Spotlight

SpotlPs
Título original:
 Spotlight
Duración: 2hrs 8mins
País:
 Estados Unidos
Año: 2015
Director: Tom McCarthy
Guión: Tom McCarthyJosh Singer
Reparto: Michael KeatonMark RuffaloRachel McAdamsBrian d’Arcy JamesLiev SchreiberJohn SlatteryStanley TucciBilly CrudupJamey SheridanNeal Huff, Michael Cyril Creighton, Jimmy LeBlancLen CariouRichard O’RourkeElena Wohl
Género: Drama.

Mi puntuación:  7,5 / 10

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Trailer (versión original con subtítulos):

Spotlight es el nombre del equipo de investigación del periódico Boston Globe que en 2002 publicó la historia de una serie de abusos sexuales infantiles que «varios» sacerdotes (87 como mínimo, casi nada) venían cometiendo desde los años 60 en la capital del estado de Massachusetts, con el conocimiento del cardenal y los dirigentes de la arquidiócesis de dicha ciudad, que lograron ocultar a la opinión pública estos hechos durante décadas. Esta noticia supuso un gran escándalo en el seno de la Iglesia Católica, lógicamente, y a los periodistas responsables de la investigación les valió el prestigioso premio Pulitzer.

Tom McCarthy, director y guionista de la película (y nominado por ambas facetas a los próximos Oscar), relata el caso de forma totalmente realista, tomándose el tiempo necesario para mostrar las dificultades que (supongo) conlleva cualquier investigación de este tipo, entre las que no faltan las trabas judiciales, las puertas cerradas o los palos de ciego que no conducen a ninguna parte. Incluso los aviones de Bin Laden se interpusieron en el camino de los periodistas protagonistas, retrasando y complicando aún más una laboriosa investigación a la que ya habían dedicado muchos meses y que tuvieron que dejar aparcada una temporada para dar la incuestionable prioridad al fatídico 11-S. Es decir, que no nos presenta a los personajes como si fueran unos investigadores o reporteros infalibles que en un par de horas resuelven cualquier caso, si no que los muestra de una forma que se debe acercar mucho al funcionamiento de las unidades de investigación reales, en las que los recursos (tanto económicos como humanos) no creo que sean precisamente elevados y cada nuevo avance requiere mucho tiempo.

Y todo estos impedimentos se multiplican más aún si la investigación involucra a la Iglesia, claro. Que ésta proteja a toda costa a sus sacerdotes o intente esconder sus secretos más turbios y escabrosos no debería sorprender a nadie, pero parece mentira que en pleno siglo XXI siga teniendo además tanto poder e influencia no solo en los ciudadanos como individuos, sino también en unas instituciones (Gobierno, Justicia, Policía, etc.) que deberían estar completamente desligadas de cualquier religión y creencia. Aunque está claro que, por desgracia, esto no es así (no hace falta ver la película para llegar a esta conclusión).

De todas formas, quizás el aspecto más interesante del filme, más allá de la denuncia de estos execrables hechos, sean las cuestiones morales a las que se han de enfrentar los protagonistas. ¿Hasta qué punto es éticamente correcto que un periodista indague en el pasado de una víctima de abusos sexuales? ¿Debería proteger la intimidad de una de esas víctimas o exponer el caso para alertar a la sociedad y evitar posibles casos futuros? ¿Dónde está el límite entre lo que se debe publicar y lo que no? Pero el debate moral no se limita solo al gremio periodístico sino que se extiende también, entre otros sectores, al de los abogados defensores. En su caso, se plantea la duda de si representaban a los sacerdotes acusados para garantizarles el derecho a la defensa que toda persona tiene, por muy deleznables que sean los actos de los que se le acusa, o si lo hacían porque vieron en estos casos una oportunidad única para lucrarse sin siquiera ir a juicio, simplemente mediando entre las víctimas y la Iglesia. Asuntos más que interesantes y en los que nada es blanco ni negro, todas las respuestas son totalmente subjetivas.

Todo ello está narrado y mostrado sin recurrir a ningún tipo de alarde ni efectismo. El guión no presenta ningún giro o escena que fuerce gratuitamente el drama ni el morbo (no es necesario, el asunto ya es durísimo de por sí) y el director huye de cualquier lucimiento técnico, dirigiendo la película de forma sobria, sencilla y directa. Además, se apoya en un solvente grupo de actores a los que puede que casi ningún cinéfilo cite nunca entre sus favoritos, pero que normalmente cumplen a la perfección con sus papeles. Tipos como Stanley Tucci, Liev Schreiber o Jamey Sheridan no tienen ni mucho menos el perfil de «estrella» pero seguro que la mayoría de directores estarían encantados de contar con ellos en sus repartos. Aunque los momentos de mayor intensidad corren por parte de los nominados al Oscar, Rachel McAdams y sobre todo Mark Ruffalo. Pese a que la actuación de este último esté plagada de ciertos tics y poses físicas que me desconciertan al principio (aunque ahora veo que habrá recurrido a ellos para imitar mejor a su personaje real, Mike Rezendes, que aún sigue trabajando para el Boston Globe), con el paso de los minutos va convenciendo más hasta adueñarse de la función cada vez que aparece en pantalla.

Lo único que se le puede achacar a la cinta es cierta falta de emoción, de pasión, de intensidad dramática. Evidentemente, los protagonistas se muestran afectados por el tema que están investigando, pero salvo en algunas escenas puntuales protagonizadas por los mencionados Ruffalo o McAdams, no se profundiza demasiado en cómo les impactó personalmente todo esto. Por momentos casi parece más un documental que un filme de ficción dado lo aséptico que resulta el relato, aunque también es lógico que sea así porque, repito, este tema de los abusos infantiles por parte de sacerdotes es tan truculento e indignante por sí mismo que no hay necesidad de forzarlo aún más mediante «trucos» cinematográficos o narrativos.

Así que Spotlight es una película que no innova ni realmente muestra nada que no supiéramos (o sospechásemos), pero que no por ello deja de ser necesaria y plausible por dar relevancia a un asunto tan grave y polémico. Además, lo hace de forma mucho más honesta a mi juicio que otra cinta reciente que también aborda la cuestión de los abusos del clero pero de manera más sórdida y pretendidamente desagradableEl Club del chileno Pablo Larraín. No es que ésta sea mala ni mucho menos y además nos ofrece otro punto de vista, pero prefiero la sencillez de Spotlight porque este tema no necesita ser exagerado ni afeado para resultar absolutamente repugnante.

Si se necesita a un pueblo entero para criar a un niño, también se necesita a un pueblo entero para que se abuse de él. Esa es la verdad.

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