Los santos inocentes

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Duración: 1 hr 43 mins
País: España
Año: 1984
Director: Mario Camus
Guión: Mario Camus, Antonio Larreta, Manuel Matji
Reparto: Alfredo Landa, Terele Pávez, Paco Rabal, Juan Diego, Juan Sachez, Belén Ballesteros, Agustín González, Ágata Lys, Susana SánchezMary Carrillo, Maribel Martín, José Guardiola
Género: Drama.

Mi puntuación:   8,5 / 10

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Los santos inocentes es una de las películas más reconocidas y mejor valoradas del cine español, y seguro que son pocos los que consideran que esto sea algo injusto. Creo que nunca se ha producido en nuestro país algún largometraje más triste y desesperanzador que esta adaptación de la novela homónima de Miguel Delibes.

La historia transcurre en un pueblo extremeño durante la década de los 60 y nos muestra la pobre existencia de una familia campesina que trabaja dura y servilmente para atender a todos los mandatos que les hagan los señores del cortijo. La familia está formada por Paco ‘El bajo’ (interpretado por Alfredo Landa), su mujer Régula (Terele Pávez) y sus tres hijos (de los cuales la ‘niña chica’ sufre una grave discapacidad, lo que hace aún más complicada la vida diaria); y a ellos se les une Azarías (al que da vida Paco Rabal), un hermano mayor de Régula recientemente despedido por su señor y que también necesita atención constante ya que tiene cierta deficiencia mental. Como vemos, el cuadro no podría ser más desolador.

Régula

Alternando secuencias del «presente» con otras de años pasados, la trama nos va mostrando con un ritmo tranquilo todas las penurias que ha de afrontar la familia protagonista, abocada a una vida de servidumbre de la que no pueden salir. Pero lo peor no es el durísimo trabajo físico que han de realizar, si no el constante desprecio con el que les tratan sus señores, para quienes en numerosas ocasiones no parecen ser mucho más que animales a los que utilizar para realizar las labores más penosas.

El tema principal que expone la cinta es el de la imposibilidad de cambiar el destino de los protagonistas: unos mandan, otros obedecen y todos aceptan y asumen que así sea. Estos últimos no intentan cambiar las cosas porque ni siquiera tienen oportunidades reales de hacerlo, ya que en esa época el sistema de «pseudo-esclavitud» o de vasallaje era el imperante en esas zonas, así que tan solo les queda resignarse y, como mucho, acumular rabia y desprecio hacia sus «señoritos». Solamente el personaje de Azarías parece ser feliz por momentos, es el único que no se humilla continuamente y hace lo que le viene en gana sin obedecer órdenes, en gran parte escudado en una deficiencia mental «gracias» a la cual podría decirse que es el ser más puro e inocente de la película. Pero las situaciones denigrantes y hasta ofensivas se suceden continuamente, incluso por parte del señorito Iván (Juan Diego), que a priori parecía ser el más amable con sus criados. Todo ello hace que el malestar de éstos vaya en aumento (al principio sólo los jóvenes hijos parecían manifestarlo, pero más adelante incluso el ingenuo Azarías lo muestra) hasta desembocar en un impactante e inolvidable final.

Azarías

No he tenido la oportunidad de leer la novela del escritor pucelano, aunque sí que he leído unas cuantas obras suyas y creo que Mario Camus supo captar y transmitir perfectamente ese estilo áspero, seco y sincero tan característico de sus escritos. También fue capaz de reflejar espléndidamente el alto nivel de detalle con el que Delibes suele describir el mundo rural en casi todos sus trabajos, además de mantener el lenguaje llano que siempre utiliza el autor, con lo cual la ambientación de la película es totalmente realista, difícilmente mejorable, y nos mete de lleno en esa (mal llamada) España profunda. En definitiva, que el director supo cómo plasmar las palabras de la novela en imágenes, algo que tiene un mérito incuestionable.

Y luego están los actores, inmensos. Empezando por la pareja Alfredo Landa – Paco Rabal, que se llevó el premio ex-aequo a la mejor interpretación masculina del Festival de Cannes de 1984. Comprensible que la organización del Festival decidiera premiar a ambos porque es difícil decir cuál de los dos está mejor. Rabal realiza una actuación realmente conmovedora (en las escenas en las que sufre por su «¡milana bonita!», una grajilla que ha amaestrado, da auténtica lástima) y no sería raro que algún despistado espectador que no sepa quién es ni le haya visto actuar nunca pueda pensar que en realidad Paco era así, un analfabeto algo retrasado e ingenuo, ya que interpreta su papel con una sencillez y una naturalidad pasmosas. Menos lucido puede ser el personaje de Landa, al ser más «normal», pero no por ello el actor recientemente fallecido resulta menos convincente que su compañero de reparto. También tiene un buen puñado de escenas en las que logra trasnmitir una tristeza tremenda tan solo con su mirada, y expone a la perfección la impotencia de ese campesino que no tiene más remedio que obedecer las órdenes de sus señores por humillantes o duras que sean. Estas dos actuaciones son de las mejores que he visto jamás en una película española, un auténtico recital de dos de los más grandes actores de nuestro cine.

PacoBajo

Pero el resto del reparto también raya a gran nivel: Terele Pávez borda el papel de esposa y madre sufrida pero luchadora, a Juan Diego le sienta como un guante ese personaje chulesco y engreído, Agustín González vuelve a demostrar que es uno de los actores más fiables que ha dado nuestro país, Ágata Lys aporta su voluptuosa figura para componer a la mujer casada por dinero, aburrida de su rutinaria vida y ávida por conocer «experiencias» nuevas; y Juan Sachez, Belén Ballesteros y Susana Sánchez cumplen sobradamente dando vida a los hijos de Landa y Pávez. Mención especial para Susana ya que, al haber participado tan solo en esta película, muchos pensamos que en realidad se trataba de una chica discapacitada pero no es así, lo que demuestra lo asombrosamente bien lo que lo hizo (esos gemidos de dolor son totalmente terroríficos).

En fin, que esta obra es toda una lección de cine a la que el único pero que se me ocurre ponerle es que resulta tan devastadora, amarga y dolorosa que me deja con pocas ganas de volver a verla. Y eso que siempre prefiero las historias duras y tristes, pero es que esta es como un puñetazo en el estómago, aunque no por ello me deje de parecer imprescindible para cualquier cinéfilo.

A lo mejor estoy equivocado pero, el que más y el que menos, todos tenemos que aceptar una jerarquía: unos debajo y otros arriba. Es ley de vida, ¿no?

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