En un lugar solitario

LonelyPlace.
Título original:
 In a lonely place
Duración: 1hr 30mins
País: 
Estados Unidos
Año: 1950
Director: Nicholas Ray
Guión: Andrew Solt
Reparto: Humphrey BogartGloria GrahameFrank LovejoyMartha StewartJeff DonnellCarl Benton ReidArt SmithRobert WarwickWilliam ChingJack Reynolds
Género: Cine negro. Drama. Thriller. Crimen.

Mi puntuación:  8,5 / 10
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Dix Steele (Humphrey Bogart) es un inestable y desencantado guionista de cine al que le han encargado adaptar lo más fielmente posible una exitosa novela que no le atrae lo más mínimo y la cual no tiene intención alguna de leer. Al enterarse de que Mildred (Martha Stewart), una de las trabajadoras del bar que suele frecuentar, sí que la ha leído, decide invitarla a su casa para que le cuente en detalle de qué va el libro. Pero la mañana siguiente Dix es despertado por la policía, que le informa que Mildred ha sido asesinada y que él es el principal sospechoso al ser la última persona que tuvo contacto con ella y al contar, además, con un historial no exento de violencia y conflictos. La declaración de una atractiva vecina suya llamada Laurel Gray (Gloria Grahame), que dice haber visto a la víctima saliendo de casa del guionista, servirá como coartada de Dix, quien tras todo esto se acercará a su «salvadora» para agradecérselo, dando pie al inicio de una apasionada relación romántica entre ambos.

Con este interesantísimo y enigmático punto de partida arranca una película que al principio parece ser un thriller puro y duro, con dos evidentes preguntas rondando la cabeza del espectador (¿quién mató a Mildred? ¿qué interés tiene realmente Laurel para ayudar a Dix?), pero que a medida que van pasando los minutos se va tornando en un auténtico drama psicológico que explora temas como la soledad, la desconfianza, la inseguridad o el escepticismo, y de cómo puede afectar todo esto a una relación de pareja.

Así, el «lugar solitario» del título parece referirse en un primer momento al apartado sitio en el que se cometió el asesinato de Mildred (una carretera poco transitada de las afueras de la ciudad), pero realmente apunta a la posición en la que se encuentran los dos protagonistas, quienes a pesar de su relación romántica no dejan de sentirse tan solos y perdidos como siempre. Y en ambos casos, por sus propios defectos, por sus propias «neuras», por su propia forma de ser y pensar.

La soledad que siente Dix es el resultado de su actitud cínica, irascible y casi misántropa, no exenta de ciertos aires de superioridad, la cual le impide disfrutar del amor de Laurel sin dejar de cuestionarse si ese amor es real o si la chica en el fondo lo que busca es cierta notoriedad que le ayude a relanzar su frustrada carrera como actriz. El papel, como podéis ver, es perfecto para el gran Bogart y este realiza una interpretación soberbia, intensa y dolorosa a la vez. Pocas veces estuvo mejor, y eso son palabras mayores.

Por su parte, Laurel es una persona tremendamente insegura, cuya falta de confianza le hace ser muy suspicaz con los demás, incluido su amado Dix. Esto hace que en un momento dado, tras un par de arranques violentos de su pareja (siempre aderezados por el alcohol), empiece a cuestionarse si realmente pudo ser él quien matase a Mildred. A partir de aquí, por mucho amor que sienta por él y por mucha pasión que haya entre ambos, su relación está condenada al fracaso porque las dudas y el miedo ya se han hecho presentes, y nada hay peor en una pareja que el no ser capaz de confiar en el otro (ya sea por motivos reales o «imaginarios»). Si Bogart hace un auténtico papelón, Gloria Graheme nunca ha estado más acertada en pantalla. Los dos actores están prácticamente inmejorables (¡si es que parece que no están actuando, que son así en realidad!) y conforman una pareja para el recuerdo.

De esta forma, la tormentosa relación que mantienen ambos acapara todo el protagonismo, quedando la intriga criminal relegada a un segundo plano (a pesar de que haya varias secuencias cargadas de tensión, como la de la hipotética recreación del asesinato) y resuelta de la forma más simple posible. Quizás este sea el mayor defecto de la película, lo poco que explota la vertiente «policial» de la historia, aunque a cambio nos ofrece un drama que ahonda con total veracidad y amargo realismo en la idea de que la unión de dos personas solitarias no suele dar como resultado una buena pareja. Más bien lo contrario.

Así que no son pocas las cuestiones que plantea la película, por lo que es difícil no engancharse a lo que nos cuenta. Los sencillos y naturales diálogos que mantienen los protagonistas también contribuyen enormemente a ello (y en algún caso, como en la inolvidable escena de la cocina, se permiten el lujo de criticar con razón al cine romántico más habitual, ese en el que todo es alegría, azúcar y amor) y el inevitable final redondea una obra tan sencilla en su forma como compleja en su fondo.

Probablemente Nicholas Ray, un peculiar tipo que lucía un parche en el ojo sin ser tuerto, pase a la Historia del Cine por ser «el director de Rebelde sin causa«. Pero en mi opinión la cumbre de su cine (o al menos, la mejor de las suyas que he visto por ahora) es realmente esta de la que hoy he escrito, un clásico más que recomendable para todos porque da para debatir largo y tendido aun después de haber terminado, es de esas películas que tras el «The end» siguen en tu cabeza durante un buen tiempo.

Nací cuando ella me besó, morí el día en que me abandonó… y viví unas semanas mientras me amó.

 

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