La evasión

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Título original: Le trou
Duración: 2 hrs 1 min
País: Francia
Año: 1960
Director: Jacques Becker
Guión:José GiovanniJacques Becker, Jean Aurel
Reparto: Marc Michel, Jean Keraudy, Philippe Leroy, Raymond Meunier, Michel Constantin, André Bervil, Jean-Paul CoquelinEddy Rasimi, Catherine Spaak
Género: Drama.

Mi puntuación:    10 / 10

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Vi esta película por primera vez hará cosa de un año, y de inmediato me pareció una obra maestra. Pero aún así, un solo visionado no me suele bastar para decir que una cinta es de mis favoritas, así que ayer la volví a ver para comprobar si me dejaba la misma impresión. Y por fortuna, este drama carcelario me ha vuelto a parecer fantástico, y eso que cuenta una historia tan simple (y muchas veces vista en el cine) como lo es el intento de fuga de una prisión por parte de cinco presidiarios.

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Lo primero que llama la atención en ella es lo minuciosa y detallista que resulta, creo que he visto pocas películas que presten tanta atención a los detalles y a la ambientación. Muestra todos los aspectos imaginables de la vida en prisión: desde la manera en que se comunican los presos entre una celda y otra, hasta la forma en que los guardias investigan los paquetes de comida que reciben del exterior los reclusos, en busca de droga, armas u otras cosas. Sin obviar las rondas nocturnas de vigilancia, los registros de las celdas, los rutinarios controles médicos o el reparto de la comida celda por celda (en esta ocasión no hay ningún comedor común, tan típico en los filmes carcelarios).
Y lo mismo sucede con el plan de evasión de los protagonistas: vemos cómo fabrican un pequeño «periscopio» y otras muchas herramientas (los objetos son protagonistas en muchas secuencias), la forma en que burlan los controles de los guardias, el modo en que se las ingenian para ocultar el túnel que han abierto, su investigación de las alcantarillas y la manera de calcular los tiempos (lógicamente no tienen relojes) para evitar ser descubiertos, etc. Todo un manual de cómo planificar una fuga de prisión en el que no falta (ni sobra) ni un solo detalle.

El director nos presenta la historia con calma, tomándose su tiempo, y si tiene que mostrar varias veces cómo cachean a los cinco protagonistas o emplear un par de minutos en enseñarnos cómo sierran un barrote, no duda en hacerlo. Puede que tanta meticulosidad llegue a aburrir a más de un espectador pero a mí me resulta fascinante, hace que me meta de lleno en la película y que sienta la tensión, la ansiedad y la incertidumbre de los protagonistas como si estuviera con ellos dentro de la cárcel. El ejemplo más claro es el de la secuencia en la que comienzan a excavar el túnel: durante varios minutos, apenas vemos y oímos nada más que los golpes de una herramienta contra el suelo y los gemidos de esfuerzo de quien la empuña. Así de simple, sin artificios de ningún tipo. Puede sonar poco interesante, y sin embargo esa escena logra transmitir una angustia y una intensidad tremendas.

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Otro punto a destacar es que prácticamente toda la acción transcurre en la prisión, salvo dos secuencias (la inicial y… otra). O más concretamente, en la celda y en sus alcantarillas y túneles subterráneos. En tan reducido espacio, elementos como el sonido (perfectamente utilizado en todas las escenas) o la luz  y la  fotografía (muy destacable cuando se adentran en las alcantarillas, jugando con las sombras y la oscuridad) adquieren una vital importancia. La labor del francés Jacques Becker orquestando y ensamblando todo al milímetro me parece realmente loable, podría servir perfectamente de ejemplo en muchas escuelas de cine.

Por ello se podría decir que tiene más mérito la forma de contar la historia que la historia en sí, ya que la trama es bastante sencilla. Pero esto no quiere decir que el guión sea flojo; más bien al contrario, porque es capaz de captar el interés del espectador con unos elementos tan simples. Interés que paulatinamente va creciendo y ganando en emoción, sobre todo en un tramo final que desemboca en una última secuencia memorable. Y dejando siempre la sensación de que no sobra ni falta nada, de que todo está perfectamente medido, pensado y encajado.

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El guión tampoco descuida a los personajes, aunque lo prioritario sea mostrarnos el plan y los elementos de la fuga. El que más me ha gustado es Manu (interpretado por Philippe Leroy), un tipo serio, algo frío y desconfiado pero trabajador y avispado. Por otra parte tenemos a Roland (Jean Keraudy), el cerebro y la cabeza pensante del grupo, y junto a ellos están encerrados el simpático «Monseñor» (Raymond Meunier) y el perezoso pero fortachón Geo (Michel Constantin). El último en llegar a la celda es Gaspard (Marc Michel), un joven agradable que tiene que ganarse la confianza del grupo a marchas forzadas.

Como vemos, se juntan muchas personalidades distintas en muy poco espacio, lo que provoca situaciones de conflicto pero también refuerza la unión del grupo al complementarse unos con otros. El concepto de la amistad, o de la lealtad mejor dicho, es fundamental en sus relaciones. No voy a decir que la cinta haga un gran estudio psicológico de los personajes, ya que no profundiza demasiado en ese aspecto, pero al menos no nos los presenta como simples estereotipos (ni a los presos ni a los guardias, de los que también muestra su lado más humano en alguna escena, no son solo vigilantes sin escrúpulos ni ideas propias), y da que pensar en hasta qué punto podemos confiar o no en los demás.

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Los actores bordan sus papeles, sin excesos pero con fuerza e intensidad, sobre todo a través de unas miradas que lo dicen todo sin necesidad de emplear demasiadas palabras ni frases que podrían resultar artificiales. Y si tenemos en cuenta que casi todos eran amateurs su mérito es mayor aún. Sin ir más lejos, Jean Keraudy era realmente un preso que logró fugarse de varias prisiones; de hecho esta historia está basada en una novela homónima escrita por José Giovanni (antiguo compañero de celda suyo) que narra una de esas evasiones, como el propio Keraudy nos cuenta en la primera y curiosa escena.

Podría seguir escribiendo sin parar cosas buenas sobre ella pero, si habéis tenido la paciencia suficiente como para leer hasta aquí, creo que ya he expuesto motivos más que suficientes para animaros a verla. No es una película fácil, a alguno le resultará pesada o lenta… pero es que fugarse de la cárcel sin apenas medios también es algo lento y pesado, no como nos lo muestran en la gran mayoría de películas sobre este tema. Por mi parte diré que es la mejor película francesa que he visto, y también el mejor drama carcelario, y eso que los filmes y las tramas que transcurren en prisiones por lo general me gustan bastanteEl hombre de AlcatrazAmerican History X, En el nombre del padre, Cadena perpetua, la serie Oz… todas son más que recomendables, pero por encima de ellas se encuentra ésta.

¡Pobre Gaspard!

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