American History X

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Título original:
 American History X
Duración: 1hr 59mins
País:
 Estados Unidos
Año: 1998
Director: Tony Kaye
Guión: David McKenna
Reparto: Edward NortonEdward FurlongAvery BrooksBeverly D’AngeloJennifer LienStacy KeachEthan SupleeFairuza BalkGuy TorryElliott GouldWilliam RussNicholas R. OlesonJason Bose Smith
Género: Drama.

Mi puntuación:  10 / 10
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Como ya comenté hace tiempo al hablar de la banda sonora de La Roca, hay tres películas que creo que, para bien o para mal, son las principales responsables de mi adicción al cine: aquella, Braveheart y la que hoy me interesa, American History X. Ni mis padres ni mis amigos son precisamente cinéfilos, más allá de que les guste ver alguna película de vez en cuando como a cualquier persona «normal», así que mi cinefilia se fue cociendo poco a poco a base de ver las películas que programaban en televisión, muchas de ellas comedias o cintas de acción repetitivas y poco más interesantes que el parte metereológico del día. Pero estas tres las vi en un corto espacio de tiempo y me entusiasmaron e impactaron mucho más que ninguna otra lo había hecho hasta entonces, así que a partir de ahí fui empezando a interesarme y a buscar otro tipo de cine más allá del que emitían en TV. Y por eso las tengo un especial aprecio, más allá de su calidad cinematográfica, que por otra parte en los casos de Braveheart y American History X es bastante alta en mi opinión.

Dejando las divagaciones aparte y pasando ya a lo que interesa, American History X es un tremendo drama protagonizado por los hermanos Vinyard. El mayor de ellos, Derek (Edward Norton), es un líder neonazi local que está a punto de salir de prisión tras cumplir condena por asesinar a dos negros que intentaron robar su coche. El pequeño, Daniel (Edward Furlong), es un joven brillante pero que está muy influenciado por la ideología y los actos de su hermano mayor, algo que preocupa mucho a uno de sus profesores (Avery Brooks), quien para remediarlo intentará concienciar a Derek de que debe de ayudar a Daniel a reconducir su camino.

Usando un recurso tan simple como efectivo como es el empleo de la fotografía en blanco y negro para narrar el pasado de Derek (cómo fue acercándose a la ideología nazi, de dónde provenía su odio, la forma en la que fue integrándose cada vez más en la organización neonazi, el momento en el que comete los asesinatos y, sobre todo, su difícil paso por prisión) y la fotografía en color para contarnos los acontecimientos presentes, en los que Daniel está empezando a coquetear también con la ideología nazi y a salir con el mismo grupo de gente con el que salía Derek, el director Tony Kaye construye una película muy bien narrada cuya historia te engancha desde el principio.

Es un filme muy entretenido pero, si hubiera que definirlo con una sola palabra, esa sería «poderoso». Porque pocas veces se ha mostrado de forma tan contundente en el cine cómo el odio es algo que no tiene sentido alguno y que la violencia no conduce a nada. Lo hace a base de una serie de escenas que se quedarán grabadas a fuego en la retina de cualquier espectador que la vea por lo impactantes que son, entre ellas su trágico y demoledor final, por supuesto.

Además, es una película más que interesante desde un punto de vista «didáctico» (a muchos no les gusta esto de que un filme ofrezca moralejas tan claras, pero a mí no me parece algo malo de por sí). El principal mensaje que nos lanza es, evidentemente, el de lo absurdo e irracional que es odiar a alguien por tener otro color de piel u unas ideas distintas a las nuestras, haciendo mucho hincapié en la importancia que tiene la educación tanto familiar como escolar de cara a evitar que los chavales más jóvenes caigan en estas actitudes y comportamientos. Pero no se queda solo en esa reflexión antirracista, sino que también nos habla de algo no menos importante como la necesidad de evolucionar y cambiar nuestra manera de pensar con el paso del tiempo, conforme vayamos adquiriendo nuevas experiencias (tener las mismas ideas y opiniones con 30 años que con 15, o con 50, me parece que es síntoma de que algo falla). Además, con su doloroso final también nos lanza el duro mensaje de que todo acto tiene sus consecuencias (al menos para la gente de a pie, añado yo), así que mejor valorar bien todo lo que hacemos para no lamentarnos luego por ello.

Y como película carcelaria también resulta de lo más estimulante, pues con unos pocos brochazos nos muestra lo dura que puede llegar a ser la vida en prisión y la importancia vital que tienen las relaciones que establecen los internos entre sí. Toda esa parte está narrada de forma bastante creíble (aunque también con cierta simpleza), entre ellos los dos momentos clave del «despertar» de Derek: el primero, cuando empieza a ver que la ideología de sus colegas arios es poco más que una fachada y que en el fondo lo único que les interesa es salir adelante como sea (es decir, que se integran en un grupo por sentirse protegidos aunque realmente apenas sepan qué es lo que defienden), y el segundo, cuando al fin comprende algo tan simple como que casi todos tenemos las mismas inquietudes y pasiones sea cual sea el color de nuestra piel.

Puede que, como he comentado antes, en algunos aspectos la historia que cuenta sea un tanto simple o que casi todos los personajes parezcan un tanto estereotipados dada la poca ambigüedad moral que tienen ya que, excepto los dos protagonistas, todos parecen o «buenos» o «malos» sin más dobleces o dudas. Pero eso es lo único que se le puede achacar mínimamente a esta cinta, y queda totalmente eclipsado por todo lo demás porque en ella funcionan hasta otros recursos cinematográfios que habitualmente no me convencen mucho, como pueden ser el uso de la cámara lenta en algunas secuencias, la narración a través de la voz en off del personaje de Edward Furlong o el uso de la música para potenciar desmesuradamente el drama de algunas escenas. En esta ocasión, esos tres elementos me han parecido bastante justificados y necesarios para narrar la trama.

Aunque para el final dejo lo que quizás sea lo mejor del filme. Sí, me refiero a las actuaciones. Si los secundarios están en general a un gran nivel (Avery Brooks en el rol del mentor de los hermanos descarriados, Beverly D’Angelo interpretando a la sufridora madre, Stacy Keach en el papel del manipulador líder ario, etc.), Edward Furlong raya la excelencia interpretando a ese inteligente pero frágil hermano menor, que intenta parecer un tipo fuerte y maduro sin ser ninguna de las dos cosas. Y si la actuación de Furlong es excelente, para la de Edward Norton no tengo palabras: en menos de dos horas es capaz de ofrecernos, con absoluta convicción y pasión, una actuación que abarca matices tan diversos que van desde la fuerza a la vulnerabilidad, desde la inteligencia a la irracionalidad, desde la autoridad a la sumisión, o desde la violencia a la sabiduría. Además, hay que otorgarle el mérito de conseguir que un nazi que ha matado a sangre fría no nos parezca alguien completamente repulsivo. En su día me pareció la mejor actuación masculina que había visto jamás en una pantalla y actualmente casi sigo pensando lo mismo, quizás no la mejor pero en un hipotético «top10» seguro.

Así que en mi opinión, más allá del «cariño» que tengo a esta película por lo que comenté al principio, creo que es imprescindible verla al menos una vez en la vida te guste o no el cine. Aun a riesgo de terminar con las tripas medio revueltas por todo lo que cuenta.

El odio es un lastre, la vida es demasiado corta como para estar siempre cabreado.

PD: como curiosidad, al parecer la relación entre el director Tony Kaye y el por entonces joven Edward Norton durante el rodaje fue de todo menos amistosa. De hecho, según cuentan las «leyendas» que circulan por Internet, en un principio el rol de Norton iba a ser mucho más secundario pero presionó a los productores y se salió con la suya hasta el punto de meter mano en el montaje final del filme y así alargar su presencia en pantalla, algo que lógicamente desquició a un director que llegó a pedir que no figurara su nombre en los títulos de crédito, pues consideraba que no era «su» película. Pero bienvenidos los desencuentros si dan como resultado obras como esta.

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