadas o no) y recelos no tardarán en hacer acto de presencia tras los primeros mensajes recibidos, haciendo que la tensión vaya in crescendo con cada nueva llamada o mensaje entrante. Quizás lo peor del filme sea que suceden demasiadas cosas en muy poco tiempo, es decir, que es poco creíble que en un grupo de siete personas casi todos tengan algún secreto verdaderamente inconfesable que ocultar, y prácticamente todos relacionados con la infidelidad y el sexo. Además, algún giro del tercio final parece demasiado forzado, algo que sobra en una historia que no necesitaba recurrir a ello para hacer reflexionar al espectador sobre lo que cuenta.

Pero, más allá de eso, la película es altamente disfrutable porque plantea cuestiones muy interesantes. Y no solo acerca de lo que podría parecer en principio, es decir, sobre la dependencia que tenemos de las nuevas tecnologías, o cómo nuestros móviles nos hacen perder esa privacidad que todos necesitamos tener (en mayor o menor medida) en nuestra vida, o cómo esos «cacharritos» también nos facilitan contactar con otras personas y en cierto modo propician encuentros que hasta hace unos años eran muchísimo más complicados de llevar a cabo (aunque las «ganas» pudieran ser las mismas, a través de las redes sociales, los programas de ligoteo o simplemente los servicios de mensajería esa posibilidad ahora está literalmente al alcance de la mano de cualquiera).

Todo ello se cuestiona, pero donde gana en profundidad es al analizar ciertos aspectos y comportamientos puramente «humanos». ¿Es bueno decir absolutamente toda la verdad a nuestras personas más cercanas o es mejor ocultar ciertos aspectos que sabes que podrían herirles de alguna forma (aquí no me refiero a las infidelidades, sino a algunas otras situaciones que se plantean en el filme)? ¿Necesitamos más muestras aparte de la palabra de la gente que compone nuestros círculos más íntimos para creer y confiar plenamente en ellos? ¿Podemos estar continuamente recelando de las personas con las que hemos decidido compartir nuestra vida sin volvernos locos e irracionales? ¿Compartir con esas personas absolutamente todo renunciado a tener «cosas» o «rincones» propios es bueno o malo? Son algunas de las principales preguntas que nos plantea esta historia, pero también cuestiona otros asuntos como si la monogamia de los humanos «funciona» realmente o es algo «ilógico», al menos desde un punto de vista físico o sexual, idea muy interesante y abierta a extenso debate por mucho que en nuestra sociedad pueda parecer un concepto escandalizador. No digo que yo esté a favor o en contra de ello, solo que es algo más discutible u opinable de lo que socialmente nos imponen.

La narración alterna esas reflexiones más puramente dramáticas con algunos diálogos divertidos e ingeniosos, que no te llegan a hacer reír a carcajadas pero que sirven para relajar la tensión, aparte de contribuir a que el ritmo sea muy bueno en todo momento. El aspecto teatral de la cinta es incuestionable, al mostrar a un puñado de personajes hablando entre sí en un solo escenario durante prácticamente todo el metraje, aunque a mí me parece un punto más a favor que en contra porque me suele gustar mucho este tipo de filmes basados principalmente en los diálogos, como ya comenté no hace mucho al escribir sobre la también recomendable 7 años. En este caso, al ser así, la inmersión del espectador en el «juego» en el que participan los personajes es total.

Además, ese aire teatral permite que los actores puedan dar lo mejor de sí mismos, siendo difícil quedarse solo con uno de los siete intérpretes protagonistas. Aunque quizás, de tener que hacerlo, destacaría un poco más la labor del que para mi es el más conocido (especialmente por dar vida al capo mafioso ‘El Terrible’ en la magnífica serie Roma criminal), Marco Giallini, que aporta una gran dosis de templanza y aplomo al que parece ser el único personaje que no tiene nada realmente grave que ocultar. El mejor ejemplo de esto es la magnífica escena de la conversación telefónica que mantiene con su hija, con el manos libres encendido para que el resto de comensales, su esposa incluida, escuche la conferencia tal como han acordado, toda una lección de saber estar tanto por lo que dice como por cómo lo dice.

Desconozco cuándo se estrenará en España, si es que llega a hacerlo (me da que no, porque Álex de la Iglesia ya está rodando el remake español y no van a estrenarse ambas de forma casi seguida, contando lo mismo perderían el factor de originalidad o sorpresa), pero me parece francamente recomendable porque entretiene y a la vez da mucho que pensar. Quizás sea un poco exagerada en su tercio final (aunque también me ha gustado mucho el cierre que muestra cómo habría terminado la cena si no hubieran aceptado ese «juego» de enseñar los móviles al resto), pero por lo demás, apenas se le pueden poner pegas.

Todos somos frágiles…

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