Mis películas «navideñas» favoritas (V): Four rooms

Termino mi primer repaso al cine «navideño» con una película que transcurre en Nochevieja, a diferencia de todas las que he comentado en entradas anteriores cuyas historias tenían lugar en Nochebuena. El año que viene, si aún sigo escribiendo, habrá una nueva ración de filmes que me parecen recomendables para ver Navidad porque hay clásicos ineludibles para estas fechas de los que aún no he hablado, como por ejemplo Qué bello es vivir o, por qué no, Solo en casa (como bien apuntó el compañero bloguero El Crítico Abúlico en los comentarios del primer post que escribí sobre este «tema»).

Four rooms

FourRoomsPost.
Título original:
Four rooms
Duración: 
1hr 34mins
País: 
Estados Unidos
Año: 1995
Directores: Allison AndersAlexandre RockwellRobert RodriguezQuentin Tarantino
Guión: Allison AndersAlexandre RockwellRobert RodriguezQuentin Tarantino
Reparto: Tim RothIone SkyeMadonnaValeria GolinoLili TaylorSammi DavisAmanda De CadenetAlicia WittJennifer BealsDavid ProvalAntonio BanderasTamlyn TomitaLana McKissackDanny VerduzcoQuentin TarantinoPaul CalderonBruce WillisMarisa TomeiSalma Hayek
Género: Comedia.
Mi puntuación:  6 / 10

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Irregular comedia compuesta por cuatro breves relatos escritos y dirigidos por otros tantos directores (los afamados Tarantino y Rodriguez y los para mí desconocidos Rockwell y Anders), que cuenta con la presencia de algunos de los rostros más conocidos de los 90 en su reparto (Banderas, Willis, Madonna, el propio Tarantino, etc.) y que narra la desventurada primera noche de trabajo del nuevo botones (Tim Roth) de un hotel de Los Ángeles, precisamente en Nochevieja (seguramente el turno más complicado del año). Nuestro pobre protagonista no solo deberá mantener la compostura en una noche en la que todos los clientes están de fiesta, bebiendo y riendo para despedir el año mientras él trabaja, sino que además deberá atender las extravagantes exigencias de algunos de los huéspedes.

El botones interpretado por Tim Roth de forma un tanto exagerada y amanerada, aunque en ocasiones muy divertida y gráfica (sobre todo cuando está a las órdenes de los directores realmente «buenos» de la película, Rodriguez y Tarantino), es prácticamente el único nexo entre las cuatro historias, así que se pueden valorar perfectamente por separado para así distinguir las grandes diferencias que hay en cuanto a la calidad y el interés de unas y otras.

El primer cortometraje, de la directora Allison Anders, transcurre en la suite nupcial del hotel y nos cuenta la historia de un grupo de brujas (a quienes dan vida Madonna, Valeria Golino o Lili Taylor, entre otras) que quieren realizar un conjuro pero necesitan un último ingrediente para completarlo: semen humano. Lo cierto es que la película no podía empezar de peor manera ya que este relato es una auténtica tontería sin gracia ni sentido. [3 / 10]

La segunda historia la dirige Alexandre Rockwell y muestra la extraña relación del matrimonio que ocupa la habitación 404 del hotel, una pareja (interpretada Jennifer Beals y David Proval) que se excita a base de practicar una serie de juegos ¿psicosexuales? en los que el botones se ve involucrado sin pretenderlo. Mucha palabrería para una narración anodina y sin chispa. [4 / 10]

El siguiente capítulo es el que dirige Robert Rodriguez y, en esta ocasión, el botones acude a la llamada de los huéspedes de la habitación 309. En ella se hospeda la familia de un peligroso aunque elegante gángster mexicano (perfecto Antonio Banderas), que encarga a nuestro sufrido protagonista que vigile a sus dos pequeños hijos mientras él celebra la Nochevieja fuera del hotel con su esposa. Los dos niños parecen angelicales… hasta que sus padres salen de la habitación, claro. A partir de ahí, y sin saber muy bien cómo, la situación se le irá de las manos al botones y veremos una sucesión de escenas divertidísimas que nos mostrarán, entre otras cosas, a los chiquillos fumando cigarros, bebiendo champán y jugando a los dardos con jeringuillas que a saber de dónde han salido, así como viendo bailes poco apropiados para infantes en la televisión (bailes que realiza una Salma Hayek a la que ni se le ve la cara, anticipando la mítica danza que haría un año después en Abierto hasta el amanecer). Este es, sin duda, el mejor cortometraje de todos ya que su humor funciona a la perfección y, además, las risas va in crescendo hasta llegar a un final realmente desternillante en el que el personaje de Antonio Banderas se encuentra un «cuadro» inenarrable en la habitación al volver de la fiesta. Genial. [8 / 10]

Y cierre la película Quentin Tarantino con una historia que transcurre en la suite presidencial del hotel y que él mismo protagoniza, interpretando a un famoso realizador de Hollywood que a invitado a dos amigos (Paul Calderon y un gracioso Bruce Willis que no figura en los títulos de crédito) a celebrar una salvaje fiesta de Nochevieja con él. El alcohol hará que la fiesta finalice con una insólita (y dolorosa) apuesta que involucra coches de lujo y dedos meñiques, en la que el botones tendrá un importante papel. Con el inconfundible sello de Tarantino, se trata de un relato plagado de entretenidos y elaborados diálogos con no pocas referencias cinéfilas, rematado de forma tan brillante y (violentamente) divertida como suele ser habitual en su cine. No llega al nivel del capítulo de Rodriguez, pero sirve para concluir el filme con buen sabor de boca. [7 / 10]

Por tanto, estamos ante una película cargada de altibajos en la que los primeros 40 minutos son totalmente prescindibles (casi os diría que, si no la habéis visto y tenéis intención de hacerlo, os saltéis los dos primeros relatos) pero los 55 restantes merecen la pena y te hacen reír bastante. Además, al estar así estructurada es como si alguien te contase el peor día de su vida, lo que unido a la ligereza de su gamberro tono hace que no me parezca una mala opción para pasar la habitual (y fuerte) resaca de Año Nuevo.

¿Se han portado mal?

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