Río Bravo

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Título 
original: Rio Bravo
Duración: 2 hrs 21 mins
País: Estados Unidos
Año: 1959
Director: Howard Hawks
Guión: Jules FurthmanLeigh Brackett
Reparto: John WayneDean MartinAngie DickinsonRicky NelsonWalter BrennanPedro Gonzalez GonzalezWard BondJohn RussellClaude AkinsEstelita RodriguezBob Steele
Género: Western.

Mi puntuación:   9 / 10
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Estas últimas semanas me he dedicado a ver exclusivamente películas actuales, para tener alguna base a la hora de opinar sobre las ya inminentes nominaciones y premios más importantes del mundo del cine, así que por variar un poco hace un par de días me puse un clásico que me compré en DVD hace ya tiempo y que aún tenía pendiente, Río Bravo. Y lo cierto es que pasé un rato bastante más entretenido que con el 90% de los filmes de este pasado 2013, que tampoco es que haya ha sido un mal año de cine precisamente.

Y eso que su trama es bastante sencilla: Chance (John Wayne), un experimentado sheriff, detiene al hermano de un poderoso hombre llamado Burdette (John Russell) que controla, a base de violencia y dinero, a la mayoría de la gente que vive en esa zona. Burdette intentará liberar a su hermano como sea (y contratando a los pistoleros que hagan falta) antes de que lleguen los oficiales del Estado para llevárselo, juzgarlo y condenarlo; para evitar que esto suceda, Chance solo cuenta con un ayudante alcohólico (Dean Martin) y un viejo cojo (Walter Brennan), así que su situación no es precisamente halagüeña.

Además de ser un tanto simple, su historia también es predecible en algunas ocasiones y está resuelta de forma algo facilona. Por si fuera poco, la subtrama romántica que nos presenta Hawks es más bien “tonta” porque, si nos ponemos un poco quisquillosos, ni tiene demasiado sentido ni resulta creíble. Entonces, si tiene tantos fallos y dista tanto de ser perfecta, ¿por qué la considero desde ya mismo como uno de mis westerns favoritos? Pues por lo que he comentado en el primer párrafo: a pesar de todos sus defectos, he disfrutado de lo lindo durante las más de dos horas que dura, que se me han pasado volando con todo lo que veía en la pantalla.

No sé muy bien si esto se ha debido principalmente al buen hacer de sus protagonistas, con Walter Brennan provocando carcajadas y derrochando carisma a raudales con esa voz tan peculiar y esa manera tan extraña de reírse que tenía (un grande que no es tan conocido como otros mitos del cine, y eso que fue el primer intérprete masculino en ganar tres Oscar), con John Wayne metiéndose una vez más en su eterno papel de hombre tranquilo y que controla la situación (quizás no cambiaba mucho de registro, pero tenía presencia de sobra para que esto no importase), Dean Martin aprovechando que tiene entre manos el personaje más interesante de la película para ofrecer la que probablemente sea la actuación más convincente de su carrera, y la preciosa Angie Dickinson salvando con su encanto una historia romántica que, como ya dije, es bastante tontorrona. El único que desentona un poco es el por entonces joven cantante de rock Ricky Nelson en el papel de Colorado, un imberbe pero habilidoso pistolero que se suma a la causa de Chance y compañía, aunque tampoco llega a molestar. De hecho, la criticada (por algunos) escena en la que canta con Dean Martin y Walter Brennan en la cárcel a mí me ha parecido entrañable, además de ser una especie de “calma que precede a la tormenta”.

O quizás haya sido por esa mezcla de géneros tan curiosa y bien lograda que se da en ella. Es un western, claro, y contiene todos los ingredientes propios del género (no hay indios, pero hay pistoleros a sueldo, así que tenemos unos “malos” muy claramente determinados), pero también tiene elementos propios del cine de intriga (con bastantes situaciones de gran incertidumbre), del de acción, del drama o del romántico. Y, por supuesto, contiene numerosos momentos cómicos, ofreciendo un humor de todo tipo: del más sarcástico a través del personaje de Walter Brennan, del más “pícaro” por medio de Angie Dickinson o del más “blanco” con cada aparición del matrimonio mexicano.

Lo que sí sé seguro es que, sea por lo que fuere, me lo he pasado en grande viéndolaRío Bravo es un claro ejemplo de que lo verdaderamente importante, más que contar con unos apartados técnicos excepcionales o incluso más que tener un elaboradísimo guión, es saber cómo transmitir algo al espectador, lograr conectar con él de algún modo. No es un filme excesivamente brillante o que destaque especialmente en algún aspecto, pero ofrece “un poco de todo” y además de resultar entretenidísima destila un buen rollo tremendo. Crear una película así que, sin saber muy cómo, te enganche, te haga reír en muchas ocasiones (y te tenga siempre con una sonrisa en la boca) y que a la vez te mantenga en tensión por lo que les pueda pasar a los protagonistas (con quienes te has encariñado irremediablemente casi sin darte cuenta) es algo al alcance de muy pocos directores. Pero es que Howard Hawks fue, sin lugar a dudas, uno de esos elegidos. No hay más que ver la primera escena de ésta, en la que con apenas cinco minutos en los que no se pronuncia ni una sola palabra (“solamente” hay miradas y golpes) capta totalmente tu atención, te atrae y te mete de lleno en la trama.

PD: Hay una crítica en FilmAffinity, escrita por el usuario Taylor (una de las mejores “plumas” que andan por allí), titulada El western jamás morirá mientras alguien, en algún lugar, vea por primera vez “Rio Bravo”. No se me ocurre mejor manera de resumir la grandeza de esta obra.

Todo hombre tiene derecho a saborear el poder antes de caer.

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