El infierno del odio

Tengoku5.

Título original: Tengoku to jigoku
Duración: 2 hrs 23 mins
País: Japón
Año: 1963
Director: Akira Kurosawa
Guión: Hideo Oguni, Ryûzô Kikushima, Eijirô HisaitaAkira Kurosawa
Reparto: Toshirô MifuneTatsuya NakadaiTsutomu YamazakiKyôko KagawaYutaka SadaTatsuya Mihashi, Isao Kimura, Kenjirô IshiyamaTakeshi KatôTakashi Shimura
Género: Thriller. Drama. Cine negro.

Mi puntuación:   10 / 10

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Hace un par de días tuve la fortuna de ver la que, para mí, es la obra maestra del mítico director japonés Akira Kurosawa. Probablemente muchos cinéfilos reserven ese lugar a Los siete samuráis, Rashômon o Dersu Uzala, pero aunque todas ellas son cintas más que notables, a mí no me terminan de parecer absolutamente redondas. En cambio, ésta sí. Es uno de esos casos (por desgracia muy poco frecuentes) en los que a los pocos minutos de empezar ya te tiene totalmente convencido de estar presenciando algo grande, y esa sensación se mantiene (e incluso se incrementa) durante todo su metraje. De ahí que con tan solo un visionado le haya dado el 10 sin titubear y ya la haya etiquetado en la categoría de “Mis favoritas”, algo que no suelo hacer.

Su trama nos presenta el chantaje al que se ve sometido Gondo (Toshirô Mifune), un acomodado empresario japonés que, tras muchos años de trabajo y a base de hipotecar casi todos sus bienes, ha logrado reunir el dinero suficiente para hacerse con el control de la empresa de zapatos más importante de Japón. Sin embargo, su alegría no durará demasiado ya que, un día antes de realizar la transacción, recibe una llamada telefónica de alguien que dice haber secuestrado a su hijo y le exige un rescate desorbitado por él (prácticamente la totalidad de sus ahorros). Decidido a pagar la cuantiosa suma, su hijo aparece en casa y comprenden que el secuestrador se ha equivocado y ha raptado por error a un niño con el que estaba jugando, el hijo del chófer de la familia. El propio secuestrador no tarda en darse cuenta de su confusión pero aún así insiste en su extorsión, lo que deja a Gondo con un gran dilema moral ante sí: ¿ceder y pagar el rescate por alguien que no es tu hijo a costa de quedar prácticamente en la ruina, o no pagar arriesgándote a que el secuestrador cumpla su amenaza y termine con la vida del inocente niño?

Un planteamiento original y sumamente interesante para una película que tiene dos partes claramente diferenciadas. La primera es un drama puro y duro centrado en ese debate interno al que se enfrenta Gondo, a quien las opiniones de su mujer y del chófer (el padre del secuestrado) solo le ayudan a dudar aún más de cuál sería la solución menos mala. Y es que, a pesar de contar con la colaboración y ayuda de la policía desde el primer instante, es prácticamente imposible que en el plazo tan corto que le ha dado el secuestrador para que pague consigan localizarle, así que la vida del niño depende exclusivamente de la decisión que tome. Una situación tan angustiosa y complicada como perfectamente expuesta y retratada por Kurosawa. En esta primera parte, buena parte del peso de la película recae en la figura de un Toshirô Mifune mucho más comedido que de costumbre, con menos gritos y gestos exagerados que en otras de sus actuaciones; quizás por ello me haya parecido tan perfecto en su papel y me haya transmitido totalmente el tormento y la desesperación de su personaje.

En la segunda mitad del filme el protagonismo va a parar al grupo de detectives que lidera el Jefe Tokura (Tatsuya Nakadai). Aquí se abandona el drama para dar paso a un sublime thriller policíaco que narra con una apasionante exhaustividad todos los detalles de la investigación con la que se intenta atrapar al secuestrador. Sinceramente, pocas veces he visto en una película un trabajo tan meticuloso a la hora de representar la labor de la policía en este tipo de casos. Leo que hay a quien el hecho de estar narrada de manera tan detallista le ha resultado algo pesado o aburrido, en cambio a mí me ha parecido fascinante: desde las escuchas telefónicas hasta la forma en la que acotan el radio de acción del delincuente, pasando por la colaboración ciudadana y las pequeñas pistas que inconscientemente deja el raptor tras de sí, todo me ha mantenido totalmente absorto frente a la pantalla. Mientras veía ese proceso yo “era” un policía más. La compararía, en ese sentido de ser tan minuciosa, con lo que viene a ser 12 hombres sin piedad al cine judicial o La evasión al drama carcelario. El infierno del odio está a ese nivel, pero en el terreno de las investigaciones policiales. Palabras mayores, sin duda.

Y creo que nadie puede negar la gran capacidad que tenía el director nipón para narrar historias. Sin artificios, tomándose su tiempo (lo habitual en sus películas es que estén más cerca de los 150 minutos de duración que de los 100) y sin recurrir a trucos fáciles, casi siempre es capaz de mantener al espectador atento a lo que nos quiere contar con una facilidad pasmosa, ya sea una trama de samuráis, bandidos, cazadores, médicos o detectives. En esta ocasión, por ejemplo, una de las cosas que más me han gustado es que no tenemos que esperar demasiado para ver la cara del secuestrador (al contrario que ocurre en muchas otras cintas de su género) pero eso no hace que la tensión o la intriga decaigan lo más mínimo. Seguro que a ello contribuye su habilidad para situar la cámara en el sitio justo en el momento preciso, gracias a lo cual es capaz de construir imágenes potentes y visualmente fascinantes aprovechando el blanco y negro como pocos han hecho.

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Si a todas esas virtudes le sumamos un guión que desarrolla la historia de forma realista y que no deja nada al azar, con diálogos y situaciones absolutamente creíbles y un desenlace coherente, y que además de la propia trama principal nos plantea otras cuestiones como los problemas que puede generar la ostentación de la riqueza (Gondo vive en una lujosa casa en la cima de una colina que se ve desde cualquier parte de la ciudad, como si presidiera la humilde localidad), llegando incluso a provocar odios irracionales y envidias obsesivas en gente que no puede disfrutar de tales lujos (la eterna lucha de clases pero mostrada a nivel particular, personal), estamos ante una película perfecta.

Olvidad que tiene 50 años, que es japonesa y que dura casi 2 horas y media. Abandonad los prejuicios y dadle una oportunidad. Con que disfrutéis la mitad de lo que he disfrutado yo con ella, seguro que no os arrepentiréis de verla.

Prefiero que me digan la cruel verdad a que me alimenten con amables mentiras.

3 espectadores han dejado su opinión

  • La verdad es que este director tiene muy buenas peliculas englobadas en el cine negro. Aunque sea famoso por sus dramas espectaculares donde todo es exceso. Siempre me gusto mas en su versión menos conocida por lo menos en el mundo occidental. Cuidate

    • Mucha gente prefiere sus películas menos conocidas, pero como su obra no es corta la mayoría empezamos por lo más conocido, claro. Yo con él voy poco a poco, las próximas serán ‘Vivir’ y ‘Kagemusha’, a ver si merecen la buena fama que tienen.
      Un saludo y quedo a la espera de tu próxima entrada, que ya hace cosa de un mes que no hay nada nuevo, jeje.

  • Pingback: Vivir | Toma Primera

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