La juventud

GiovinPstTítulo original: Youth
Duración: 1hr 58mins
País:
 Italia
Año: 2015
Director: Paolo Sorrentino
Guión: Paolo Sorrentino
Reparto: Michael CaineHarvey KeitelRachel WeiszPaul DanoLuna MijovicJane FondaRoly SerranoMadalina GheneaRobert SeethalerAlex MacqueenEd StoppardPaloma FaithEmilia JonesTom LipinskiChloe Pirrie, Gabriella Belisario, Dorji Wangchuk
Género: Drama.

Mi puntuación:  8 / 10

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Trailer (versión original con subtítulos):

Pese a haber sido coronada como mejor película europea de 2015 en los pasados Premios del Cine Europeo, La juventud ha sido infravalorada e incluso despreciada por parte de la crítica, llegando a leerse cosas sobre ella como que «parece hecha con las escenas descartadas de La gran belleza», el aclamado anterior filme de Paolo Sorrentino. Las comparaciones son tan odiosas como inevitables en este caso porque la estética de ambas películas es prácticamente idéntica, así como la forma en que están narradas, pero en mi opinión la nueva obra del realizador italiano no sale ni mucho menos mal parada frente a su predecesora. Más bien al contrario, está casi a su nivel, lo cual era francamente difícil.

La verdad es que no sé qué tiene el cine de Sorrentino para que me guste tanto (no solo sus dos últimos trabajos, también Il divo), y más teniendo en cuenta que no me suele atraer nada este tipo de películas efectistas y ensimismadas, que intentan ser «poéticas» y que están más basadas en las imágenes o las metáforas que en la acción o el desarrollo de una trama. O puede que sí lo sepa: a diferencia de muchas otras obras de este estilo, las del director italiano no se limitan a ser un mero envoltorio bonito y también ofrecen un contenido reflexivo que me dice (o me hace sentir) algo.

En esta ocasión nos sumerge en un hotel-balneario de los Alpes suizos entre cuyos huéspedes se encuentran, aparte de alguna que otra familia y muchos jubilados, un famoso compositor ya retirado (Michael Caine) y su hija y a la vez asistenta (Rachel Weisz), un equipo de guionistas de cine liderados por un veterano realizador de Hollywood (Harvey Keitel), un exitoso actor joven en busca de inspiración para su próximo papel (Paul Dano), la actual Miss Universo, un monje budista, una joven «acompañante» en busca de dinero fácil e incluso un obeso y renqueante Maradona (aunque no se mencione su nombre en toda la película no hay duda acerca de la identidad del exfutbolista al que interpreta Roly Serrano, y menos aún sabiendo que Sorrentino es napolitano).

Semejante «fauna» sirve de pretexto al director para exponernos una serie de ideas acerca del paso del tiempo, cuestiones como la angustia de sentir que tus mejores años han pasado y que no puedes recuperar el tiempo perdido, la eterna pregunta de «¿y si…?» sobre las decisiones tomadas muchos años atrás, la sensación de no sentirse realizado por completo pese a haber alcanzado el éxito en alguna ocasión, el plantearte si realmente has aportado algo bueno a quienes te rodean, etc. Pero no solo propone cuestiones particulares, también nos lanza preguntas acerca de hacia dónde se dirige esta sociedad en la que cada vez tenemos más miedo al contacto físico (quizás por un contradictorio temor al placer, como dice la masajista del filme), en la que prevalecen el culto al cuerpo y el arte de aparentar, en la que los jóvenes han perdido el respeto por sus mayores, en la que la música más simple es la que triunfa y en la que la televisión ha superado al cine (Sorrentino se «atiza» incluso a sí mismo al afirmar esto de forma despectiva, pues su próximo proyecto es una serie).

Todo ello se nos narra a través de los pensamientos y conversaciones de los diversos personajes, algunas de ellas cargadas de sarcasmo y humor pero a la vez muy realistas y nostálgicas, especialmente las que mantienen los personajes de Caine y Keitel. Uno afronta su vejez con desgana e indiferencia mientras el otro sigue cargado de energía y pasión, así que los diferentes puntos de vista de cada uno dan lugar a diálogos francamente interesantes. Y la principal conclusión a la que llega el filme es que en realidad «nadie está preparado», como dice una niña al personaje de Paul Dano, que muchos de nuestros miedos e inseguridades no se curarán con el tiempo sino que nos acompañarán siempre y que nunca estaremos completamente satisfechos con nosotros mismos ni con nuestro «legado». ¿Es este un mensaje pesimista, una visión demasiado trágica de nuestra existencia… o una mirada sincera a lo que es la vida? Yo más bien diría que esto último.

Como ya he comentado antes al decir que se trata de una cinta «poética», el realizador italiano no formula todas estas reflexiones solo mediante palabras, sino también a través de unas bellas imágenes que en ocasiones resultan casi oníricas (como la levitación del monje), en otras tremendamente metafóricas (como aquella en la que vemos a Michael Caine dirigiendo a un rebaño de vacas y sus cencerros) y, en otras muchas, meramente contemplativas (con el espectacular paraje alpino en el que está el hotel de los protagonistas, como para no aprovechar sus vistas). El erotismo también está presente en alguna escena (inolvidable la aparición de la Miss Universo interpretada por la despampanante Madalina Ghenea en el jacuzzi, como si de un regalo celestial se tratase, que deja literalmente sin palabras al dúo Caine-Keitel… y a todos los espectadores), y es que al tema del sexo y al papel que tiene en las relaciones estables de pareja también se le da la importancia que merece, como queda demostrado en una tragicómica situación que vive el personaje de Rachel Weisz.

Aparte de esa preciosa estética y de esas fascinantes imágenes, otra de sus grandes bazas es la banda sonora de la que ya escribí aquí el otro día, en la que la música más clásica y la más discotequera combinan a la perfección. Y el gran reparto que encabezan esos dos grandes actores que son los mencionados Michael Caine y Harvey Keitel pone el broche de oro a la función. Caine interpreta a la perfección a ese tipo tan sereno como apático, de vuelta de todo y que no espera ya gran cosa de la vida, mientras Keitel realiza su mejor actuación en muchísimo tiempo (quizás desde Smoke y Abierto hasta el amanecer, hace ya 20 años) aportando el punto justo de ironía e ímpetu mezclado con inseguridad que requiere su personaje. Rachel Weisz tampoco se queda atrás y protagoniza algunos de los momentos más emotivos del filme (especialmente, ese monólogo en el que se sincera con su padre mientras se están dando un masaje con barro) y Paul Dano cumple sobradamente en un rol más secundario. Por su parte, la veterana Jane Fonda sorprende con una breve pero intensa aparición, aunque las importantes nominaciones que ha recibido por este papel (entre ellas, al Globo de Oro) me parecen excesivas.

Giovin7En fin, volviendo a las comparaciones de las que hablaba al principio, no llega al nivel de La gran belleza porque ya no tiene la misma capacidad de sorpresa que tuvo aquella, aparte de resultar algo menos estimulante. Y aunque no es tan excesiva como su antecesora también es un tanto irregular, pero quizás estas imperfecciones sean las que la hacen tan auténtica y disfrutable para mi gusto. No todo el mundo conectará con ella, pero si os logra enganchar os llevaréis una gratísima experiencia.

—Se dedica al trabajo más obsceno del mundo.
—¿Es prostituta?
—No, mucho peor. Estrella de pop.

 

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