La gran familia española

LGFEpost.

Duración: 1 hr 41 mins
País: España
Año: 2013
Director: Daniel Sánchez Arévalo
Guión: Daniel Sánchez Arévalo
Reparto: Antonio de la TorreRoberto ÁlamoQuim GutiérrezMiquel FernándezPatrick CriadoVerónica EcheguiHéctor ColoméArantxa MartíSandra MartínSandy Gilberte, Alicia RubioRaúl ArévaloPilar Castro
Género: Comedia.

Twitter oficial: https://twitter.com/LGFEpelicula

Cartelera y entradas: en este enlace de Sensacine

Mi puntuación:   7 / 10
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Trailer:

Había ganas de ver el nuevo trabajo de Daniel Sánchez Arévalo, una historia protagonizada por cinco hermanos con nombres biblícos (en homenaje a los personajes de Siete novias para siete hermanos, la película favorita de sus padres) que transcurre durante la boda del menor de ellos, que inoportunamente se celebra el mismo día en que la selección española de fútbol va a jugar su primera final de un Mundial.
Parece que no era ni mucho menos el único que tenía expectativas puestas en ella ya que en su segunda semana en los cines ha logrado liderar la taquilla española, lo cual demuestra que el director madrileño es uno de los más apreciados por el público de nuestro país en la actualidad (y también por gran parte de la prensa especializada).

Siguiendo la línea de su anterior filme, Primos, Sánchez Arévalo apuesta de nuevo por una comedia que busca principalmente entretener al espectador y hacerle pasar un buen rato, sin mayores pretensiones. Es cierto que en ella también hay espacio para el drama, pero no tiene apenas nada que ver con el tono casi sombrío que envolvía a sus primeros largos (AzulOscuroCasiNegro y Gordos), y lo que realmente contagia al público es buen rollo y ganas de disfrutar de la vida y de quienes nos rodean. Algo que en los tiempos que corren es más necesario que nunca.
Para lograr transmitir esto se ayuda hábilmente del momento de mayor alegría colectiva que ha vivido y vivirá nuestro país en muchos años, el gol de Iniesta («de mi vida») a Holanda en la prórroga de la ya mencionada final del Mundial de 2010. Sí, ya sé aquello de que «el fútbol es el opio de pueblo» y demás sentencias de ese estilo, pero ¿a que incluso quienes no son futboleros tienen un  grato recuerdo de esos días? ¿No fue bonito ver a tanta gente contenta y disfrutando fuera por la razón que fuera? El director y guionista apuesta sobre seguro al utilizar esta baza y, lógicamente, funciona y encaja a la perfección en la historia.

Aunque reconozco que al principio el filme me generó dudas, muchas dudas (más aún de las que me creó el trailer). Tiene un arranque en el que se nos presentan multitud de situaciones y personajes casi de sopetón, sin apenas darnos tiempo para conocer sus maneras de ser más que superficialmente, y en el que los intentos de provocar la risa del espectador tampoco funcionan demasiado, llegando a tocar fondo en el bochornoso momento musical «videoclipero» de la boda. Lo bueno de esa secuencia es que hizo que me planteara el visionado de la película de otra forma, que dejara de intentar verla como una historia creíble o verosímil para así quizás disfrutarla más.

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A partir de ahí, no sé si por el cambio de ‘chip’ o porque realmente el guión mejora (seguramente por una combinación de ambas cosas), la cosa empieza a subir de nivel. Los personajes van llenándose de matices, dejan de ser simples caricaturas, y, cuanto más se enreda la trama, más atrae. Es paradójico que la falta de realismo que al principio me descolocó tanto, cuanto más evidente se hace con el paso de los minutos, más me ha enganchado y convencido. Aunque la cinta nunca deja de ser un poco irregular, ya que no todas las subtramas están al mismo nivel, pero en general resulta muy entretenida.

Tal como sucedió en aquella tarde noche del 11 de julio de 2010, lo mejor del partido de la película llega en la media hora final, sobre todo a partir de una escena magistralmente montada en la que asistimos a dos conversaciones «de hombres» y «de mujeres» paralelas. Los diálogos de esta secuencia son realmente hilarantes y es imposible no estallar en carcajadas ante el surrealismo que desprenden, más aún al estar escritos de forma tan natural e interpretados de manera tan convincente por los actores. Después de esta escena llegan algunos de los momentos más serios (por decirlo de alguna manera, ya que todos desprenden comicidad a raudales), con algunas dramáticas confesiones y situaciones en los que los personajes se sinceran (o sacan a relucir los trapos sucios, mejor dicho) con quienes les rodean. Esos instantes son los más intensos de la película y desprenden ligeras pero interesantes reflexiones sobre la familia, la amistad, el amor, la responsabilidad o el distanciamiento.

Para que una comedia con tantos personajes relevantes funcione, la labor y la química del reparto ha de ser más que notable. Y lo cierto es que todos cumplen sobradamente, desde los más «curtidos» como Antonio de la Torre, Héctor Colomé o Quim Gutiérrez, hasta los más jóvenes, sobre todo un desenvuelto y acertado Patrick Criado (conocido por muchos gracias a su papel en Águila roja, aunque desconocido para mí ya que nunca he visto dicha serie) y una espléndida Sandra Martín, el gran descubrimiento de la película ya que se adueña totalmente de la pantalla en cada una de sus apariciones. También habría que destacar a Roberto Álamo y Verónica Echegui, al primero porque consigue que su personaje, un cuarentón con retraso mental, nunca caiga en el ridículo ni provoque lástima en el espectador (algo que no siempre es fácil en este tipo de papeles), y a Echegui porque, aunque su personaje sea probablemente el más incongruente de la historia, te crees todo lo que sale por su boca ya que lo interpreta con absoluta sinceridad. Lo único malo, en lo que al reparto se refiere, es ver tan desaprovechado al gran Raúl Arévalo, aunque su aparición solo sea un cameo fruto de su buena amistad con el director (no, no son primos aunque se apelliden igual y a veces ellos mismo hayan dicho que sí, cansados de contestar tantas veces esa pregunta).

Así que, en definitiva, se trata de una comedia algo desigual, a la que hay darle cierto tiempo para que empiece a funcionar, pero que poco a poco va mejorando hasta llegar a una fantástica media hora final que nos deja un gran sabor de boca. De ahí el 7 que le he puesto, que jamás hubiera pensado que iba a darle tras haber visto sus primeros quince minutos.
Puede que sea la consagración definitiva de Daniel Sánchez Arévalo, que en mi opinión ya es más una gran realidad que un prometedor talento, con tres largometrajes notables en su haber (Gordos me pareció el único flojo de los cuatro que ha realizado hasta ahora, aunque tampoco es una mala película). Uno de los nombres claves de nuestro cine a día de hoy, que seguro que nos seguirá sorprendiendo en los próximos años.

Qué pena no ser mormones…

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3 espectadores han dejado su opinión

  • Creo que voy a discrepar, y mucho, contigo esta vez. Al igual que la mayoría, tenía esperanzas fundadas de que este película fuese una especie de relevo confirmatorio del buen hacer de DSA, sin embargo, y muy a mi pesar, me parece que el patinazo del director es de los gordos, un borrón en una carrera ascendente o, al menos, uniforme, y que se salva del desastre absoluto y del mayor de los bochornos por esos últimos 30 minutos y, en particular, por esa escena que mencionas, tan magníficamente rodada.
    No voy a entrar en lo inverosímil de la historia, pues creo que como bien dices hay que tratar de aceptar la película tal como es y mimetizarse con su estilo histriónico-poligonero-deslavazado, pero una cosa es aceptar la sinrazón como medio y otra que el fin pretendido no sea más que una chusca caricatura de lo que se pretende. Lo único que funciona mínimamente es la parte dramática del film, el resto, vamos, la parte de la película que pretende sublimar DSA, es decir la comedia, es absolutamente lamentable, de vergüenza ajena. Sinceramente, hubo momentos en que lo pasé mal de lo patéticos que me parecieron los intentos de hacer reír al personal sin conseguirlo (y mira que es difícil en un cine que la gente no ser ría, en rebaño todos somos mucho más maleables por los gurús del celuloide)
    En Primos todo le salió rodado, y que ese humor chusco, fácil y grueso, que en cualquier otro director sería patético (algo así como el punto hortera de Almodovar que solo funciona con él), en él resulto estupendo… pero tentar a la suerte dos veces no suele ser productivo.
    En cuanto a los actores, es cierto que por lo general no están mal, sin embargo Roberto Álamo no me parece que esté muy afortunado (también pasé cierta vergüenza ajena) al igual que en momentos puntuales con Verónica Echegui, aunque esta se va entonando a medida que el metraje avanza.
    De verdad, hay escenas muy, muy patéticas, sin puñetera gracia, como la del simulacro de robo, el momento en que pierde la novia el papel que iba a leer, los tres menudrugos diciendo chorradas en las sillas después del robo…la de la boda no me lo parece tanto, puesto que es un claro homenaje a Siete novias para siete hermanos y, bueno, tiene un pase.
    Pues eso, que le doy un 5 por la última media hora en la que la cosa fluye un poco, por la escena de los diálogos cruzados que es muy buena y, sobre todo, por las ganas que pueda infundir a la gente de ver la absoluta obra maestra del musical que es Siete novias para siete hermanos, pero estuve a media película tentado de darle un 3 como mucho.
    Creo que empecé la película como tú, sin embargo no encontré ese punto de mejora y me quedé en el mismo sitio, y mira que me jode, porque pensaba que DSA iba por el buen camino.

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