Río Rojo

RedRiver.
Título original:
 Red River
Duración: 2hrs 7mins
País:
Estados Unidos
Año: 1948
Director: Howard Hawks
Guión: Borden ChaseCharles Schnee
Reparto: John WayneMontgomery CliftWalter BrennanJoanne DruJohn IrelandNoah Beery Jr., Harry CareyPaul FixChief YowlachieHank WordenHarry Carey Jr., Coleen GrayShelley Winters
Género: Western. Aventuras. Drama.

Mi puntuación:  9,5 / 10
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Probablemente Río Rojo pase a la Historia del cine por ser el debut del mítico Montgomery Clift en el séptimo arte (aunque curiosamente se estrenó antes en los cines su segundo trabajo, Los ángeles perdidos), un debut que le catapultó de inmediato al estrellato y en el que derrochaba carisma, encanto, talento y desparpajo como si llevase actuando para la pantalla grande toda su vida, interpretando a Matthew Garth, un joven que fue acogido por un ambicioso ganadero llamado Tom Dunson (a quien da vida un excelente John Wayne), tras haber sobrevivido a un salvaje ataque de una tribu india en el que murieron sus padres.

Juntos, y con la inestimable ayuda del viejo Groot (un desternillante Walter Brennan se mete en la piel de este eterno y desdentado compañero de Dunson), consiguen hacerse en pocos años con más de diez mil reses pero, ante la imposibilidad de venderlas en Texas dada la depresión económica que sufría la zona tras la Guerra de Secesión, deciden llevarlas hasta el estado de Missouri e intentar hacer negocio allí. Para afrontar tan difícil empresa contratarán a unos cuantos experimentados vaqueros, cuya ilusión e ímpetu iniciales pronto se tornarán en descontento y malhumor dadas las durísimas condiciones del viaje y a la cada vez más tiránica actitud de Dunson, que desoye con vehemencia cualquier consejo de dirigirse a un posible destino más cercano y accesible.

Como vemos, la idea de la que parte el guión es más que interesante, y el legendario director Howard Hawks la aprovechó al máximo en todos los sentidos. Primero, logrando sacar partido de lo espectaculares e imponentes que pueden resultar tanto ganado junto, algo que no duda en utilizar para conseguir rodar algunas de las secuencias más impresionantes jamás vistas en un western, como la de la estampida de las vacas que corren desbocadas en todas direcciones sin que los vaqueros puedan hacer nada para detenerlas. Segundo, presentando hábilmente no solo a los personajes principales ya mencionados sino también a los secundarios (el pistolero vividor, el tipo pesimista, el indio y su aplastante lógica, el tartamudo cantarín, el adicto al azúcar, etc.), para de esta forma poder empatizar con ellos y comprender mejor sus reacciones y las frustraciones que van acumulando durante el viaje. Tercero, manejando a la perfección los tiempos para ir creando una atmósfera cada vez más tensa, roce tras roce, hasta desembocar en la inevitable rebelión contra Dunson. Y cuarto, siendo capaz de darle una vuelta de tuerca más a la narración al añadirle el ingrediente de la venganza, que le permite mantener el interés del espectador tras ese momento aparentemente cumbre de la rebelión.

Es en ese último tramo en el que la película pasa de ser un muy notable entretenimiento a ser uno de los westerns más memorables jamás realizados, ya que el drama del enfrentamiento entre el hijo y el padre que en realidad no lo son resulta tremendamente emocionante. Y es que, tras el orgullo herido de Dunson al verse traicionado por aquel a quien le ha enseñado todo en la vida y del malestar de Matt por haberse visto obligado (para evitar males mayores) a dar la espalda a quien siempre le protegió y cuidó, se esconden el inquebrantable amor y respeto que ambos sienten el uno por el otro, pero también la cabezonería de quien no está dispuesto a dar su brazo a torcer. Pocas veces el western ha tenido a unos protagonistas tan humanos y tan reales como estos dos tipos, algo que hay que agradecer al guión por lo bien que expone los sentimientos encontrados de ambos y, como ya dije al principio, también a la inmensa actuación de dos actores que probablemente nunca estuvieron tan acertados como en esta ocasión (los supuestos problemas que surgieron entre ambos cuando el conservador John Wayne se enteró de la homosexualidad de Monty Clift no se perciben en absoluto, si es que en verdad los hubo).

Todo ello queda redondeado con la acertada banda sonora compuesta por Dimitri Tiomkin y la fotografía más que efectiva de Russell Harlan, que logra transmitir al espectador la dureza de las condiciones del viaje a la vez que la belleza de algunos de los parajes que recorren.

Por eso, aquello que escribí al principio de que Río Rojo pasará a la Historia del cine por ser «la película en la que debutó uno de los mayores iconos del cine, Montgomery Clift», puede ser cierto… pero también un resumen muy simplista de ella, porque las virtudes de este filme van muchísimo más allá, como podéis ver. Difícilmente superable diría yo (quizás con una escena final un poquito más elaborada, por poner alguna pega), lo pongo sin duda entre mis tres westerns favoritos, junto a las dos grandes obras maestras del spaghetti western de Sergio Leone: Hasta que llegó su hora y El bueno, el feo y el malo. No dudéis en verla si tenéis ocasión porque, además, es uno de esos clásicos a los que el paso de los años no afecta en absoluto.

Solo existen dos cosas más hermosas que un buen arma: un reloj suizo o una mujer de cualquier lugar.
¿Alguna vez has tenido… un buen reloj suizo?

2 espectadores han dejado su opinión

  • Respecto a lo de la homosexualidad de Clift, siempre se cita también su escena de comparación y acariciado de ‘pistolas’ con John Ireland. En fin, dejando de lado las anécdotas chuscas y estúpidas, Río Rojo es una de las cimas del western hawksiano. Tiene unas resonancias incluso bíblicas que la convierten en una tragedia mitológica muy poderosa, arropada en unas imágenes, como dices, con una potencia abrumadora. Aunque siempre me ha decepcionado el desenlace, hijo del maldito código Hays. Te prepara tanto para el enfrentamiento apoteósico que, al final, siempre me queda sensación de que me han dejado a medias…

    • Sí, ese medio punto que me falta para darle el 10 redondo es por el final, demasiado amable para lo que se preveía. Con un final más trágico, hablaría de una película perfecta.
      Y sobre la escena de las pistolas, aparte del «acariciado» (no lo había pensado así, jaja), la frase que destaco sobre el reloj suizo también deja abierto a interpretación el por qué le preguntan eso al personaje de Clift precisamente. ¿Porque el otro tipo da por hecho que ya ha estado con mujeres… o porque da por hecho lo contrario? Curioso, pero bueno, no dejan de ser tonterías y buscarle tres pies al gato.
      A ver si tengo un rato para pasar a leer tus últimas entradas, que llevo unos meses «complicados» y el ritmo al que escribes es imposible de seguir para mí, jeje.
      Saludos 😉

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