Rincones de cine: Irlanda

malahide2Últimamente apenas he podido ver películas y, menos aún, sacar un rato para escribir algo en el blog, pero ha sido por un motivo difícilmente mejorable: vacaciones. O, lo que viene a ser lo mismo en mi caso, escapadas al extranjero. La más reciente de ellas ha sido, además, a un país que fue, es y será escenario de numerosas producciones tanto para el cine como para la televisión: Irlanda. A continuación hablo un poco (o un mucho) de los cinco sitios que más me han gustado del país con algunas fotos que no hacen justicia a la realidad, porque el fotógrafo no da más de sí, pero que os darán una gran idea de lo que encontraréis si alguna vez decidís visitar la isla, algo de lo que seguro no os arrepentiréis.

Dublín:

Como no podía ser de otra forma, empezamos el viaje en la capital del país, Dublín. Como ya hay un montón de guías turísticas escritas por gente que sabe más que yo del tema no voy a repetir lo mismo que ya dicen en ellas, solo comentaré qué es lo que en mi opinión merece la pena de verdad. O qué no merece la pena, como la conocida fábrica de Guinness, que solo recomendaría a los fans más acérrimos de dicha cerveza… o incluso ni a ellos, porque la verdad es que te explican poca cosa y con el dinero de la entrada te puedes tomar unas tres o cuatro pintas de la famosa stout en cualquier pub de la ciudad, lo que sale más a cuenta (por cierto, es verdad eso de que allí sabe un poco distinta, aún mejor que aquí).

Lo que sí que merece la pena, más aún si sois cinéfilos, es la cárcel de Kilmainham, puesto que allí se han rodado películas tan conocidas como En el nombre del padre, Michael Collins o la versión clásica de The italian job, entre muchas otras. Pero evidentemente, no es solo importante por eso sino también por haber albergado en sus celdas a numerosos líderes independentistas irlandeses, muchos de los cuales fueron ejecutados en el mismo patio de la prisión, por lo cual cobra una importancia histórica que la hace ser imprescindible para cualquier turista.

Otros de los símbolos de la ciudad cuya fama sí me parece más que justificada son el Castillo de Dublín (sus vistas desde un parquecito que hay justo al lado dan para hacer muy buenas fotos; además, también tiene interés para los más seriéfilos porque en su interior se han rodado escenas de Los Tudor o Penny Dreadful, dos series que han también han grabado mucho en otras zonas de la ciudad), la universidad Trinity College (dar un paseo por su campus es agradable y permite ver edificios interesantes, entre los que destaca una de las bibliotecas más importantes de Europa; por cierto, en esta universidad estudia Jack Gleeson, célebre por dar vida a Joffrey Baratheon en Juego de Tronos, y en ella se han rodado filmes como Círculo de amigos, Byzantium o Educando a Rita), el puente Ha’Penny (llamado así por el medio penique que cobraron durante más de un siglo a los peatones que lo cruzaban) o la estatua de Molly Malone (protagonista de una de las leyendas irlandesas más famosas y a cuya estatua, según dicen, hay que tocarle la teta derecha para tener suerte en la vida… sexual, añaden algunos).

Aunque si sois cerveceros como yo, seguramente lo que más os gusten sean los pubs (allí pronunciadlo como «pob», no como «pab», porque eso debe ser un insulto en Irlanda según nos contaron). Por la zona de Temple Bar hay montones de ellos, pero son totalmente «cazaturistas». Nosotros en ese barrio frecuentamos bastante uno llamado Bad Bobs, que servía las pintas a un precio razonable y la música que ponía en directo (algo que hacen prácticamente todos los pubs de Dublín) consistía en versiones de canciones conocidas que animaban mucho al personal. Saliendo de esa zona os recomendaría el Cobblestone (más barato, más pequeño y mucho más auténtico que los de Temple Bar, con música en directo pero no de versiones sino de canciones propias de los músicos que tocan), The Celt (del mismo tipo que el Cobblestone) o The Church (por la curiosidad de ver una iglesia convertida en bar, más que por el propio bar en sí, que además no ofrece música en directo).
[Aclaro que no cobro comisión de ninguno de los bares citados, aunque si los dueños de algún otro pub irlandés leen esto y quieren que hable bien de ellos, escucharé sus propuestas muy atentamente].

Y en cuanto a su relación con el mundo del cine y la televisión, son muchas las películas y series que han grabado escenas en sus calles o edificios. Aparte de las que ya he ido mencionado antes, los equipos de rodaje de dramas como Mi pie izquierdoThe boxer, Bloody sunday o la durísima Omagh también «pisaron» Dublín, así como los de otros filmes tan conocidos como La sombra del diablo, Un horizonte muy lejano o, sobre todo, una de las joyas del cine indie de este siglo: Once.

Belfast:

No tenía muy buenas referencias de la capital de Irlanda del Norte, pero no me ha parecido ni mucho menos tan fea como la pintan. Más allá de que, paseando por el mismísimo centro de la ciudad, aún se sigan notando los estragos del terrorismo del IRA en algunas construcciones y de que el Muro de la Paz nos siga recordando ese reciente y sangriento pasado que vivieron sus habitantes, la verdad es que tiene su encanto recorrer sus calles y ver algunos edificios tan «fotografiables» como el del Ayuntamiento, el del Centro de Asambleas o el de la Gran Ópera. Tampoco está nada mal conocer la zona de los astilleros en los que se construyó el Titanic en 1912 o, sobre todo, ir descubriendo algunos de los muchos murales que hay en la ciudad, reivindicativos y que nos recuerdan una vez más la conflictiva situación que ha vivido Belfast hasta hace nada (y que esperemos que no vuelva a repetirse en el futuro, aunque aún queden pequeños ecos de violencia callejera).

Sobre su relación con el cine, aún no hay demasiadas películas que se hayan rodado allí (por motivos evidentes) pero sí se pueden citar algunos ejemplos como el clásico de Carol Reed Larga es la noche o las más recientes Drácula, La leyenda jamás contada y High-rise, así como la aclamada serie La caza (The fallen).

Calzada del Gigante:

Unos 100 kilómetros al norte de Belfast, al lado del pueblo de Bushmills, se encuentra el lugar que más ganas tenía de ver de todo el viaje, la Calzada del Gigante. Declarada Patrimonio de la Humanidad, esta zona costera me llamaba tanto la atención porque es un conjunto de unas 40.000 columnas de origen volcánico, que se formaron hace más de 60 millones de años y que tienen la particularidad de crecer en forma de hexágonos (si no todas las columnas, sí muchas de ellas). Por eso no es de extrañar que este sitio capte el interés de tantos turistas que viajan a Irlanda, y seguro que muchos habréis visto alguna imagen suya utilizada como fondo de pantalla de ordenadores o móviles aunque no supierais cómo se llamaba.

Parece claro que esta forma se debe al enfriamiento de la lava y a la acción posterior de la erosión, pero los irlandeses tienen una curiosa leyenda para explicar su origen y de paso darle nombre que viene a ser más o menos así (difiere un poco según quién la cuente): hace muchísimos años un gigante irlandés llamado Finn McCool retó a un gigante escocés a darse mamporros para ver cuál de los dos era el más fuerte del mundo. Para facilitarle las cosas al escocés, construyó una calzada sobre el mar para que uniera los dos países, pero no contaba con que se iba a encontrar con un gigante que casi doblaba su tamaño. Visto lo visto, Finn decidió, inteligentemente, evitar el enfrentamiento y pedir consejo a su mujer giganta(?). Ésta le vistió de bebé y cuando el escocés llegó a su casa en busca de Finn, le dijo que en ese momento no estaba y que tenía que amamantar a su hijo. Al ver el tamaño del «bebé», el escocés calculó lo que debía medir el padre… y optó, también inteligentemente, por huir a su país lo más rápido posible destrozando la calzada que Finn había construido para evitar que le persiguiera.

Lógicamente, o hasta donde yo sé, ninguna película se ha grabado en la propia Calzada porque supongo que un equipo de rodaje podría dañar las columnas. Pero casi al lado está el puerto de Ballintoy, que a los muchos aficionados de Juego de Tronos les sonará por ser el hogar de la casa Greyjoy: las Islas del Hierro. Además, cerca del pueblo de Bushmills que mencioné antes también está el Camino Real, que seguro conocerán los fans de la serie. Y son muchos más los parajes de Irlanda del Norte que aparecen en ella, como Invernalia sin ir más lejos (el hogar de los Stark), lo cual puede dar una idea de la cantidad de grandes imágenes que ofrece la naturaleza del norte de la isla.

Glendalough:

En otra de las visitas que hicimos descubrimos Glendalough, un valle situado en medio del Parque Nacional de las montañas de Wicklow. También es conocido como «el valle de los dos lagos», el Upper Lake y el Lower Lake, ambos formados en la época glaciar y desde los cuales se tienen unas bellas vistas de las mencionadas montañas de Wicklow (aunque más bien habría que llamarlas montes, ya que ninguna llega ni a los 1.000 metros de altitud sobre el nivel del mar). Pero quizás lo que atraiga a más gente a este lugar sea la posiblidad de contemplar un monasterio de origen celta muy bien conservado, a pesar de que algunas construcciones estén en ruinas, en el que destacan sobre todo su torre circular y el cementerio.

He llegado a leer que en ese monasterio se rodaron escenas de Braveheart, aunque dudo que sea verdad, pero las citadas montañas de Wicklow sí que aparecen en algunas secuencias de la famosa película de Mel Gibson. Otros lugares del entorno del Parque Nacional también se pudieron ver en el filme Posdata: te quiero, y la inolvidable escena de la Dama del Lago surgiendo de las aguas espada en mano de la gran Excalibur también se grabó en esta zona, en un lago llamado Guinness, tanto por sus oscuras aguas como por ser propiedad de la familia de cerveceros.

Acantilados de Moher:

En nuestra última visita nos dirigimos a la costa oeste del país para visitar la ciudad de Galway (que, todo sea dicho, no me pareció muy atractiva desde el punto de vista turístico, aunque con la cantidad de estudiantes que hay allí las noches deben ser bastante entretenidas) y, sobre todo, los acantilados de Moher, uno de los principales reclamos turísticos de Irlanda. Y no es para menos porque, a pesar de que la cantidad de turistas que transitan por ellos haga que el encanto que tiene recorrerlos disminuya considerablemente, ver cómo se alzan imponentes sobre las aguas del Atlántico es todo un espectáculo. En algunos puntos alcanzan más de 200 metros de altura y en total se extienden hasta 8 kilómetros, aunque solo se puedan (o deban) recorrer a pie 1 y medio.

Y eso lo han querido aprovechar numerosas películas que acudieron allí en busca de unos exteriores inolvidables, como por ejemplo la mítica La princesa prometida (en la película se les llamaba «Acantilados de la Locura»), la aclamada La hija de Ryan, la romanticona Tenías que ser tú o la sexta entrega de Harry Potter.

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