Roma, ciudad abierta

RomaCpst.
Título 
original: Roma, città aperta
Duración: 1 hr 43 mins
País: Italia
Año: 1945
Director: 
Guión: Sergio AmideiFederico FelliniRoberto Rossellini
Reparto: 
Género: Drama.

Mi puntuación:   9 / 10
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Turno hoy para comentar un clásico del reputado director Roberto Rossellini: Roma, ciudad abierta. Se trata de una de las cumbres del neorrealismo italiano cuya acción transcurre en la Roma de principios de los años 40, en plena II Guerra Mundial, época en la que la capital del país transalpino estaba ocupada por las tropas alemanas. Sus protagonista son, por una parte, Giorgio Manfredi (a quien da vida el actor Marcello Pagliero), uno de los cabecillas comunistas de la Resistencia italiana que al verse perseguido por la Gestapo busca refugio en la casa de su amigo Francesco (Francesco Grandjacquet) y su futura mujer Pina (interpretada por una impresionante Anna Magnani, que se adueña de la pantalla en cada una de sus apariciones), y por otro lado el cura Don Pietro (Aldo Fabrizi), quien también colabora con la resistencia protegiendo y dando asilo a los partisanos.

Estamos ante una película dura, que expone con sencillez (tanto visual como narrativa) la cruda situación a la que se enfrentaban los habitantes de la capital italiana en aquellos años en los que la policía alemana controlaba con firmeza y sin concesiones la ciudad: toques de queda cada vez más tempranos, frecuentes registros de las viviendas con sus correlativos desalojos, detenciones por doquier, brutales interrogatorios y ejecuciones sin miramientos en los casos más extremos. Por momentos parece que estamos más ante un documental que ante una película de ficción, y lo digo en el buen sentido, ya que nada parece excesivo ni forzado. Es difícil creer que lo que vemos no sucediera casi tal cual en la realidad, aunque los protagonistas no sean «personas reales» (tal como se nos indica al comienzo de la película).

Y aun así, a pesar de la sobriedad de su puesta en escena y de ese aire casi «documentalista» que desprende, lo cierto es que es un filme entretenidísimo. Al no tener adornos estéticos ni dar la trama rodeos innecesarios, Rossellini va directamente al grano y así logra que el ritmo de la película sea siempre bueno. Sus pequeñas dosis de intriga y tensión (con la subtrama de los espionajes e investigaciones, por ejemplo) contribuyen en buena medida a ello. También es de agradecer que no se recree en el sufrimiento de los protagonistas y que huya de recursos que buscan la lágrima fácil cuando la historia bien podría haber dado pie a ello de haber seguido por otros derroteros, pero sin que el filme pueda parecer frío o distante al espectador en ningún momento. Asimismo habría que destacar que aún en una película tan seria y austera como esta sea capaz de introducir algún mínimo momento de humor (algunas conversaciones de los niños o la escena del sartenazo, por ejemplo) de forma natural y sin que resulte chocante, lo que muestra perfectamente la gran capacidad narrativa del realizador y escritor romano (en esta ocasión, apoyado en esa labor de escritura por otro mito del cine italiano, Federico Fellini).

Los niños que mencionaba en el párrafo anterior también tienen un grado importante de protagonismo (tal como lo tendrían en otra recomendable obra posterior del propio Rossellini, Alemania, año cero, o en otro de los títulos clave del neorrealismo, la imprescindible Ladrón de bicicletas) e intentan luchar contra la opresión de los nazis a su manera, con los (aparentemente) pocos medios de los que disponen. Son al mismo tiempo las mayores víctimas de esa situación, ya que han tenido que madurar a marchas forzadas para defenderse y ayudar a sus familias, y la gran esperanza del país, porque demuestran que no les falta ni coraje ni valor para luchar por lo suyo. La escena final, de lo que no daré detalles por no caer en spoiler, me parece el más claro ejemplo de esta metáfora (por llamarla de alguna forma) y una de las más memorables de una película en la que no faltan las secuencias impactantes y difíciles de olvidar. Un final que, por otra parte, no puede ser más duro y desesperanzador… pero es que ante la tesitura que tenían ante sí los romanos por aquel entonces difícilmente podría haber sido de otra manera sin dejar de parecer realista y sincero.

Por otra parte, no sé si será la primera película de la historia que no muestra a todos los alemanes como máquinas sin sentimientos. O al menos eso me ha parecido ver a mí, básicamente en la figura del oficial borracho que en sus alcoholizadas diatribas afirma que lo único que han hecho los nazis es sembrar Europa de cadáveres y que no son una raza superior. Aunque eso sí, cuando está sereno se muestra tan frío y salvaje en su trabajo que el que más.

Cuando la gente habla de buen cine, películas como esta son las que vienen a mi cabeza. Una de esas obras imprescindibles que cualquier persona tendría que ver alguna vez en su vida, más aún si tiene algún interés en conocer en qué consistía «eso del neorrealismo», una de las corrientes más influyentes y características de la historia del séptimo arte.

No es difícil morir bien. Lo difícil es vivir bien.

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