Los odiosos ocho

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HatePst
Título original:
The hateful eight
Duración: 2hrs 47mins
País:
Estados Unidos
Año: 2015
Director: Quentin Tarantino
Guión: Quentin Tarantino
Reparto: Samuel L. JacksonKurt RussellJennifer Jason LeighWalton GogginsJames ParksTim RothMichael MadsenDemián BichirBruce DernChanning TatumZoë Bell
Género: Crimen. Western. Comedia negra.

Mi puntuación:  8 / 10

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Trailer (versión original con subtítulos):

Con un título traducido al español de forma lamentablemente literal, ayer por fin aterrizó en nuestros cines la octava película de Quentin Tarantino (según sus propias cuentas, al parecer considera las dos partes de Kill Bill como un solo filme y se “olvida” de la parte que dirigió en Four rooms).

En esta ocasión Quentin nos traslada al siglo XIX, a los años posteriores a la Guerra de Secesión, para narrarnos un desafortunado encuentro entre ocho personajes que en plena tormenta invernal buscan cobijo en la única cantina que hay en medio de las nevadas montañas de Wyoming. Estos ocho protagonistas son los cazarrecompensas Marquis Warren (un antiguo mayor del ejército unionista al que interpreta Samuel L. Jackson) y John Ruth (Kurt Russell), la prisionera de este último (Jennifer Jason Leigh), un tipo que afirma ser el nuevo sheriff del pueblo más cercano (Walton Goggins), un verdugo (Tim Roth), un cowboy (Michael Madsen), un veterano ex-general del ejército confederado (Bruce Dern) y un mexicano que dice estar encargado de la cantina porque sus dueños han tenido que marcharse de viaje (Demián Bichir).

Con semejantes elementos, el aclamado director nos sumerge en una especie de juego de detectives tipo Cluedo pero mucho más macabro, violento y sangriento, aunque también irónico, satírico y, en definitiva, divertido. Y, fiel a su estilo, lo hace cogiendo “prestadas” ideas de otros y llenando la película de referencias fácilmente identificables: un poco de la intriga criminal de las novelas de Agatha Christie como Diez negritos, otro poco del spaghetti western de su adorado Sergio Leone (pero, más que por ser un western, por esos planos tan amplios y esos duelos de miradas), un buen puñado de deducciones que recuerdan a la escena final del clásico La cena de los acusados, incluso algún que otro baño de sangre a lo Carrie… y también mucho de su propio cine. Y es que Los odiosos ocho tiene una estructura narrativa muy similar a la de Reservoir Dogs y la misma “teatralidad” que esta; una división en capítulos al estilo de Pulp Fiction además de su mismo tipo de títulos de crédito (aparte de volver a jugar al despiste con el espectador mediante otro objeto “icónico”, si en aquella ocasión se trataba de un maletín en esta es una carta); una estética y unas discusiones raciales cargadas de improperios muy en la línea de Django desencadenado; además de contar con un personaje femenino vilipendiado pero que soporta los golpes e insultos esperando pacientemente la hora de su venganza, como ya hiciera la protagonista de Kill Bill.

Tampoco faltan ni su recurrente empleo del azar para lograr que las tramas de los variopintos personajes que protagonizan sus historias se crucen de algún modo, ni la genial música que acompaña siempre a sus películas (el fantástico trabajo del maestro Morricone ya le ha valido el Globo de Oro y veremos si no le da también el Oscar), ni un elenco de actores a los que casi siempre logra sacar lo mejor de sí mismos. Samuel L. Jackson campa a sus anchas por la pantalla, completamente desatado y disparando muchísimas más palabras que balas, y Kurt Russell está mucho mejor que de costumbre, de hecho su personaje es el que más me ha gustado de la película y eso se debe en parte a su buen hacer. Aunque las sorpresas del reparto las dan un divertido Walton Goggins y la “nominada” Jennifer Jason Leigh, que aguanta con estoicismo y humor todo lo que le echan literalmente encima a su retorcido personaje y con algunos momentos en los que casi da pavor con su ácida sonrisa y su astuta mirada. Y también tendremos ocasión de descubrir otros elementos “100% marca Tarantino”, como los cigarrillos Red Apple, el plano del “maletero” (es decir, en contrapicado) e incluso a su último actor fetiche, Christoph Waltz, que aunque no esté presente físicamente sí aparece “reencarnado” en Tim Roth.

Y, por supuesto, también hay lugar para sus característicos diálogos largos y elaborados, muchos de los cuales no parecen decir gran cosa pero sirven para hacer que todo resulte más natural, como si fueran conversaciones banales que podríamos mantener en nuestra vida real. Quizás no sean tan divertidos como en alguno de sus trabajos anteriores, pero sí tienen la suficiente ironía y humor negro como para sacarnos unas cuantas carcajadas. Y es que seguramente Tarantino sea el mejor escritor de diálogos del cine actual. Así a bote pronto, estas son algunas de las frases que más me han gustado, especialmente la última (aparte de la que pongo al final de la entrada, claro):

«Oh, así que ahora crees en Dios. Eso es bueno, porque vas a conocerle en breve».
«Estoy escribiendo la historia de mi vida… y acabas de entrar en ella»
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«Los confederados pusieron precio a mi cabeza porque se cansaron de mi capacidad para dejarles sin las suyas»
«Minnie quitó el cartel de No se permiten perros ni mexicanos hace poco más dos años. ¿Sabes por qué? Empezó a dejar entrar a los perros».
«A partir de ahora nos comunicaremos por señas: cuando te de un codazo muy fuerte en la cara… significa que te calles».

Además, en esta ocasión prácticamente toda la historia transcurre entre cuatro paredes, lo cual resulta muy teatral a la vez que añade una pizca de claustrofobia que encaja a la perfección con la intriga y el suspense de lo que estamos viendo, ese retorcido quién es quién en el que la tensión va en aumento y cuyo principal ingredientes es la desconfianza. Aunque es precisamente lo que no tiene lugar dentro de la cantina, básicamente el encuentro inicial de los personajes de Samuel L. Jackson y Walton Goggins con la diligencia en la que van Kurt Russell y Jennifer Jason Leigh, lo que más me ha gustado de la película (la relación entre estos dos últimos personajes es desternillante). Una vez más, Quentin nos regala un arranque soberbio repleto de verborrea en mitad de un paraje nevado tan precioso como duro, enganchándonos casi con tanta facilidad como ya lo hizo en el comienzo de su anterior filme Django desencadenado.

Pero justo después de que estos personajes lleguen a la cantina la película se vuelve un poco pesada, incluso aburrida por momentos (algo casi inimaginable en el cine de Tarantino, que puede tener muchos defectos pero el aburrimiento nunca ha sido uno de ellos), al enfrascarse en una serie de diálogos sobreexplicativos y situaciones que realmente no tienen relevancia alguna, solo añaden minutos al extenso metraje (el gag de la puerta, por ejemplo, no aporta nada y además se repite varias veces). Puede ser que yo no tenga la “paciencia” a la que alude en un momento dado un personaje (alusión totalmente irónica, supongo), aunque por fortuna la película se recupera y vuelve a coger un buen pulso conforme pasan los minutos, con algún nuevo altibajo posterior, eso sí.

Ese defecto, unido a la sensación de que todo lo que sucede en la película es demasiado enrevesado (el “plan de rescate”, por así decirlo sin caer en spoilers, podría haber sido mucho más sencillo y fácil de ejecutar) y al hecho de que Tarantino vuelva a caer en los excesos sangrientos en los que viene cayendo de forma innecesaria para mi gusto desde Death Proof (por más que estos sean claramente sarcásticos, como queda demostrado cuando dos personajes exclaman «¡Qué belleza!» mientras estrangulan a otro en una imagen realmente desagradable), me ha impedido disfrutar tanto como suelo hacerlo cuando veo películas suyas.

Aunque ese regusto agridulce que me quedó al terminar de verla se me ha ido quitando con el paso de las horas, y si me pongo a pensar ahora mismo en todo lo que ofrecen estos “odiosos” lo cierto es que es muchísimo más lo bueno que lo malo. De hecho, estoy convencido de que es de esas películas que mejoran cuando las vuelves a ver una o incluso varias veces Así que, en definitiva, puede que esté un peldaño por debajo de los mejores trabajos de Tarantino pero aun así sigue siendo uno de los mejores filmes que he visto del año 2015. Ya tengo ganas de descubrir con qué ocurrencias nos sorprende próximamente este genial director y aún mejor guionista porque, teniendo en cuenta que siempre ha dicho que dirigirá diez películas y se retirará, parece que no vamos a poder disfrutar de su ingenio y talento en muchas ocasiones más.

La justicia impartida con emociones siempre está en riesgo de no ser justicia.

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7 espectadores han dejado su opinión

  • Pingback: Lo mejor de 2015 (I) – Toma Primera

  • ¡¡ Qué buen análisis de la película !! 🙂

  • Pues mira, vamos a coincidir en la puntuación, muy apropiada también para el título de la peli. A mí la verdad es que no me decayó en ningún momento se me pasó volando. Y sí, para variar, lo que termina restándole esos pocos puntos puntos es que, para variar, se le oye a Quentin masturbarse desde detrás de las cámaras. Qué le importará a uno qué pelis le gustan a él o qué detalles encadenan todo su universo cinematográfico al completo…

    • Está claro que Tarantino se tiene en muy alta estima a sí mismo, por decirlo suavemente… pero no es ni mucho menos el único director que peca de ello. Más bien al contrario, casi todos tienen un punto de narcisismo.
      A mí sí me gusta que cargue sus películas de citas y referencias, me lo tomo como un “Juego” en el que tengo que imaginarme qué se le pudo pasar por la cabeza a este personaje mientras escribía el guión 😉

    • Por cierto, como curiosidad y siguiendo con el narcisismo de Tarantino… al escuchar su voz en la narración que aparece de repente en mitad de la cinta supuse que se debería a eso, a que tenía que salir en su película como fuera. Seguro que algo de ello hay, pero también existe una explicación más razonable que leí en el enlace que pongo debajo: en el pase original hay un intermedio de casi 15 minutos y, tras él, retoman la película con esa narración a modo de “… en episodios anteriores”.
      http://www.jotdown.es/2016/01/los-odiosos-ocho/

  • Odio las referencias, me sacan de la narración -que es lo que me interesa-. Con descanso o sin él, lo del narrador omnisciente sí que se lo imputo como “ganas de dar la nota” en mi comentario, que saldrá hoy por el blog.

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