El día de los tramposos

CrookManPost.

Título 
original: There was a crooked man…
Duración: 2 hrs 3 mins
País: Estados Unidos
Año: 1970
Director: Joseph L. Mankiewicz
Guión: Robert Benton, David Newman
Reparto: Kirk DouglasHenry FondaWarren OatesBurgess MeredithHume CronynJohn RandolphMichael BlodgettC.K. YangMartin GabelAlan Hale Jr.Arthur O’Connell, Lee Grant
Género: Comedia. Drama. Western.

Mi puntuación:   7 / 10

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Una vez terminado el Festival Cine-On, y dejando a un lado los estrenos de la cartelera, estoy dedicándome a ver un buen puñado de clásicos que tenía pendientes. Uno de ellos es este filme de 1970 en el que el gran Joseph L. Mankiewicz dirigió a dos mitos del cine como Kirk Douglas y Henry Fonda. Tres motivos de peso para verlo, sin ninguna duda.

La acción de la película transcurre en una prisión de Arizona, a finales del siglo XIX, a la que acaban de llegar seis nuevos presos. Uno de ellos es Paris Pitman (Kirk Douglas), un bandido que ha sido condenado tras robar medio millón de dólares y que, antes de ser apresado, tuvo la brillante idea de esconder gran parte de su botín. Por ello, su único objetivo en la cárcel es sobornar a quien sea necesario para poder escaparse de ella, pero la llegada de un nuevo alcaide (Henry Fonda) que cumple estrictamente la ley le complicará las cosas y le obligará a recurrir a la ayuda de sus nuevos compañeros para intentar una fuga.

Se trata de una atípica combinación de géneros que van desde la comedia al drama carcelario, con elementos del thriller «de engaños», dosis de acción e incluso toques de western. Al ser una mezcla tan heterogénea el resultado final es un tanto irregular, alternando momentos buenísimos y acertados con otros que parecen estar un poco fuera de lugar.

Un ejemplo de esto último es su banda sonora, que intenta adoptar un tono claramente cómico pero que a mí me ha descolocado bastante, y si me he hecho sonreír ha sido más por lo absurda que me parecía que por su intención de provocar la risa en el espectador. Aunque hay que reconocer que la canción de los títulos de crédito iniciales sí que tiene un aire muy divertido. Las escenas de acción también parecen tener un tono casi paródico, principalmente en las peleas a puñetazo limpio, que son realmente exageradas. Esto de intentar forzar demasiado la «comicidad» de lo que vemos ocurre sobre todo en la primera mitad de la película, mientras vamos conociendo a los personajes, y es un problema grave porque hace que te cueste bastante entrar en la historia. Al menos es lo que me ha pasado a mí.

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Sin embargo, con el paso de los minutos y al adentrarse más en los terrenos típicos del cine carcelario, con planes de fugas, motines, peleas, castigos y demás, la cosa mejora mucho. Y aún más al estar siempre presente la duda de quién está jugando con quién, de si los personajes mienten o están diciendo la verdad, algo rematado con un final perfecto y totalmente fiel al espíritu de la historia (cualquier otro giro habría supuesto un cambio difícil de justificar). Trucos, engaños y artimañas con los que Mankiewicz burla tanto a los personajes como a los espectadores, pero lo hace de una forma muy atractiva, siendo fácil dejarse embaucar por su propuesta. En este sentido se asemeja un poco a su siguiente (y muy superior) película, La huella. Además, también tiene algunos elementos que dejan abiertos debates tan serios como el de si la rehabilitación de los presos y su reinserción social son realmente efectivas o no, algo que aunque no se trate muy en profundidad es digno de mención.

En cuanto al duelo entre esos dos colosos de la actuación que son Douglas y Fonda, hay que reconocer que el primero vence por goleada. Mientras Henry parece estar sorprendentemente apático y gris, como actuando por encargo y sin tensión alguna, la interpretación de Kirk es todo lo contrario ya que si peca de algo sería de exceso de pasión en algún momento. Destila chulería, seguridad en si mismo y carisma con una naturalidad apabullante, y logra que su ruin personaje nos parezca hasta simpático. Ambos actores están muy bien secundados por una serie de intérpretes tan efectivos como Warren Oates, Burgess Meredith y, sobre todo, un divertido Hume Cronyn.

En definitiva, no es una de las grandes obras del director (está lejos del nivel de Eva al desnudoLa huella, de la que ya escribí aquí) pero es una película curiosa, original y diferente con la que pasar un rato entretenido mientras intentas adivinar cuál será la próxima «jugada» que veremos y quién será el que la realice. Merece la pena tener un poco de paciencia en su arranque porque luego mejora mucho y termina dejando buen sabor de boca.

—¿Por qué te empeñas tanto en parecer un hijo de puta?
—Porque lo soy. Es mi profesión y… ¡soy uno de los mejores!

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