12 años de esclavitud

12yrsPost.

Título 
original: 12 years a slave
Duración: 2 hrs 14 mins
País: Estados Unidos
Año: 2013
Director: Steve McQueen
Guión: John Ridley
Reparto: Chiwetel EjioforMichael FassbenderBenedict CumberbatchLupita Nyong’oSarah PaulsonPaul DanoKelsey ScottBrad PittAlfre WoodardGarret DillahuntAdepero OduyeRob SteinbergDwight HenryPaul GiamattiMichael K. WilliamsScoot McNairyTony BentleyBill CampQuvenzhané WallisAshley Dyke
Género: Drama.

Cartelera y entradas: en este enlace de Sensacine

Mi puntuación:   8 / 10

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Trailer subtitulado en español:

Como ya comenté en la entrada anterior, ayer se estrenó en nuestros cines una de las grandes favoritas para llevarse el Oscar a la mejor película de este año, 12 años de esclavitud. Después de verla, y a falta de que se estrenen las otras dos que más fuerte suenan en las quinielas (La gran estafa americana y El lobo de Wall Street), me atrevo a afirmar que ésta será la vencedora casi seguro. No solo por las numerosas nominaciones y premios que está recibiendo (principalmente, las siete candidaturas a los Globos de Oro) si no también por la propia película en sí: un drama durísimo y emotivo, perfectamente realizado e interpretado, cuyo mensaje es de los que «suelen gustar» a quienes otorgan los premios.

Está basada en la historia real de Solomon Northup, un hombre de raza negra pero libre de nacimiento, originario de Saratoga (Nueva York) y que durante la primera mitad del siglo XIX fue un hábil constructor además de un virtuoso violinista. Un día recibió una oferta para acudir a Washington a tocar el violín en un circo y, al estar su familia necesitada de dinero, la aceptó sin dudarlo. Sin embargo, quienes en principio parecían unos buenos compañeros le emborracharon y le vendieron a un traficante de esclavos, como si se tratase de uno más. Así comenzó una terrible odisea que duró varios años en los que sirvió a diversos amos y sufrió multitud de vejaciones, que se agravaban cada vez que intentaba recordar que él era un hombre libre, al no llevar encima ningún documento que lo confirmara. Esta trágica historia la narró el propio Solomon en su autobiografía, titulada igual que la película que ha dirigido Steve McQueen.

Con semejante argumento no creo que nadie espere encontrarse con otra cosa que no sea un drama desgarrador, de los que hacen que te remuevas incómodo en la butaca mientras ves los acontecimientos que narra. El director lo consigue sin recurrir a «golpes de efecto lacrimógenos» en ningún momento, con una dirección que podríamos definir como seca y directa, sin adornos, y utilizando el recurso del flashback de forma más que acertada para narrarnos el pasado y los recuerdos del protagonista. Lo único que se le puede reprochar es que peca un poco de efectista en algunas ocasiones, como comentaré un poco más abajo. La cuidada fotografía de Sean Bobbitt (colaborador habitual del director, con quien ya trabajó en Hunger y Shame, sus dos anteriores largometrajes) también aporta lo suyo y la ambientación y el vestuario son intachables. Por su parte, Hans Zimmer hace lo que suele hacer: componer una banda sonora que calza como un guante con las imágenes y aumenta el impacto que provocan al espectador. Mención especial para el desgarrador tema principal de la película, Solomon.

Si la dirección es francamente buena, el guión no se queda atrás. Una historia que dura casi dos horas y cuarto, que te hace pasar una angustia tremenda y que, sin embargo, se te hace incluso corta, es que está realmente bien escrita. Logra hacer que te impliques totalmente con Solomon, que sufras con él y que te cabrees con quienes se escudan en una ley irracional para cometer todo tipo de abusos a su antojo. Además, me ha dado la sensación de que en todo momento «pasa lo que tiene que pasar», y no quiero decir que sea predecible, sino que no hay ni un detalle, ni un diálogo, absolutamente nada que desentone o que sobre.

Y luego están los actores. Éste es el mejor reparto del año, por nombres, por calidad y por buen hacer. Basta decir que se permite el lujo de desaprovechar el gran talento de Paul Giamatti (que solamente aparece en un par de escenas) y el de una mega estrella como Brad Pitt (a quien no vemos en pantalla más allá de cinco escasos minutos), y que aun así no se les echa de menos, ya que ni un solo intérprete de los muchos que intervienen con mayor o menor relevancia en alguna escena desentona. Aunque se llevan la palma los tres que recientemente han sido nominados al Globo de Oro en su respectiva categoría: la «secundaria» Lupita Nyong’o, cuyos dolorosos llantos y gritos son difíciles de olvidar aún horas después de haber visto la película, el «secundario» Michael Fassbender, interpretando al amo más duro y egoísta, un tipo sin escrúpulos ni remordimiento alguno a la hora de tratar a los esclavos como posesiones y no como personas (en algunas escenas su mirada llena de ira es realmente aterradora, aunque casi da aún más miedo cuando se muestra aparentemente tranquilo y calmado), y Chiwetel Ejiofor dando vida al protagonista y logrando transmitir sin fisuras y con total credibilidad la desolación y el tormento que sufre su personaje, pero también el coraje y las ganas que tiene de luchar en lugar de resignarse y perder toda esperanza de recuperar su libertad. Estos tres actores probablemente repitan nominación en los Oscar y contarán con muchas papeletas para llevarse la estatuilla a casa.

¿Entonces estamos ante una película perfecta? Lo cierto es que no, pero no por lo que dicen algunas de las (pocas) malas críticas que ha recibido, que la acusan de ser un tanto maníquea presentando a todos los blancos como muy malos y a todos los negros como muy buenos. Creo que quienes afirman esto se olvidan de los personajes de Benedict Cumberbatch o de Brad Pitt (supongo que al ser también productor de la película se quiso reservar un papel así), tanto como del negro que supervisa látigo en mano la recolecta de algodón o del que en cuanto puede salir del barco lleno de esclavos ni siquiera se digna a darse la vuelta para mirar a sus excompañeros, por citar los ejemplos más claros.

No, para mí su punto más negativo es que se pasa de efectista en alguna ocasión, como ya he mencionado antes, abusando de la barbarie y de exhibir imágenes realmente duras en algunas escenas con el objetivo de escandalizar a los espectadores, supongo. Me refiero principalmente a las explícitas secuencias de los azotes y latigazos, en los que muestra sin tapujos cómo se desgarra la piel de quien los sufre, entre otras lindezas. Solo son tres o cuatro escenas, es cierto, pero creo que no hacía falta mostrarlas tan claramente para horrorizar a un público que ya está los suficientemente aterrado ante la propia historia. No incluyo entre esas secuencias «excesivas» la de la soga (lo digo así por no hacer spoiler, quien haya visto la película sabrá sin duda a cuál me refiero), que a pesar de ser la más agónica de la película me parece perfecta porque, además de crearnos una angustia insoportable a los espectadores, nos muestra cómo los propios esclavos no intentaban hacer apenas nada por ayudar a quien lo necesitaba aunque estuviese siendo torturado, por no arriesgar su propia vida. Es un problema «pequeño» pero que, unido a una sensación de que le falta «algo» para ser realmente única y memorable (no sé cómo explicarlo mejor, pero es como si la historia no resultase tan trascendente como debiera), la impiden ser una obra redonda.

En todos lo demás aspectos, como ya he dicho, supone toda una exhibición de buen cine y la consagración definitiva de un director que ya apuntó grandes maneras en sus anteriores largometrajes pero que, en mi opinión, aún no había explotado totalmente su talento. Más que recomendable, por tanto, aunque no sea una película para disfrutar ni muy adecuada para quienes se consideren «débiles de estómago». Y desde ya mismo se puede considerar como uno de los referentes del cine sobre la esclavitud.

Yo no quiero sobrevivir, yo quiero vivir.

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6 espectadores han dejado su opinión

  • La escena de la soga me parece que refleja perfectamente ese miedo del resto a poder hacer algo cuando un compañero está en riesgo. Es una absoluta maravilla, pero no estoy de acuerdo respecto a los latigazos, creo que no están tan fuera de lugar, es una manera de reflejar el castigo que sufrian por intentar salirse de la norma.
    La película como bien dices es ya un referente del cine sobre la esclavitud.

    • A ver, no quiero decir que esas escenas de latigazos sobren, si no que me parecen un tanto alargadas y explícitas. Mostrándolas de otra forma, o simplemente sugiriendo los golpes en vez de enseñando las heridas abiertas tal como lo hace, habría conseguido el mismo efecto de «asquear» al espectador y de forma más sutil. Pero bueno, en el fondo es un pequeño detalle que no basta para tapar los grandes méritos de la película, por supuesto.
      Un saludo y gracias por comentar 😉

  • Me siento identificada cuando dices lo de «removerse inquieto en la butaca», así estuve yo en varias ocasiones…, además de con un buen cabreo por lo que veía en la pantalla y ganas de cargarme a más de uno …, a ver que pasa en los Oscar. Gracias, como siempre, por tus reseñas. 🙂

    • Todavía queda para los Oscar, pero para mí es la candidata más clara. Ojalá me equivoque y las dos películas que he puesto en el primer párrafo, la de David O. Russell y la de Scorsese, sean mejores que ésta… eso significaría que ha sido un año de cine buenísimo.

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