La isla mínima

IslaMinPost.

Duración: 1hr 45mins
País: 
España
Año: 2014
Director: Alberto Rodríguez
Guión: Rafael CobosAlberto Rodríguez
Reparto: Raúl ArévaloJavier GutiérrezSalva ReinaManolo SoloAntonio de la TorreNerea BarrosJesús CastroAna TomenoJesús OrtizJesús CarrozaJuan Carlos VillanuevaMercedes LeónÁngela VegaAdelfa Calvo
Género: Thriller. Drama. Crimen. Cine negro.

Mi puntuación:  9 / 10

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Trailer en español:

Año 1980, época de profundos cambios en una España en la que ya no existía la dictadura pero en la que la democracia aún estaba en pañales. Marismas del Guadalquivir, una zona de espectacular belleza pero apartada y empobrecida en la que toda vida humana es dura. Dos adolescentes desaparecidas durante las fiestas de un pueblo que, además, está inmerso en una huelga de jornaleros, con el vaivén de gente que ambas circunstancias conllevan. Y dos detectives de homicidios con distintas formas de pensar y actuar, Pedro (Raúl Arévalo) y Juan (Javier Gutiérrez), enviados desde Madrid para resolver el caso. Estos son los ingredientes con los que Alberto Rodríguez, realizador sevillano conocido sobre todo por dirigir las recomendables 7 vírgenes y Grupo 7, ha elaborado una película que está siendo muy aplaudida por crítica y público. Y no es para menos.

Algunos la han comparado con obras del calibre de la aclamada serie True detective, la brillante cinta coreana Memories of murder o la magnífica El cebo, de Ladislao Vajda (el propio director ha comentado que ésta fue una de sus fuentes de inspiración a la hora de idear la película), lo cual, aunque en el fondo poco tienen que ver entre sí todas ellas, puede servir para darnos una idea de cómo es la película: un thriller policíaco realista en el que durante la investigación casi se dan más palos de ciego que aciertos, un relato duro y seco, sin efectismos ni en su factura ni en su guión (ni un solo giro parece forzado, algo que cada vez cuesta más ver en filmes de este género), en el que todo avanza con paso lento pero decidido y en el que cualquier detalle, por nimio que parezca, puede tener una importancia decisiva en la resolución del caso. Y en el que la psicología de los personajes también tiene mucho, mucho peso. Es decir, una historia «de detectives» de las buenas, de las reales, de las que te crees, no una de esas en las que los investigadores son unos fenómenos y en seguida dan con la clave de todo gracias al análisis de un simple pelo o una pequeña huella. A pesar de ser pura ficción, me ha resultado más verosímil que muchas películas basadas en hechos reales.

Rodada con buen pulso pero de ritmo controlado, es capaz de provocar gran tensión en no pocas escenas y cuando tiene que dar paso a momentos más frenéticos también convence totalmente (espectacular la persecución nocturna de los coches por los caminos de las marismas), por lo que a la dirección de Alberto Rodríguez no se le puede poner ningún pero. Y al guión que él mismo escribió en colaboración con Rafael Cobos tampoco, por la ya mencionada ausencia de giros inverosímiles, por lo bien que construye a los personajes y también por la forma en que nos adentra en la investigación. Puede que la trama parezca algo confusa sobre todo en su tramo central, pero es que los detectives de homicidios seguramente se sientan así de desorientados en su trabajo bastante a menudo, lo que unido a un final en el que no se cierran todos los flecos (algo habitual en este tipo de casos) hace que todo parezca más realista.

Por tanto, como thriller es impecable, pero el filme muestra aún más cosas dignas de mención. Como la ambientación en esa España pos-franquista y todavía bastante dividida en dos «bandos» ideológicos. La pareja protagonista representa a la perfección las dos caras del país ya que por un lado tenemos a Pedro, el joven ambicioso e inteligente pero quizás algo ingenuo y más torpe socialmente que ha sido expedientado por criticar públicamente a un alto cargo militar pro-golpista, y por el otro encontramos a Juan, un tipo más experimentado y simpático que años atrás fue un implacable y temible oficial de la DGS en la dictadura franquista. Dos personas, dos mundos, dos puntos de vista que chocan en muchos aspectos pero que están condenados a entenderse o, al menos, a cooperar si quieren sacar adelante su trabajo (es decir, lo mismo que ocurrió con el propio país). Lo mejor es que el director presenta ese choque de forma neutra y sin que ninguno de los dos parezca mejor que el otro, porque ambos tienen sus defectos y virtudes como cualquier otra persona. Por ejemplo, el oscuro pasado de Juan es compensado por algunas buenas acciones que realiza durante la investigación, mientras que Pedro no siempre sigue la ley tan a rajatabla como aparenta. Un acierto no caer en estereotipos a la hora de tratar estos asuntos.

Aunque no se quedan ahí los méritos de la película, porque la labor del reparto al completo es excelente, empezando por los dos protagonistas. Difícil decir cuál de ellos lo hace mejor, aunque me ha sorprendido más el gran nivel que muestra aquí Javier Gutiérrez (a quien tenía ubicado como un actor casi exclusivamente de comedia), ya que de Raúl Arévalo no podría esperar otra cosa que no fuera una soberbia actuación (a ver si empieza a hacer más papeles de este estilo y con tantos minutos en pantalla para que pueda mostrar todo su potencial). Los secundarios los complementan perfectamente, desde el más conocido Antonio de la Torre hasta esos rostros que «te suenan pero no sabes de qué», como los de Mercedes León (realmente desgarradora en una escena) o Salva Reina (divertido y carismático en todo momento, sin desentonar en el tono serio de la película). Y segunda película que vemos en menos de un mes del hasta ahora desconocido Jesús Castro, que vuelve a mostrar los mismos (escasos) registros que en El niño, aunque aún así logra convencer de nuevo.

Por si fuera poco, el «envoltorio» del filme termina de redondear una obra intachable, tanto por la acertada música de Julio de la Rosa (aunque en algunos momentos me haya recordado demasiado a la que compuso el argentino Gustavo Santaolalla para Babel, por ejemplo a esta canción) como, sobre todo, por esas marismas del Guadalquivir y Doñana tan perfectamente retratadas por Álex Catalán, bellas y duras a la vez. Solo con ver los hipnóticos títulos de crédito iniciales (cuyas impresionantes imágenes son de otro fotógrafo, Héctor Garrido, que las cedió para que fueran utilizadas en la película) ya nos podemos hacer una idea de los mágicos paisajes que veremos a lo largo del metraje. Una auténtica delicia visual, y es que cada una de esas vistas a vuelo de pájaro son para enmarcar y colgar en el salón. Dan ganas de coger un helicóptero y recorrer la zona para ver si es así de verdad y no son imágenes retocadas, en serio. Pero su gran aspecto visual no es solo mérito de los paisajes, ya que la gran labor de Álex Catalán se aprecia en casi cualquiera de los cuidados y estudiados planos del filme.

En definitiva, me ha encantado la película. Un filme policial de los que me gustan, de los que te atrapan, te convierten en un «detective» más y, cuando terminan, aún sigues dándole vueltas a lo que has visto en busca de más detalles. Todo un lujo y una muestra más de que en nuestro país se puede hacer tan buen cine como en cualquier otro lugar del mundo, y de cualquier género, no solo comedias o dramas como se suele decir. Con gente como el propio Alberto Rodríguez, Daniel Monzón, Rodrigo Cortés o los renombrados Álex de la Iglesia y Alejandro Amenábar, entre muchos otros, es imposible dudar de ello.

En serio, ¿tú te fiarías de alguien como tú?

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