Tocando el vacío

TochingVPst.

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Título original:
 Touching the void
Duración: 1hr 46mins
País:
 Reino Unido
Año: 2003
Director: Kevin Macdonald
Guión: Joe Simpson
Reparto: Brendan MackeyNicholas Aaron
Género: Documental.

Mi puntuación:  8,5 / 10

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Documental completo en español
(como siempre, yo recomiendo verlo mejor en VOSE si es posible):

En la anterior entrada, en la que hablé de Everest, comentaba que si tuviera que recomendar una película sobre supervivencia en la montaña, esa sería sin duda el documental Tocando el vacío. He aquí el por qué, ahora que la he vuelto a ver para tenerla “fresca” en la memoria.

Para empezar, comentar que el suceso real que nos narra se produjo en el año 1985 en la montaña Siula Grande, un durísimo pico de los Andes peruanos. Dos jóvenes pero expertos montañeros llamados Joe Simpson y Simon Yates se lanzaron a la aventura de ascenderlo al estilo alpino y durante la subida todo les fue relativamente bien pero, al poco de comenzar el descenso, Joe tuvo un accidente en el que se rompió la pierna, lo cual hacía prácticamente imposible que bajase la gran distancia que aún les separaba del pequeño campamento del que partieron.

El director escocés Kevin Macdonald opta por iniciar el documental explicando de forma minuciosa en qué consiste el estilo de escalada alpino, cuáles son las condiciones a las que se enfrentan los montañeros al ir realizando el ascenso, cómo se alimentan y la importancia vital que puede tener el gas en ese aspecto, cómo han de clavar y asegurar sus botas, hachas y demás herramientas de escalada, etc. Por eso el arranque puede hacerse un tanto lento o incluso pesado para quienes no sean unos apasionados de la montaña, aunque yo no lo soy y sin embargo me han parecido muy interesantes todos los aspectos que han ido comentando.

Aunque es a partir del momento en que se produce el accidente de Joe cuando empieza lo bueno. O, mejor dicho, lo que hace tan grande a este documental, porque lo que sucede desde entonces… bueno, bueno, no es. Evidentemente, la situación para Joe es catastrófica porque partirse una pierna a semejante altura es poco menos que una sentencia de muerte. Pero la tesitura en la que se encuentra Simon es incluso peor. ¿Intenta ayudar a su amigo, sabiendo que eso puede ser fatal también para él? ¿O se va dejándole allí para poder salvarse? Tremenda decisión y ambos lo saben sin necesidad de hablar nada, así que el propio Joe aceptará lo que Simon opte por hacer sin condicionarle en modo alguno.

Así, asistiremos a toda una lección de compañerismo, tesón, coraje, superación, fortaleza y titánica resistencia, pero siempre mezclados con la agonía, la desesperación, el dolor físico, el sufrimiento mental y un constante remordimiento. Todo eso lo sienten y padecen los dos amigos, no solo Joe con su pierna rota o Simon con la decisión que toma… y también los espectadores, porque es imposible no involucrarse en la historia de estos desdichados montañeros. Incluso hay espacio para mostrar cómo se puede enfrentar una persona normal y corriente a la muerte cuando tiene plena conciencia de que va a morir en breve, algo que da que pensar y mucho.

El relato está narrado por los propios protagonistas mientras vemos una recreación de los hechos interpretada por los desconocidos actores Brendan Mackey y Nicholas Aaron. Su labor, especialmente la de Mackey, es muy meritoria ya que físicamente debió de ser un trabajo durísimo y es capaz de conseguir que escenas, como la del momento en que se rompe la pierna, resulten absolutamente dolorosas y casi más terroríficas que cualquier película de miedo que yo haya visto (y no me refiero a que se vean sangre o huesos porque no es así, aquí no hay sitio para el morbo). Por otra parte, y como no podía ser de otra forma, junto a la narración y la recreación de los hechos también veremos de vez en cuando imágenes tan espléndidas como imponentes del terrible Siula Grande, todo un lujo para la vista entre tanta desdicha.

Lo que termina hacer casi redondo a este intenso documental es que, dentro del infierno que han de atravesar los dos protagonistas, hay incluso un pequeño hueco para el humor, no todo es desolación y tragedia. Es increíble que viendo lo que estamos viendo podamos reírnos a carcajadas en algún momento, pero ahí está Joe para contarnos cerca del final cómo, cuando se veía más muerto que vivo y empezaba a delirar, esta canción de Boney M. se repetía una y otra vez en su cabeza y eso le encorajinó e irritó casi más que el resto de percances que había sufrido («¡¡Hay que joderse, voy a morirme con Boney M.!!»). Una anécdota, quizás inventada o exagerada aunque yo me la creo totalmente, que demuestra la naturalidad con la que los protagonistas narran su sobrecogedora historia pero sin dejar de explotar su aspecto más épico o novelesco (de hecho, Joe escribió un libro sobre ello). Por eso “queda” tan bien en pantalla y por eso se la recomiendo a cualquiera que quiera pasar un rato difícilmente olvidable, para bien o para mal y le guste o no la montaña.

PD: Eso sí, no esperéis encontrar alguna respuesta al por qué tanta gente se juega la vida haciendo locuras así en su tiempo libre (algo que sin duda se cuestionarán quienes no se dediquen a ello… es decir, el 99% de los espectadores), porque eso es algo que ni ellos mismos son capaces de explicar con palabras.

Hay que tomar decisiones. Tomar decisiones continuamente, incluso aunque sean equivocadas. Porque si no tomas ninguna decisión… estás muerto.

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