Moulin Rouge

MoulRougTítulo original: Moulin Rouge!
Duración: 2hrs 7mins
País:
 Australia
Año: 2001
Director: Baz Luhrmann
Guión: Baz LuhrmannCraig Pearce
Reparto: Ewan McGregorNicole KidmanRichard RoxburghJim BroadbentJohn LeguizamoJacek KomanMatthew WhittetCaroline O’ConnorKerry WalkerGarry McDonaldDeobia OpareiNatalie MendozaDavid WenhamKylie Minogue
Género: Musical. Romántico. Drama.

Mi puntuación:  7 / 10

 

Seguramente el género musical sea uno de los que menos me atraen del cine, quizás solo superado por el de terror para adolescentes y el de las comedias románticas para ¿idiotas?. Aun así, hay peliculas musicales que me encantan como Cantando bajo la lluvia o que, sin llegar a tanto, al menos sí me transmiten muy buen rollo, como Grease. Tras ellas, en el tercer peldaño del podium de mis musicales favoritos creo que colocaría a Moulin Rouge, una cinta que solo había visto una vez poco después de su exitoso estreno, allá por 2001, y de la cual tenía un recuerdo bueno pero bastante difuso.

Tras verla de nuevo, con mucho mayor bagaje cinéfilo a mis espaldas (?) que por aquel entonces, mi impresión acerca de ella sigue siendo bastante parecida: es una película excesiva y desmesurada que bordea constamente la frontera del rídiculo (y en alguna que otra ocasión la supera), pero que también nos ofrece un auténtico espectáculo en el que hay hueco para el humor, la tragedia y, por supuesto, el amor, todo ello al compás de una serie de números musicales frenéticos (algunos, demasiado) y canciones francamente pegadizas.

Y es que la banda sonora probablemente sea el principal punto a favor de esta película que nos traslada al año 1900 y al mítico burdel parisino del título, para narrarnos una historia de (des)amor entre la principal estrella del mismo (interpretada por Nicole Kidman) y un joven escritor bohemio que cree ciegamente en el amor pese a no haber tenido ocasión de vivirlo nunca (Ewan McGregor). Es una banda sonora compuesta principalmente por versiones de temas muy conocidos cantadas por los actores, como por ejemplo Like a virgin de Madonna o Your song de Elton John, aunque algunas no son versiones al uso sino auténticas vueltas de tuerca tan arriesgadas como hacer un tango con la canción Roxanne de The Police. Pero prácticamente todas ellas, incluso las que en plan «remix» mezclan varios temas en uno (dando como resultado una canción de amor llamada Elephant love medley o un inclasificable can can llamado Zidler’s rap), funcionan de maravilla y sirven para narrar por sí mismas el desarrollo de la historia, siendo la adaptación del mítico The show must go on de Queen el mejor exponente de ello. Que los actores que las cantan lo hagan mejor (especialmente Nicole Kidman y Jim Broadbent) o peor es casi lo de menos, dada la originalidad de la propuesta. Aunque probablemente la canción más emblemática del filme sea Come what may, precisamente la única que no es una versión si no me equivoco, cantada a dúo por los dos protagonistas.

Pero no solo es un placer sonoro, también es un disfrute para la vista durante gran parte de su metraje. Salvo el uso un tanto aleatorio de la cámara lenta, el resto de recursos visuales y de montaje funcionan y logran dotar a la película de un ritmo imparable, casi agotador por momentos, que aunque sea una de las cosas que más critican sus muchos detractores a mí sí me encaja perfectamente en esta historia. Mención aparte merece el uso de los colores y las luces (los carteles luminosos exteriores del propio burdel, los focos del escenario interior, las de los camerinos, etc.) para acentuar más las emociones que quiere transmitirnos el director y guionista australiano Baz Luhrmann, empezando con unos tonos muy cálidos que poco a poco van tornándose cada vez más fríos, a medida de que la historia va avanzando y acercándose al trágico desenlace que ya conocemos (o intuimos) desde la primera escena. Solo hay que fijarse en la iluminación de los rostros de los dos protagonistas en cada secuencia para comprobar ese paulatino paso de la pasión e ilusión inciales a la tristeza final.

Técnicamente es abrumadora, aunque eso no sería suficiente si no hubiera una historia medianamente sugerente detrás, y aquí la hay. No es que su guión sea soberbio ni original, pues no son pocos los triángulos amorosos de triste final que hemos visto en el cine o leído en cientos de libros, pero tiene la suficiente fuerza dramática como para emocionarte o implicarte en el sufrimiento de los protagonistas aún sabiendo lo que va a suceder a continuación. Es una historia facilona, sí, pero con el atractivo e interés que casi siempre tiene ver a personajes que intentan luchar con pasión por alcanzar lo inalcanzable o por algo que está condenado al fracaso desde el principio.

Personajes que en general están muy bien interpretados por el amplio elenco de actores, a pesar de lo fácil que podrían haber caído en la caricatura y el histrionismo. Tan solo Richard Roxburgh (que interpreta al Duque, tercer vértice del triángulo que mencionaba en el párrafo anterior) me ha parecido completamente ridículo, y no es la primera vez que lo hace, ya hablé «maravillas» de él cuando escribí sobre Van Helsing. Pero el resto de intérpretes convence con gracia y carisma… salvo Nicole Kidman, que no es que convenza, es que lo borda tanto por su dulce voz cuando canta como por su expresividad cuando actúa. En alguna escena cómica patina un poco, pero en las dramáticas la pena que transmite con una simple mirada traspasa la pantalla. Pocas veces ha estado mejor.

Lástima que el filme, en sus autoconscientes excesos y su intento de ser tan original que resulta estrambótico, traspase en algunas ocasiones la frontera del ridículo que comenté al principio. A causa de esos (por fortuna pocos) momentos, la sensación final es la de estar una película irregular. Pero, sinceramente, es más lo bueno que lo malo, así que lo mejor es no darle mucha relevancia a esos momentos bochornosos y entregarse al gran espectáculo que nos ofrece. Al fin y al cabo, ya sea para bien o para mal, se trata de un producto arriesgado y distinto a lo habitual, y si para presenciar varios momentos inolvidables hay que tragarse algún otro que de vergüenza ajena… yo lo firmo.

Lo más grande que te puede ocurrir es amar y ser correspondido.

… dedicada a la mayor friki de esta película que conozco, si leer esto te ha servido para desconectar un poco y olvidarte de tus cosas ya ha valido la pena el tiempo que me ha llevado escribirla

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