Arribes: el resto es barullo

ArribesBarullo

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Título original: Arribes: everything else is noise
Duración: 1 hr 10 mins
País: España
Año: 2012
Director: Zev Robinson
Género: Documental.

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Twitter oficial: https://twitter.com/ArribesFilm

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Facebook: https://www.facebook.com/pages/Arribes-Everything-else-is-noise-Arribes-el-resto-es-barullo/505072499521943

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Trailer:

El pasado 30 de marzo de 2013 la Asociación de Vecinos de Villarino de los Aires compartió la mirada que Zev Robinson y su esposa Albertina Torres fijaron en Arribes del Duero y que plasmaron en el documental que pudo verse en el Salón de Cine de dicho municipio.

El noroeste de la provincia de Salamanca y el suroeste de la de Zamora quedan perfectamente retratados en un trabajo que, antes de llegar a España, fue estrenado en Londres con un exitoso pase en noviembre de 2012. Posteriormente, se proyectó en Zamora y en Semana Santa realizó esta parada en tierras salmantinas.

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Si lo analizamos desde un punto de vista puramente cinematográfico, en varias ocasiones se aprecia cierto aire amateur, con algunas tomas demasiado oscuras o varias personas entrevistadas fuera de plano. Su estructura narrativa también puede despistar, ya que alterna temas sin un orden evidente, con un vaivén constante de unos a otros.

Pero más allá de estos detalles, su valor testimonial y divulgador es indudable. Muestra fielmente casi todos los aspectos que definen la vida que llevan los habitantes de los pequeños pueblos que componen las Arribes, en su mayor parte gente dedicada a la ganadería o la agricultura, siempre en contacto con la naturaleza. El autoabastecimiento y la sostenibilidad son las claves de un modo de subsistencia en el que se aprovechan todos los recursos disponibles, sin desperdiciar apenas nada. Comen lo que siembran, beben la leche de sus propias vacas, los huevos que consumen son los que ponen sus gallinas y la carne también la obtienen de su ganado, como se hacía muchos años atrás en casi todas partes. Además, los pobladores arribeños no sólo viven en armonía con su entorno, también tienen un profundo respeto por sus ancestrales tradiciones y costumbres. Todo un viaje al pasado que demuestra que aún hay zonas capaces de seguir al margen del “barullo” de las ciudades también en el presente.

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Con bailes charros y al son de la música del virtuoso Luis Pedraza, aparecen primeramente imágenes de todo el proceso de la matanza, en la que todas las partes del cerdo se utilizan, para después centrarse en otros aspectos de la vida rural de la zona, como la elaboración de quesos, la producción de vino de la denominación de origen Arribes o la fabricación de cerámica y de tejidos. Se habla incluso del contrabando que existía entre la frontera española y portuguesa y de cómo se pasaban las “mercancías” en peligrosas maniobras a través del Duero, en la que probablemente sea la historia más curiosa de todas.

Entre los protagonistas que narran vivencias y recuerdos, encontramos a gente que siempre ha residido en su pueblo y que prácticamente no conoce otros lugares, pues no disponía de vehículos motorizados. También conocemos a personas que se sintieron fascinadas por la vida tan natural de esta zona y decidieron instalarse aquí, huyendo del ajetreo de las grandes urbes e incluso viendo oportunidades de negocio en unas tierras tan fértiles y con tantos recursos por explotar. Resulta especialmente interesante conocer sus motivaciones, el descubrimiento que supuso para ellos este espacio y cómo valoran aspectos característicos del medio rural, cada vez más en auge debido a las políticas agresivas de urbanización territorial de las últimas décadas.

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Reflexión, respeto, admiración y más de una sonrisa gracias a los personajes de la cinta son las sensaciones que deja el documental de Zev Robinson. El resultado es todo un homenaje a estas bonitas, tranquilas y relativamente desconocidas localidades y, sobre todo, a las gentes que las pueblan. Quizás haya quien se escandalice viendo una matanza, o que no se explique cómo se puede seguir viviendo así en pleno siglo XXI, pero los que procedemos de familias de estas tierras y las visitamos con relativa frecuencia, no cambiaríamos el tiempo que hemos pasado en ellas (¡qué veranos más felices!) por nada del mundo. El reconocimiento y el interés de Zev y Albertina por esta zona para que fuera objeto de un producto cultural como el descrito, merece un aplauso y el deseo de un buen viaje para que siga cruzando fronteras internacionales.

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