Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)

BirdmPost.
Título original:
 Birdman or (The unexpected virtue of the ignorance)
Duración: 1hr 59mins
País: 
Estados Unidos
Año: 2014
Director: Alejandro González Iñárritu
Guión: Alejandro G. IñárrituNicolás GiacoboneAlexander DinelarisArmando Bo
Reparto: Michael KeatonEdward NortonEmma StoneNaomi WattsAndrea RiseboroughAmy RyanZach GalifianakisLindsay DuncanJeremy ShamosBill CampStephen Adly Guirgis
Género: Comedia. Drama. Comedia negra.

Mi puntuación:  8,5 / 10
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Trailer subtitulado en español:

Birdman se estrenó por fin el pasado viernes en nuestros cines precedida por el unánime aplauso de la crítica internacional, algo que quizás sorprenda un poco porque pese a ser obra del reputado director mexicano Alejandro González Iñárritu esta era su primera incursión fuera del cine puramente dramático, así que podría haber cierta incertidumbre acerca de si sería capaz de afrontar con solvencia el cambio de género. Una vez vista, me sumo a la opinión mayoritaria y me alegro de que el mexicano por fin haya decidido dejar de lado el drama para adentrarse en terrenos más cómicos y disfrutables para el público, ya que tras regalarnos esa durísima joya que fue su ópera prima Amores perros y las notables 21 gramos y Babel, con la excesivamente manipuladora Biutiful demostró que lo de contar historias terribles pero supuestamente realistas se le estaba yendo demasiado de las manos porque en cada nuevo trabajo forzaba más el drama que en el anterior.

En esta ocasión, Iñárritu nos traslada a las bambalinas de un teatro para narrarnos los esfuerzos de un veterano actor de cine llamado Riggan Thomson (Michael Keaton), por separarse del personaje que le dio la fama y a la vez le sepultó en ella, el superhéroe Birdman. Para que los críticos, sus compañeros de profesión y el mundo en general le tome más en serio ha optado por escribir, producir, dirigir y protagonizar una obra en Broadway, todo un órdago que o bien le devolverá el prestigio perdido o bien le terminará de hundir en la miseria.

A Birdman se la ha catalogado como «comedia», pero no esperéis reíros a carcajadas con ella porque su humor reside sobre todo en la ironía que destilan las incesantes conversaciones que mantienen sus protagonistas y en lo autoparódicas que resultan sus acciones, no en gags o secuencias cómicas como tales (aunque también las tiene). Su guión, que ayer se alzó con el Globo de Oro en su categoría, es realmente ingenioso y a través de los constantes diálogos que pone en boca de unos actores que «hacen de» actores va tocando inabarcables temas como el paso del tiempo, la insatisfacción, el miedo al fracaso, la necesidad de cariño o la búsqueda del reconocimiento ajeno para suplir la falta de amor propio. Inseguridades y temores expuestos siempre con una evidente dosis de agudeza y sarcasmo, con mucha mala leche, dejando en evidencia no solo a los propios artistas de ese egoísta circo que es el mundo del espectáculo sino también a los morbosos y borreguiles espectadores que lo alimentan y a los críticos que arremeten sin piedad contra gente que hace lo que quizás ellos nunca se atrevieron a hacer. No es que sus ideas y reflexiones sean precisamente nuevas, ni siquiera su punto de partida (habréis visto El crepúsculo de los dioses, ¿no? Y si no, ¡estáis tardando!), pero no por ello deja de ser meritoria la forma en que las tratan y presentan Iñárritu y sus tres coguionistas.

Sin embargo, lo que realmente hace de Birdman una experiencia difícilmente olvidable no es lo que cuenta, si no el cómo lo cuenta. Y es que el director mexicano se ha atrevido a utilizar recursos de lo más arriesgados para mostrarnos esta historia, como por ejemplo hacer que toda la película parezca estar rodada como un solo plano secuencia (algo que supongo que ha conseguido gracias a la «magia» digital, aunque eso no debería restarle méritos), metiéndonos así literalmente de lleno en los camerinos (y en las vidas) de los protagonistas y transmitiendo aún más sensación de estar viendo una pieza de teatro. A base de persistentes redobles de batería (gran banda sonora casi exclusivamente percusionista del mexicano Antonio Sánchez) y mediante una nerviosa cámara que constantemente se mueve de una habitación a otra y que salta hábilmente de un personaje al siguiente sin darnos ni un segundo de descanso, la narración cuenta con un ritmo frenético que nos impide despegar los ojos de la pantalla. La primera mitad de la película es tan sorprendente como genial, una sublime y estresante locura que te atrapa sin remedio.

Tras esa primera hora el nivel baja un poco (lógicamente), pero tampoco en exceso. Quizás haya algunas situaciones un poco desmadradas (por llamarlas de alguna manera, aunque en realidad la película entera es un intencionado desmadre), como aquellas en las que Birdman, el alter ego de nuestro protagonista, no solo atormenta la cabeza del pobre Riggan sino que incluso se muestra físicamente (en su mente, claro). Pero tras esas secuencias en las que, quizás por querer ser volar tan alto, Iñárritu está a punto de quemarse (el símil con Ícaro no lo he puesto por casualidad, de hecho seguro que está bastante manido en las numerosas críticas escritas sobre la película), la película resurge y avanza firme hasta el final en su propósito de arremeter contra todo lo que rodea al mundo del cine y el teatro pero sin dejar de entretener ni asombrar al espectador. Y vaya si lo consigue.

¿Y qué decir de los actores? Hay que agradecer al realizador mexicano el que haya devuelto a la palestra a dos intérpretes que llevaban bastante tiempo alejados de su mejor nivel: Michael Keaton y Edward Norton. Los momentos en que ambos comparten la pantalla son poco menos que oro cinematográfico, un duelo de los que no se olvidan, con escenas tan surrealistas como intensas. Keaton (que por cierto, casi podría firmar esta historia como si fuera la de su propia carrera tras dar vida a Batman) merece cualquier nominación o premio que reciba este año, como el Globo de Oro que logró anoche, aunque especial alegría me he llevado al ver a uno de mis actores favoritos de «vuelta al ruedo». Hablo de Norton, por supuesto, y es que en esta ocasión por fin se le vuelve a ver en su salsa interpretando a un personaje chulesco y parlanchín con la pasión y la frescura que nos mostró a finales de los 90 en películas como El club de la lucha, Las dos caras de la verdad o, sobre todo, American History X. Ojalá siga por este camino en los próximos años. La siempre impecable Naomi Watts, el divertido Zach Galifianakis (este tío es gracioso incluso en papeles aparentemente más serios, como el que le toca en esta ocasión) y, sobre todo, una intensa Emma Stone completan un reparto de auténtico lujo.

Necesito volver a verla antes de catalogarla como una de mis favoritas, pero me ha dejado con muchas ganas de hacerlo. Una historia tan imaginativa como enérgica, arriesgada y ágil, de esas que hacen que el tiempo pase volando mientras la ves y que cuando terminan te dejan con ganas de más. Y para eso son las películas, ¿no? Si además lo consigue de forma poco corriente, a base de originales virguerías técnicas (sin llegar a abrumar al público, aunque en ocasiones está a punto de hacerlo) y riéndose sarcásticamente de todo, incluso de sí misma, poco más se le puede pedir. Eso sí, si vais a verla id preparados porque es como una ametralladora de frases, diálogos y redobles durante dos horas, así que a alguno quizás le  resulte tan agobiante como lo pueden ser los camerinos de un teatro justo antes del estreno de una esperadísima y costosa obra nueva.

No te engañes, haces esto porque estás tan aterrado como el resto de nosotros por no importarle a nadie. ¿Y sabes qué? Tienes razón, no le importas a nadie, pero eso no es tan importante, ¿ok? ¡Y tú no eres tan importante! Acostúmbrate a ello.

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