Black mass


BlackMps
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Título original: Black mass
Duración: 2hrs 2mins
País:
 Estados Unidos
Año: 2015
Director: Scott Cooper
Guión: Mark MalloukJez Butterworth
Reparto: Johnny DeppJoel EdgertonRory CochraneJesse PlemonsDavid HarbourBenedict CumberbatchDakota JohnsonJulianne NicholsonKevin BaconCorey StollAdam ScottW. Earl BrownPeter SarsgaardBill CampJuno TempleBrad CarterJeremy Strong
Género: Crimen. Drama.

Mi puntuación:  6 / 10
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Trailer subtitulado en español:

No sé qué tienen las historias «de mafiosos» para que me atraigan tanto, pero lo cierto es que un buen puñado de mis películas favoritas están protagonizadas por gángsters. Así que no podía dejar de ver Black Mass, el nuevo trabajo de Johnny Depp que relata las andanzas de James ‘Whitey’ Bulger, uno de los criminales más violentos de la historia de Boston (no en vano, en 2013 se le consideró culpable de once asesinatos y otros cuantos delitos, aunque estuvo implicado en muchos más por lo que dijeron algunos de sus cómplices).

La historia de Bulger está narrada a través de largos flashbacks, según las confesiones que hacen varios de sus antiguos compañeros de fechorías a la policía. Así vamos viendo cómo se fue haciendo poco a poco con el control de diversas actividades ilegales en Boston, desde el juego hasta el tráfico de drogas e incluso de armas, hasta llegar a convertirse en el criminal más peligroso y temido de la ciudad. Por el camino dejó un reguero de engaños, extorsiones, violencia y ejecuciones, pero jamás habría logrado alcanzar tal estatus de no haber sido por sus contactos con John Connolly, un viejo amigo de la infancia que en esa época trabajaba en el FBI. Mientras Bulger le informaba sobre otros delincuentes considerados aún más peligrosos que él por la policía, como los jefes de la mafia italiana, Connolly y otros agentes le encubrían… y de paso le hacían el trabajo sucio quitándole rivales del camino.

Ahí está la gran «moraleja» de la película: el fin, por bueno que sea, no justifica los medios. Porque en su loable intento de librar a la ciudad de la lacra de la mafia italiana, esos agentes del FBI permitieron que otros criminales campasen prácticamente a sus anchas por las calles de Boston, contribuyendo involuntariamente a crear una nueva organización criminal tan sanguinaria o más que la anterior y que pronto extendió sus lazos a otros lugares de Estados Unidos. Es una moraleja que ya nos han contado infinidad de veces en el cine o en la literatura, pero no es eso lo que le resta interés a la película.

Lo que sí que la perjudica bastante es que sus responsables hayan intentado contar una historia demasiado amplia en tan solo dos horas. Había demasiadas cosas que abarcar y, al no haber tiempo para todas, muchas de ellas solo se tocan muy superficialmente. Sobre todo, los aspectos que se refieren a la vida más íntima y personal de Bulger: la relación que tenía con su madre o con su esposa, cómo le afectó la temprana muerte de su hijo, el distante trato que tenía con su hermano (que además era senador de Boston, lo cual podría haber dado mucho juego), etc. Todo ello se muestra pero no deja de ser más que un simple esbozo, así que le falta profundidad en este sentido.

Y la fría dirección de Scott Cooper tampoco ayuda a que nos terminemos de enganchar completamente a lo que vemos. El relato está plagado de elementos de interés pero en algunos momentos casi da la sensación de que estamos viendo un «documental» más que un entretenimiento de ficción, lo que la hace ser un poco pesada a ratos y convierte algo que podría haber sido apasionante (la compleja relación entre un criminal y un policía que se benefician mutuamente) en algo que se ve olvidará con tanta facilidad como se ve. Ya me sucedió lo mismo con la anterior película de Cooper, Out of the furnace (que en España ni siquiera llegó a estrenarse, algo incomprensible): contaba con una historia muy interesante a priori pero terminaba resultando demasiado apática y seca, a pesar del gran hacer de sus actores, especialmente Casey Affleck y Christian Bale.

Como en aquella, en Black Mass también tenemos unas muy buenas interpretaciones. Especialmente la de un Johnny Depp que, aparte de estar casi irreconocible con ese peinado, esas capas de maquillaje y esas lentillas azules, realiza una actuación mucho más contenida de lo que suele ser habitual en él pero con unos fogonazos de ira que acojonan, con perdón. Su figura transmite toda la calma tensa y el respeto que se supone que provocaba el auténtico Bulger entre su gente y sus rivales, y no sería raro verle entre los nominados a alguno de los premios gordos del año. Joel Edgerton también tenía una buena ocasión para lucirse pero su actuación me ha parecido mucho más plana, justo lo contrario que la de algunos actores cuya presencia es, por desgracia, poco menos que testimonial en pantalla, como Julianne Nicholson, Peter Sarsgaard o, sobre todo, Bennedict Cumberbatch en el rol del hermano senador del protagonista (la autenticidad que transmite en cada gesto suyo es increíble pero su personaje es casi anecdótico, una lástima por lo importante que podría haber sido ahondar más en su tensa relación con Bulger y por el talento que tiene este actor).

La excelente ambientación setentera, la acertada caracterización de los protagonistas (si buscáis en Google imágenes de Bulger o Connolly veréis que se parecen mucho a los del filme), la intensa banda sonora que compone Junkie XL (que en esta ocasión firma con su nombre real, Tom Holkenborg, y que podéis escuchar aquí) y alguna que otra escena contundente e impactante que se desmarca de la frialdad general de la película, también suman puntos, pero no los suficientes como para terminar totalmente satisfecho tras verla. Porque no es mala, ni mucho menos, pero tampoco tan buena como podría haberse esperado de uno de los estrenos de 2015 que más llamaban la «atención cinéfila» desde hace meses. Y más desde que se lanzó su primer trailer, que contenía la que seguramente sea la mejor escena de la película.

No se trata de lo que haces, si no de cuándo y cómo lo haces, a quién y con quién.

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