El pasado

PassePost.
Título 
original: Le passé
Duración: 2 hrs 10 mins
País: Francia
Año: 2013
Director: Asghar Farhadi
Guión: Asghar Farhadi
Reparto: Bérénice BejoAli MosaffaTahar RahimPauline BurletElyes AguisJeanne JestinSabrina OuazaniBabak KarimiValeria CavalliPierre GuerderEléonora MarinoAleksandra Klebanska
Género: Drama.

Mi puntuación:   8 / 10

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Asghar Farhadi es un aclamado escritor y director iraní que, tras haber cosechado diversos premios en festivales como los de BerlínTribeca o Viena con alguna de sus primeras películas, se dio «a conocer» definitivamente al gran público en 2011 gracias a su gran labor en Nader y Simin, una separación, un duro y emocionante drama que se alzó con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa entre muchos otros galardones. Dos años después vuelve a ofrecernos otro drama de las mismas características, aunque a mí me ha gustado y convencido incluso un poco más que aquel, y parece que va a seguir recibiendo importantes reconocimientos (por ahora, nominación a la mejor película extranjera en los Globos de Oro y premio a la mejor actriz en el pasado Festival de Cannes para Bérénice Bejo, entre otros).

Haciendo un resumen bastante breve de su trama (que es mucho más compleja pero, si ahondara en más detalles, aparte de hacer spoiler podría dar la impresión de ser una telenovela de sobremesa cuando no es así en absoluto), podríamos decir que la historia gira en torno a Ahmad (interpretado por Ali Mosaffa), un hombre iraní que vuelve a Francia varios años después de separarse de Marie (Bérénice Bejo), ya que ésta le ha pedido que lo haga para firmar los papeles del divorcio y así tener libertad para casarse con su nueva pareja, Samir (Tahar Rahim). Lo que parecía un viaje rápido se complicará cuando Ahmad compruebe que las cosas no van nada bien entre Marie y su hija adolescente Lucie (Pauline Burlet) e intente ayudarlas a arreglar su relación.

Como ya he dicho, lo que en principio parece un drama como tantos otros y con un argumento más o menos simple, va ganando en profundidad a medida que van pasando los minutos y vamos descubriendo nuevos detalles poco a poco. Todos estos nuevos datos van ensamblándose de forma natural y sin dejar cabos sueltos, a pesar de lo complicados o rebuscados que puedan parecer en algunos momentos, gracias a un sólido e inteligente guión escrito por el propio director iraní. Un guión que no solo es ejemplar a la hora de hilar los acontecimientos, también lo es a la hora de construir los personajes. Todos, incluso los niños o los que a priori puedan parecer más secundarios, tienen algo que decir y, además, no son meros estereotipos: aquí no hay buenos ni malos, todos «son» personas reales y complejas (con sus miedos, sus medias verdades, sus autoengaños y sus dudas) que actúan de forma lógica (o al menos perfectamente comprensible) según su situación y su punto de vista.

Farhadi dirige todo esto con un estilo seco y sobrio, sin concesiones ni momentos de «relajación» (el humor aquí no tiene cabida, ni con los niños), y con un ritmo tranquilo pero firme que engancha desde la acertada presentación de los distintos personajes y que, pese a esa cadencia más bien pausada que tiene, no deja que caigamos nunca en el aburrimiento o que perdamos interés en lo que vemos. Los latentes «secretos» del pasado de los protagonistas ayudan a que esto sea así, ya que añaden una gran dosis de intriga al drama y hacen que el espectador tenga tantas ganas de descubrirlos como los propios personajes. Y es que el fondo, lo que el iraní parece querer contarnos es que, al igual que en la «vida real», el pasado influye directa y decisivamente en el presente, por mucho que intentemos evitarlo u ocultarlo.

Si la labor del guionista y director es magnífica, la de los actores no lo es menos. Empezando por una soberbia Bérénice Bejo, que transmite perfectamente la angustia y la tensión del momento que atraviesa su personaje (por cierto, a esta actriz franco-argentina solo la había visto en la maravillosa The artist, pero ya van dos de dos en las que «me gana» por completo), siguiendo por un contenido Ali Mosaffa, que da vida al personaje aparentemente más templado y sensato del filme, y terminando por un Tahar Rahim que a medida que avanza la trama adquiere mayor protagonismo y se convierte prácticamente en la pieza clave de la historia (con este actor me pasa lo mismo que con Bejo: solo había visto una película suya, la recomendable Un profeta, pero estos dos trabajos suyos han sido suficientes para convencerme de su talento). Tampoco hay que olvidar el buen trabajo de los niños, con un entrañable y convincente Elyes Aguis interpretando al más pequeño de la casa (aunque en la escena que transcurre en el metro le toque decir una de esas frases que difícilmente diría un niño «real», algo que suele ser habitual en el cine y que es uno de los pocos patinazos de la película), pero destacando especialmente la de Pauline Burlet en el rol de hija adolescente que apenas puede soportar su gran tormento interior.

En definitiva, un drama de los que me gustan a mí, duro y sin adornos, entretenido, emocionante y totalmente creíble a pesar de que en algunos momentos se acerque demasiado a la peligrosa línea que separa los grandes dramas de los culebrones, pero sin llegar a traspasarla en ningún momento gracias a lo bien escrita que está la historia y a la convicción con la que la interpretan los actores. Es de lo mejor del género que hemos podido ver en este 2013 que en breve termina, y la confirmación de que Asghar Farhadi es un nombre a seguir (con los pocos más de 40 años que tiene, aún puede ofrecernos mucho próximamente, sin ninguna duda).

Cuando dos personas se reencuentran cuatro años después y siguen peleándose, es porque aún hay asuntos sin resolver entre ellos.

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