Réquiem por un sueño

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Título original:
 Requiem for a dream
Duración: 1hr 37mins
País:
 Estados Unidos
Año: 2000
Director: Darren Aronofsky
Guión: Hubert Selby Jr., Darren Aronofsky
Reparto: Ellen BurstynJared LetoJennifer ConnellyMarlon WayansChristopher McDonaldLouise LasserSean GulletteMark MargolisKeith DavidDylan Baker
Género: Drama.

Mi puntuación:  9 / 10
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Canción principal de la película, para ambientar la lectura (Lux Aeterna):

Una de las películas que más me impactó de joven (tendría 17 años cuando la vi por primera vez) fue Réquiem por un sueño, hoy considerada como una obra de culto por muchos cinéfilos o como una aparatosa bazofia por muchos otros. Así, sin medias tintas, porque en lo que todos están de acuerdo es que es una de esas cintas que no dejan indiferente a nadie. Yo, aunque comprendo perfectamente a la gente que la detesta y las razones por las que lo hacen, me posiciono a favor de los que la aclaman.

La historia está protagonizada por una viuda que vive sola (Ellen Burstyn) y que pasa sus días viendo telebasura sin parar, soñando con la idea de poder participar algún día en su concurso favorito. Esto la lleva a obsesionarse con su figura y comienza a tomar pastillas de adelgazamiento, para estar “presentable” por si la llaman pronto para salir en el programa. Por otra parte, su hijo (Jared Leto) apenas la visita y, cuando lo hace, siempre terminan discutiendo. Él es un chaval que coquetea (o algo más) con las drogas y que para ganar dinero de forma fácil y rápida se dedica también a “distribuirlas” junto con un colega (Marlon Wayans), a la vez que sueña con abrir una tienda de ropa con su novia diseñadora (Jennifer Connelly) gracias a las ganancias que obtenga traficando.

La película se divide en tres partes perfectamente diferenciadas y metafóricas. Primero asistiremos a un “verano” en el que a los protagonistas les va todo bastante bien, puesto que sus planes y objetivos parecen estar al alcance de la mano y sus escarceos con las drogas (legales o no; por mucho que los recete un doctor, los medicamentos no dejan de ser droga) solo les reportan momentos de bienestar y placer. Las cosas empezarán a torcerse en el “otoño”, cuando las dosis comiencen a escasear y la adicción les haga necesitar chutes o ingestas cada vez mayores para sentir algo. Una caída que finalizará abruptamente en un durísimo “invierno”, en el que los personajes se darán de bruces con la realidad y sus sueños iniciales habrán desaparecido por completo dando paso a una pesadilla interminable. Por el camino se habrán quedado la ilusión, el dinero, la salud y la dignidad.

Evidentemente, el relato es muy tremendista y es difícil imaginar que tantas cosas puedan suceder tan de golpe y en tan poco tiempo en la realidad. Además, da la sensación de que todo el proceso de “enganchamiento” a las drogas y posterior “mono” cuando no pueden tomarlas tan fácilmente está narrado de una forma demasiado simplista. Por eso, es comprensible que una de las principales quejas de sus detractores sea la poca credibilidad de un relato empeñado en forzar los dramas de los personajes hasta límites exagerados para transmitir ese más que conocido mensaje de que “las drogas son malas”. Si a ello le añadimos un montaje abrumador que en muchos momentos es un auténtico bombardeo de imágenes y sonidos que pueden aturullar a cualquiera, no es raro que haya muchos espectadores que se lleven las manos a la cabeza mientras la ven y se acuerden de toda la familia del director Aronofsky deseando que la “tortura” termine cuanto antes.

Sin embargo, eso mismo que tanto horroriza a quienes detestan la película me parece que es lo que la hace tan imprescindible para los que la tenemos en alta estima. Porque sí, es un producto efectista e incluso abusivo con el espectador en su afán de transmitir esa idea de “no os droguéis, que acabaréis mal”. Pero precisamente gracias a ese efectismo es capaz de mostrar de una forma realmente impactante lo que supone tener una adicción severa, ya sea a las drogas (repito, legales o no), a la comida, a la televisión o a lo que se os ocurra. Transmite de una manera tan agresiva las sensaciones de necesidad, dependencia, paranoia o alucinaciones que debe sufrir cualquier adicto que es como si te sumergieras en la adulterada mente de uno de ellos. Y, por supuesto, lo que ves, oyes y sientes no es en absoluto agradable y te puede poner de los nervios. Pero, para mí, eso es bueno porque creo que eso es precisamente lo que quiere hacer Aronofsky… y vaya si lo consigue.

Aunque jamás podría haberlo logrado de no contar con una banda sonora como la que compuso Clint Mansell. La música también es utilizada de forma desmedida y repetitiva, resultando incluso desquiciante a ratos, pero si el crescendo de los acordes de la épica Lux Aeterna (la canción principal que se repite durante toda la película) no te impacta o emociona es que estás hecho de piedra. Así, la conjunción de la exagerada historia con el alucinógeno montaje y la atronadora música va aumentando el nivel de incomodidad del espectador conforme van pasando los minutos hasta desembocar en uno de los finales más demoledores que he visto nunca. Una aterradora y destructiva caída al abismo de la que no pueden escapar ni los personajes (difícil decir cuál de ellos sale “mejor” parado) ni el público.

Por último, los actores terminan por rematar de maravilla la función. Sobre todo Ellen Burstyn, que realiza una asombrosa actuación en la que por momentos da tanta lástima como pavor, merced a una mirada demencial y a unos gestos y tics nerviosos que nunca resultan excesivos o sobreactuadosJulia Roberts, devuélvele el Oscar que le quitaste, porque solo la conversación que mantiene con Jared Leto acerca de las pastillas que toma su personaje para perder peso ya es mejor que toda tu actuación en Erin Brockovich!). Por su parte, el hoy aclamado Leto dio aquí su primera gran muestra del carisma que tiene en pantalla, perfectamente acompañado por la bellísima Jennifer Connelly, capaz de transmitir las muchas emociones por las que pasa su personaje con suma naturalidad (esa última sonrisa suya en el sofá después de todo lo que ha sufrido y soportado, mientras saca una “bolsita”, es inolvidable y resume por si sola todo lo que nos quiere contar la película).

Así que si no la habéis visto, tenéis que hacerlo, aunque sepáis de antemano que vais a pasar un mal rato y a terminar con un pésimo cuerpo. Porque el impacto que produce en su primer visionado es algo que no olvidaréis fácilmente, incluso aunque sea para mal porque no os haya gustado en absoluto. Pero siempre preferiré este tipo de películas efectistas y capaces de generar tanto aborrecimiento como atracción, que no aquellas que solo provocan indiferencia (y que son cada vez más habituales, por desgracia).

Creo que alguien como tú puede hacer que las cosas mejoren de verdad para mí.

https://thesoniashow.files.wordpress.com/2014/08/requiem.gif?w=860

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