RED 2

RED2Post.
Título 
original: RED 2
Duración: 1 hr 56 mins
País: Estados Unidos
Año: 2013
Director: Dean Parisot
Guión: Jon HoeberErich Hoeber
Reparto: Bruce WillisJohn MalkovichMary-Louise ParkerAnthony HopkinsHelen MirrenByung-Hun LeeCatherine Zeta-Jones, Neal McDonoughDavid Thewlis, Brian CoxAleksandar Mikic
Género: Acción. Comedia.

Web oficial: http://www.red-themovie.com/

Cartelera y entradas: en este enlace de Sensacine

Mi puntuación:   5,5 / 10

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Trailer subtitulado en español:

A principios de 2011 se estrenaba en nuestro país una película que, siguiendo la estela reciente de otras cintas como Los Mercenarios (ambas fueron producidas en el mismo año, 2010), reunía a viejas glorias que aún tenían cuerda para rato como Bruce Willis, Morgan Freeman, John Malkovich, Helen Mirren o Richard Dreyfuss. Se trataba de una comedia de acción basada en un cómic sobre agentes de la CIA retirados, cuyo éxito radicaba fundamentalmente en el buen hacer del experimentado (y gamberro) reparto, quedando la historia totalmente relegada a un segundo plano y eclipsada por los actores.

Dos años y medio después, y vista la buena acogida que tuvo entre el público, nos llega una secuela que vuelve a utilizar los mismos ingredientes a pesar del cambio de director (Dean Parisot ha tomado el relevo de Robert Schwentke). Y es que, dadas las características de la película, quien la dirija casi es lo de menos, sobre todo cuando los guionistas y la mayoría del reparto siguen siendo los mismos. La historia también sigue la misma línea de la primera y nos muestra como los veteranos ex-agentes liderados por Frank Moses (Bruce Willis) se vuelven a reunir para realizar una ¿última? misión: encontrar un arma nuclear desaparecida hace más de 30 años antes de que algún grupo terrorista o Gobierno con ansias de poder se haga con ella. En su búsqueda se cruzarán, inevitablemente, con un buen puñado de asesinos y agentes corruptos que intentan acabar con sus vidas porque, a pesar de estar retirados, siguen siendo personajes de lo más peligroso… sobre todo para los criminales.

Está claro que se trata de un producto de «consumo rápido», de los que sirven para pasar una tarde echando unas risas sin darle mayor importancia a lo que vemos mientras comemos palomitas y/o bebemos algo. Los propios responsables de la película parecen entenderlo así y se agradece, porque si hubieran pretendido hacer una película más trascendente de lo que es probablemente el resultado hubiera sido ridículo, dado su inverosímil argumento.

Esto también conlleva un aspecto negativo, lógicamente. Y es que, si nos centramos en la propia historia que nos intentan contar, aparte de disparatada resulta bastante rutinaria y sigue unas pautas mil veces vistas en el cine de acción y de espías: balas que salvan en el último instante a los protagonistas, agentes que cambian de bando como de chaqueta, asesinos implacables que de pronto parecen tener conciencia de sus malos actos, e infinidad de giros argumentales que no se pueden intentar analizar seriamente porque son totalmente absurdos.

Teniendo eso en cuenta, el único motivo por el que merece la pena ver la película es por sus actores. Y eso que también en este apartado la pérdida de frescura respecto a la primera parte es evidente porque, por ejemplo, ya no sorprende ni choca tanto ver a Helen Mirren en la piel de una fría y mortal asesina o al personaje de Mary-Louis Parker metido en tramas de acción (por cierto, impresionante lo de esta mujer que, a sus 48 años, sigue prácticamente igual que cuando se dio a conocer gracias a Tomates verdes fritos allá por el año 1991). Además, ya no está el genial Morgan Freeman, cuya imponente presencia siempre sube enteros a cualquier película en la que participe. «A cambio» de esta ausencia podemos ver en acción a un Anthony Hopkins que en ocasiones no es que bordee el ridículo, es que directamente lo sobrepasa, y a una Catherine Zeta-Jones que interpreta de forma bastante acertada a una agente rusa tan fría en algunos momentos como «caliente» en otros. Otra de las novedades del reparto es el coreano Byung-Hun Lee, conocido por ser el «malo» de El bueno, el malo y el raro (el curioso y divertido remake coreano de la mítica cinta de Sergio Leone) y por encabezar el reparto de la salvaje Encontré al diablo, y que aquí protagoniza algunas de las mejores secuencias de acción del filme, con coreografías bastante acertadas.

Pero los que realmente hacen soportable la función son Bruce Willis y John Malkovich. El primero vuelve a dar vida por enésima vez a una especie de John McClane, pero inexplicablemente me vuelve a convencer y (casi) le agradezco que repita tanto este registro porque lo borda. Aunque el verdadero «robaescenas» de la película vuelve a ser Malkovich, como ya sucedía en la anterior RED. Creo que no hay actor en el mundo más adecuado que él para interpretar con dignidad a un tipo tan paranoico, cínico y sarcástico como Marvin, una auténtica caricatura de personaje. De su boca salen las frases más divertidas de la cinta, sin duda, y verle en alguna escena ataviado con un chándal que recuerda bastante al que lució la selección rusa en los Juegos Olímpicos de Londres del año pasado o con otro excéntrico atuendo en la escena final de la película es realmente hilarante, que en otras circunstancias o con otro actor podría haber sido patético.

Así que, en definitiva, si os gustó o al menos os entretuvo la primera entrega de las historias de los ‘Retirement Extremely Dangerous’ (Jubilados Extremadamente Peligrosos) ésta que se estrenó ayer probablemente también lo haga porque, aunque pierde originalidad y desarrolla la trama a trancas y barrancas (alternando momentos hilarantes con otros aburridos), Willis, Malkovich y compañía siguen pareciendo estar en su salsa y haberse divertido de lo lindo durante el rodaje. Y eso siempre es bueno porque el «buen rollo» se suele contagiar fácilmente a los espectadores. Aunque espero que no abusen demasiado de esta historia, porque ya hay rumores bastante fiables sobre la realización de una tercera parte y, sinceramente, no creo que ya pueda dar mucho más de sí.

Lo que pasa en el Kremlin, se queda en el Kremlin.

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