La habitación

RoomHpst
Título original:
 Room
Duración: 1hr 59mins
País:
 Irlanda
Año: 2015
Director: Lenny Abrahamson
Guión: Emma Donoghue
Reparto: Brie LarsonJacob TremblaySean BridgersJoan AllenWilliam H. MacyTom McCamusAmanda BrugelWendy CrewsonJoe PingueRandal Edwards
Género: Drama. Thriller.

Mi puntuación:  8,5 / 10

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Hoy se estrena en nuestro país La habitación, una de las películas más interesantes de 2015 y la que cuenta con la mejor primera hora de cine del año pasado, quizás junto a la de El renacido (aunque nada tienen que ver entre sí). Pero antes de pasar a comentarla os recomiendo que, si no la habéis visto, dejéis de leer después de este párrafo, porque uno de sus principales puntos fuertes es su incertidumbre inicial y su capacidad de sorpresa, algo que se desvanecerá si leéis cualquier sinopsis de ella o veis su tráiler (por eso en esta entrada no lo he puesto).

Por fortuna, yo vi la película completamente «virgen» de información, así que me atrapó completamente desde el principio. Porque los primeros minutos me resultaron desconcertantes al no tener ninguna idea acerca de la historia que iba a ver, así que no sabía si, por ejemplo, se trataba de un relato ambientado en un futuro cercano pero postacopalíptico (vale, tengo mucha imaginación) y por eso la joven protagonista (a la que da vida Brie Larson) y su pequeño hijo de cinco años (Jacob Tremblay) estaban recluidos en la habitación que da nombre al filme sin salir al mundo exterior. De esta forma, cuando comprendí que se trataba de un secuestro el impacto fue mayor y la historia cobró para mí aún más interés si cabe, porque pasaba a ser una especie de mezcla entre Oldboy (por el encierro, su dureza e incluso la idea de la venganza, que la protagonista expone al contarle a su hijo la historia de El conde de Montecristo) y La vida es bella (por los intentos de la madre de endulzar su terrible realidad). Un interés que aumentó de forma constante hasta que pasados 60 minutos la joven secuestrada es rescatada de su encierro gracias al plan de escape que tan bien ejecuta el niño.

Esta primera parte es toda una lección de cómo rodar en espacios reducidos, a base de planos cortos que captan absolutamente todos los detalles de la pequeña habitación, consiguiendo que casi nos sintamos dentro de ella y haciéndola «más grande» de lo que es al tener tantas cosas en las que fijarnos. Por ello no es especialmente claustrofóbica, pero sí es capaz de reflejar la tensa angustia del encierro de forma sencilla y natural. Todos los aspectos de este arranque son apasionantes: el mundo creado en la mente del niño que siempre ha vivido entre esas cuatro paredes, la forma en que su madre le ha educado inteligentemente sin ayuda alguna, el momento en que se decide a actuar para cambiar su trágica situación y la manera en que explica a su hijo cómo es en realidad el mundo exterior (y cómo asimila el pequeño esta información que pone patas arriba todo lo que sabía hasta entonces), el diseño del plan de escape, el propio escape en si, etc. Y el desarrollo de los acontecimientos siempre resulta totalmente creíble, sin dar en ningún momento sensación de que los acontecimientos estén forzados pero sin por ello perder capacidad para sorprender o impresionar al espectador.

Mucha culpa de que todo funcione tan bien la tienen, aparte del magnifico guión de la escritora irlandesa Emma Donoghue (adaptación de su propia novela homónima que, por cierto, me gustaría leer algún día), los dos jóvenes pero grandes actores protagonistas, que además muestran una gran compenetración que ayuda a que el amor «madre-hijo» casi traspase la pantalla. Brie Larson está impecable, en todo momento te crees su desesperación a la vez que te transmite la gran valentía y determinación de su personaje, pero aún mejor es lo del pequeño Jacob Trembley. ¡Qué prodigio de actuación la suya! Su asombrada mirada en el momento en el que se desenrolla de la alfombra y ve el cielo al aire libre por primera vez es el mejor ejemplo de su talento, la cantidad de emociones que se esconden tras ese simple gesto son algo indescriptible. Pocas, muy pocas veces he visto a un actor de tan corta edad resultar tan natural y conmovedor sin apenas recurrir a gritos estridentes, llantos descontrolados o pataletas innecesarias.

Tras este sensacional comienzo, en su segunda hora de metraje la pelicula da un giro total para adoptar la forma del drama puro y duro. De este modo pierde toda la originalidad del arranque y en algún momento quizás fuerce demasiado (en esta parte sí) algunas situaciones en busca de impactar emocionalmente al público, pero pese a ello también nos ofrece un buen puñado de complejas situaciones que dan que pensar. Y mucho. Desde la reacción del padre de la protagonista al no querer ni mirar a su nieto por ser fruto de una violación (una actitud dura pero comprensible, la compartamos o no), hasta la difícil adaptación a la nueva vida tanto del niño (que se debe habituar a un mundo gigantesco en el que las «cosas pasan y pasan sin parar», como dice agobiado al poco de estar libre, echando de menos lo que para él era su tranquilo hogar y no el lugar en el que estaba secuestrado) como especialmente de la madre, incapaz de liberarse de la rabia contenida por lo que ha sufrido pero también cargada de culpabilidad por no haber sido capaz de evitarlo, que además ha de aprender a «compartir» a su hijo con otras personas como no había tenido que hacer nunca antes.

Porque otro tema interesantísimo es ese, el de la educación del niño, que se nos plantea a raíz de una dolorosa pero certera pregunta que hace una periodista a la protagonista: ¿en algún momento se planteó dejar a su hijo al secuestrador para que este lo llevase a un hospital y fuera criado en un orfanato, recibiendo una educación más normal que la que ha obtenido estando encerrado entre cuatro paredes y manteniendo contacto solo con su madre? Desde un punto de vista pedagógico y teórico la respuesta parece clara, pero a ver quién es capaz de tachar de sobreprotectora o incluso de egoísta a la secuestrada sin haber pasado por una situación así.

Pese a que al final está rematada de una forma más o menos amable, es una historia indudablemente dura (y más si pensamos que está inspirada en hechos reales) y sobrecogedora, que cuenta con un montón de elementos sobre los que reflexionar y debatir, y que a la vez funciona de maravilla como un sorprendente y original thriller durante su primera parte de metraje. Así que poco más se le puede pedir a una película que, seguro, durará mucho tiempo en la memoria de los espectadores.

Llevo en el mundo 37 horas. He visto pastelitos y escaleras. Y pájaros, y ventanas, y cientos de coches. Nubes, policías, doctores […] He visto a muchas personas de caras diferentes, hablando todas a la vez. El mundo es como todos los canales de la tele pero al mismo tiempo, así que no sé hacia dónde mirar ni qué escuchar.  Y hay puertas y más puertas. Y detrás de cada puerta hay algo dentro. Y otras salidas. ¡¡Y las cosas pasan, pasan y pasan y nunca se detienen!! Además, el mundo siempre está cambiando de luz y de calor, y hay gérmenes invisibles flotando por todas partes. Cuando yo era pequeño, solo sabía cosas pequeñas. Pero ahora tengo 5, y lo sé TODO.

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