Mi gran noche

MiGranNPstTítulo original: Mi gran noche
Duración: 1hr 37mins
País:
 España
Año: 2015
Director: Álex de la Iglesia
Guión: Jorge GuerricaechevarríaÁlex de la Iglesia
Reparto: Pepón NietoRaphaelMario CasasBlanca SuárezCarlos ArecesJaime OrdóñezTomás PozziEnrique VillénMarta GuerrasMarta CastelloteSantiago SeguraLuis CallejoHugo SilvaCarolina BangCarmen MachiCarmen RuizTerele PávezAna PolvorosaLuis FernándezAntonio VelázquezIgnatius FarrayToni AcostaDaniel Guzmán
Género: Comedia negra.

Mi puntuación:  6 / 10
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Trailer:

Cuando en su día escribí sobre El día de la bestia ya comenté que Álex de la Iglesia me parece uno de los directores más talentosos y originales de nuestro país a pesar de su irregularidad y de su tendencia a los excesos desmedidos, así que una de las películas que más ganas tenía de ver este año era su nuevo trabajo, Mi gran noche. Y eso que la presencia de Raphael no me convencía en absoluto, no porque tenga especial manía al cantante (ni me gusta ni me disgusta especialmente), sino porque dudaba de su capacidad para protagonizar una comedia negra como las que suele dirigir Álex.

En esta ocasión, el realizador vasco nos sumerge en la descontrolada grabación de una gala que meses después se emitirá por televisión en Nochevieja. El último en llegar al lugar del rodaje es José (Pepón Nieto), un parado al que su ETT ha enviado allí como figurante. Pero lo que este pobre hombre pensaba que iba a ser un trabajo rápido y sencillo es en realidad un auténtico caos interminable en el que hay tensiones por doquier: los presentadores (Hugo Silva y Carolina Bang) no se soportan, un veterano cantante llamado Alphonso (Raphael) tiene unos tremendos celos de la estrella popera de turno (Mario Casas), las decenas de figurantes están hartos de soportar horas y horas de grabación sin poder salir de allí, las realizadoras (Carmen Machi y Carmen Ruiz) se quejan constantemente de las condiciones en las que trabajan y, por si fuera poco, a las afueras del local se concentran tanto viejas fans del mentado Alphonso como trabajadores despedidos por la cadena televisiva que se manifiestan airadamente bajo la atenta mirada de los antidisturbios.

Así, con semejante punto de partida, la película resulta excesiva desde el primer minuto. Decenas de personajes distintos van y vienen por la pantalla sin parar, mientras la cámara va de un lado a otro constantemente y las situaciones se van complicando rápidamente y sin descanso. Esto al principio satura y mucho, hasta que nos familiarizamos con todos los que van a ser protagonistas de alguna de las diversas subtramas y empezamos a disfrutar del esperpento ideado por de la Iglesia y su habitual colaborador Jorge Guerricaechevarría. En esta ocasión, ambos «disparan» contra todo el circo que rodea a la televisión más casposa, desde los descerebrados fans hasta los productores sin escrúpulos ni respeto alguno por sus trabajadores, pasando por los presentadores hinchados de ego, las viejas glorias incapaces de asumir el paso del tiempo o los cantantes de tanto éxito como escasa inteligencia. La crítica a nuestro irracional comportamiento en Nochevieja (esa noche en la que casi todo vale, tanto en casa como fuera, y en la que casi todo el mundo sale y se embotija, incluidos los que el resto del año no pisan un bar) también está ahí. Aunque el humor que han empleado para referirse a todo esto me ha parecido menos ácido que en algunos de sus trabajos anteriores, no por ello deja de ofrecernos algunas ocurrencias y escenas realmente desternillantes.

Pero si decía que al principio cuesta hacerse con la película debido al descontrol reinante y al interminable número de personajes que vemos en pantalla, esto es aún peor en su tramo final. En los últimos 15 minutos aproximadamente, Álex de la Iglesia vuelve a caer en su habitual defecto de dejarse llevar por la exageración y todo resulta desmedido y aparatoso (más de lo que ya venía siendo, quiero decir), rozando el ridículo en muchas ocasiones. Es una pena que la tremenda habilidad que tiene el director para rodar y crear filmes repletos de ritmo y espectáculo visual se vea lastrada por su incapacidad de cerrar las tramas de una forma menos estridente y forzada. Pero bueno, es parte de sus señas de identidad y mejor que sea así que más «normal», porque de esta forma da rienda suelta a toda su creatividad y la verdad es que nos regala más momentos buenos que malos.

¿Y Raphael, qué? Pues el cantante nos ofrece una actuación mucho mejor que la esperada, convincente, divertida y, en ocasiones, también bastante intensa. Bien es cierto que en realidad hace poco más que interpretar una versión exagerada de si mismo pero,  para no dedicarse a esto de la actuación, no tiene nada que envidiar al resto del reparto. Al contrario, él es de los más destacados de un extenso elenco plagado de rostros habituales del cine de de la Iglesia o que, al menos ya han trabajado con él anteriormente: Santiago Segura, Enrique Villén, Terele Pávez, Carlos Areces, la insufrible Carolina Bang, Mario Casas, Hugo Silva, Pepón Nieto, etc. Por destacar a algún otro, me quedaría sin duda con Jaime Ordóñez en el rol del fan despechado (incluso se marca una aceptable versión de la mítica canción que da título a la película, imitando con acierto muchos de los dejes del cantante aunque con la chaqueta siempre puesta) y con una divertida Blanca Suárez en el papel de la tía buena a la que sorprendentemente nadie se arrima… por ser gafe.

No es de lo mejor que ha hecho Álex de la Iglesia, pero se pasa un rato más o menos bueno viendo toda esta locura (infinitamente mejor que viendo cualquier programa que emitan en la madrugada de pasado mañana, seguro). Aunque espero que su próximo proyecto, titulado El bar y en el que contará de nuevo con Mario Casas y también con el gran José Sacristán, tenga un guión un poco más trabajado que este porque su sinopsis es prometedora.

PD: casi le doy medio punto más por la breve pero estelar aparición de Los Gandules, uno de mis ¿grupos? favoritos, interpretando a capella su exitazo Obstetricia en Bucarest. Así de friki es uno.

Las cicatrices no son como los tatuajes. Los tatuajes son falsos, tú te los inventas… pero las cicatrices son de verdad. Tú no las eliges, son parte de tu vida.

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