El hombre de las mil caras

milcaraspstrTítulo original: El hombre de las mil caras
Duración: 2hrs 3mins
País:
España
Año: 2016
Director: Alberto Rodríguez
Guión: Alberto Rodríguez, Rafael Cobos
Reparto: Eduard Fernández, José Coronado, Carlos Santos, Marta Etura, Luis Callejo, Emilio Gutiérrez Caba, Alba Galocha, Mireia Portas, Pedro Casablanc, Enric Benavent, Philippe Rebbot, Christian Stamm, Jons Pappila, José Manuel Poga
Género: Thriller. Biográfico.

Mi puntuación:  7 / 10

 

Trailer:

En la anterior entrada hablé del gran momento que vive el thriller español en la actualidad y de las ganas que tenía de ver la nueva película de uno de los principales «causantes» de ello, Alberto Rodríguez. Una vez visto su nuevo trabajo, El hombre de las mil caras, me ha parecido que está un peldaño por debajo de los thrillers que mencioné en dicha entrada, incluidos los del propio director, pero aun así me ha parecido un interesantísimo filme que además podremos citar en el futuro como buen ejemplo de otro tipo de thriller que aun no se ha explotado con demasiada fortuna en nuestro país: el político.

La película, basada en los hechos reales relatados en un libro del periodista Manuel Cerdán, transcurre en la primera mitad de los años 90 y narra, a través de la voz en off del piloto de aviones Jesús Camoes (José Coronado), la forma en la que su buen amigo Paco Paesa (Eduard Fernández) ayudó a Luis Roldán (Carlos Santos), ex-Director General de la Guardia Civil, a mover al extranjero 1.500 millones de pesetas que éste había desviado de los fondos del Estado español. Paesa era un ex-agente secreto del Gobierno que colaboró en la lucha contra ETA pero que tuvo que huir del país a finales de los 80 al verse implicado en un caso de extorsión, por lo que a su vuelta a España necesitaba dinero para salir adelante y no dudó en aceptar la propuesta de Roldán.

La historia es realmente interesante, ya que al estar protagonizada por un tipo con la capacidad para el engaño y la manipulación que tenía Paesa, es difícil adivinar cuáles de las cosas que dice son ciertas y cuáles no. Todo el que le rodea, incluido su gran amigo Camoes, es susceptible de caer en sus redes y de convertirse en una víctima a la que comprometer o desplumar sin que ésta se entere. Así, recurriendo a supuestos hombres de negocios, abogados o diplomáticos que en realidad no eran más que panaderos o camareros, y viviendo más de las apariencias que de las realidades (casa prestada, negocio embargado, cuentas en números rojos), fue labrándose una fortuna sin que nadie pudiera detenerle, aunque en varias ocasiones las autoridades españolas estuvieron a punto de ello. Por muy caradura (por no decir palabras mayores) que fuera el tipo, es incuestionable que su ingenio y desvergüenza son perfectos para hacer una película así, prácticamente de espías. Y con un colaborador/víctima como Roldán, sus tejemanejes resultan aún más atractivos.

Por tanto, a la historia no se le puede poner ningún pero. El problema es más bien la forma en la que está contada esa historia. Es mucha la información que se pone en boca de los personajes y son pocos los instantes de reposo en los que no estamos oyendo conversaciones que contienen detalles importantes para la trama, lo cual hace que sea una película densa, exigente, quizás demasiado. A veces cuesta un poco seguir el hilo a tantos datos, personajes y cambios de situación, sobre todo a quienes todo el escándalo de Roldán nos pilló siendo unos críos y no recordamos muy en profundidad todo aquel asunto porque lo que dijera el telediario nos importaba más bien poco en aquella época (por cierto, es curioso ver a algunos presentadores que siguen en activo como María Escario, José Ribagorda o Pedro Piqueras, entre otros, con más de veinte años menos… al verlos casi a diario parece que no pasa el tiempo por ellos, pero con semejante salto temporal nos damos cuenta de que sí que han cambiado como cualquier persona, vaya que sí).

La película también resulta un poco fría, no hubiera estado de más que hubiera tenido alguna escena más emotiva o dramática. Pero aun así, no llega a aburrir en ningún momento ya que, aparte del innegable atractivo que tiene la propia historia, la película está rodada con mucha elegancia y oficio por Alberto Rodríguez, y la pulcra fotografía de Álex Catalán hace que visualmente sea un filme casi impecable. La música de Julio de la Rosa también me ha parecido excelente, dándole más intensidad al filme en algunos momentos (aunque no sea más que un mero acompañamiento), así que en el apartado técnico aprueba y con nota.

El amplio y experimentado reparto es otro de los puntos fuertes del filme. Eduard Fernández se mete con soltura en la piel de Paco Paesa, dándole ese punto de descaro y elegancia despreocupada con el que embauca a todo el que se cruza en su camino (incluidos los propios espectadores). Ayer recibió el premio al mejor actor del Zinemaldia de Donosti, y seguro que no es el único que logra gracias a esta interpretación. A su lado, actores como José Coronado, Emilio Gutiérrez Caba o Marta Etura demuestran por qué tienen el caché que tienen, y también me ha gustado mucho el trabajo de Carlos Santos como Luis Roldán, protagonizando algunas de las escenas más dramáticas del filme con mucha emoción y credibilidad y haciendo que por momentos casi te compadezcas de un tipo que había robado 1.500 millones de pesetas públicos.

No es una película fácil de digerir, quizás habría que verla incluso dos veces para captar todo lo que cuenta y apreciar (o despreciar, mejor dicho) aun más las artimañas de Paesa, pero sí es una cinta muy interesante que narra uno de los que seguramente sean los capítulos más vergonzosos de nuestro país. Aunque, en lo que a corrupción se refiere, a Roldán le han salido unos «pocos» duros competidores en estos veinte años… y los que quedarán por descubrirse.

¿Se fiaría usted de alguien como yo?

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